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Libre mercado, libre albedrío, libre comercio, ¿libertad?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 12 de febrero de 2005

Para las grandes masas de población en el mundo, la libertad sigue siendo un anhelo, porque ésta incluye múltiples derechos que aún no se cumplen.

La libertad seguirá siendo la utopía, mientras nuestros sueños rebasen nuestra realidad. Llevo años de escuchar múltiples voces pronunciándose a favor de la libertad, el libre mercado, el libre comercio, la libertad de culto o el libre albedrío, entre otros.

Desde los más diversos púlpitos políticos, eclesiales, académicos, populares o empresariales, las voces de sus más fervientes discípulos se elevan en su defensa. Buscando nuestra libertad, heredamos de Prometeo la necesidad de robarle el fuego a los dioses.

Sin embargo, esa apología de la libertad resulta ser demasiadas veces una ilusión porque, a semejanza de lo que sucede con el nombre de Dios, cada uno defiende el concepto de libertad que tiene.

Muchas veces, la libertad de unos comienza justo donde termina la libertad de otros y, si es preciso, se matarían entre sí o, peor aún, se oprimirían unos a otros para uniformar un solo concepto de libertad. Ciertamente hay sociedades que han alcanzado más libertad que otras, o mejor dicho a costa de otras, pero este juicio también es relativo. Sucede que la libertad comienza siendo una idea para muchos, pero su práctica termina siendo un dogma.

Somos libres de creer en la religión que elegimos, pero al salir de la misa o del culto del día domingo, destrozamos muy cristianamente a otros por sus creencias. Somos libres de seguir una ideología, pero que ni se nos ocurra creer que podemos cuestionarla; la única ideología que podemos cuestionar es la del vecino, porque esa es la mala, aunque él también crea en la libertad.

Somos libres de elegir el buen o el mal camino, pero vivir como un ser humano responsable y decente implica ir más allá de los conceptos tan miserables de bondad y maldad que prevalecen en el mundo.

Somos seres libres y tenemos para nosotros el libre albedrío, pero la ignorancia y la miseria obligan a millones de personas a someterse, sin siquiera saberlo. Somos libres para negociar con cualquiera, pero las reglas del juego no sólo se enmarcan en un contexto de grandes asimetrías, sino que además han sido establecidas por quienes tienen el brazo más fuerte. Pregonamos la libertad, pero en nuestros centros educativos se enseña una sola doctrina.

Marshall Berman en su libro Todo lo sólido se desvanece en el aire, se refiere a los valores de la modernidad y dice que hay “un compromiso de la burguesía con el principio desalmado de la libertad de comercio, ya sea en la economía, la política o la cultura.

De hecho, a lo largo de la historia burguesa este principio ha sido por lo general más respetado para infringirlo que para observarlo. Los miembros de la burguesía, especialmente los más poderosos, han luchado por lo general para restringir, manipular y controlar sus mercados.

De hecho, buena parte de su energía creativa, a través de los siglos, se ha gastado en acuerdos en este sentido -monopolios escriturados, holdings, trusts, cárteles y grupos de empresas, aranceles proteccionistas, fijación de precios, subvenciones estatales abiertas o encubiertas-, todos ellos acompañados de himnos de alabanza al libre mercado.

Es más, incluso entre los pocos que creen realmente en el libre cambio, hay todavía menos que extenderían la libre competencia tanto a las ideas como a las cosas”.

Defienden la libertad por igual los fanáticos de la derecha y de la izquierda, y los ortodoxos de cualquier denominación religiosa o política. Practican la libertad los que, desde cualquier posición, hacen suya la libertad de los otros. Para las grandes masas de población en el mundo, la libertad sigue siendo un anhelo, porque ésta incluye múltiples derechos que aún no se cumplen.

Rousseau dijo alguna vez que aunque el ser humano nacía libre, se encontraba por doquier sujeto con cadenas. Quizás ese pensamiento motivó que Albert Camus dijera luego que “toda la historia del mundo es la historia de la libertad”.

Fuente: www.prensalibre.com


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