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Poner las barbas en remojo
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 17 de febrero de 2005

El TLC no es un tema sencillo como para abordarlo desde posturas simplistas.

El Congreso de la República tiene en sus manos una papa caliente: la aprobación del Tratado de Libre Comercio (TLC), definitivo parteaguas en la historia de nuestro país. Mucho se ha dicho a favor y en contra de este instrumento que, en términos concretos, no es más que un montón de páginas de regulaciones, en las cuales se expresan las intenciones de gobiernos que pretenden ser socios comerciales.

Si nuestro futuro como país depende en mucho de iniciativas regionales como ésta, al menos deberíamos de tener dos cosas claras: que las asimetrías entre los países existen y difícilmente podrán equipararse, y que hablar de libre comercio es una necedad, porque las regulaciones son excesivas y las barreras arancelarias, los impuestos o las barreras fitosanitarias que se imponen a un país, no son las mismas que se aplican a todos.

Hoy en día, los países pequeños pagamos tres y cuatro veces más aranceles por los productos que exportamos, que lo que nos pagan los países grandes por los que ellos nos envían.

Surgen las obligadas preguntas: ¿se sustenta el TLC en el principio de la equidad?, ¿hay condiciones de seguridad e infraestructura suficientes para que se invierta en el país?, ¿realmente servirá este tratado para dinamizar nuestra economía y mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos o será sólo un instrumento más para legalizar hegemonías?.

Podríamos comenzar a poner las barbas en remojo con la experiencia mexicana: “En sólo tres años, el valor del comercio de México con los otros dos países del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se redujo en un monto equivalente a 10 puntos del producto interno bruto (PIB), un signo de que los beneficios iniciales del acuerdo están tocando a su fin, reveló un estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) divulgado esta semana. El TLCAN, como está ahora, es insuficiente para seguir impulsando el crecimiento del país, afirmó el organismo.

Un punto relevante es que mientras la posibilidad de crecimiento se sustentó en el acuerdo, la fuente interna de dinamismo, la inversión en infraestructura, fue totalmente descuidada”.

La cita anterior, tomada de un artículo de Roberto Gonzáles Amador (13/2/2005), se completa con otra del estudio llamado Estabilización y reforma en América Latina, donde se indica que el auge de los primeros años del acuerdo [firmado en enero de 1994] ha ido perdiendo impulso.

El crecimiento del comercio perdió fuerza a partir del 2000 y el valor del comercio exterior de México -que incluye importaciones y exportaciones- dejó de representar 50 por ciento del producto interno bruto, como ocurrió en 2000, para caer a un monto equivalente a 40 por ciento del PIB, además de que la tendencia es que siga a la baja, dice el estudio del FMI.

En el mismo documento, se concluye que “la experiencia de México en el TLCAN ilustra que reformas estructurales son necesarias para que sean sostenidos en el tiempo los beneficios de acuerdos de libre comercio amplios”. Que la experiencia mexicana nos sirva.

No es un tema sencillo como para abordarlo desde posturas simplistas; el TLC traerá consigo algunas cosas buenas en el corto plazo, pero también tiene enormes vacíos a futuro. Ni los más convencidos se tragan tan fácilmente que sea la panacea para hacer crecer nuestras pequeñas economías o para enfrentar nuestros males sociales.

Estas iniciativas regionales, herederas del Breton Woods de hace más de seis décadas, vienen con fuerza desde el Norte, y para estar en la jugada se aceptan muchas cosas que no necesariamente nos benefician.

Por otra parte, recordemos que en las negociaciones del TLC hemos estado lejos de tener el liderazgo centroamericano, y que nuestros negociadores han estado más casados con proyectos políticos que con un proyecto de nación. En fin, ahora es el Congreso de la República el que tiene la última palabra, y de su decisión dependerá buena parte de nuestro futuro.

Fuente: www.prensalibre.com


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