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Racismo, justicia y corrección política
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 10 de marzo de 2005

No es lo mismo lo políticamente correcto, que lo correcto por convicción.

Se habla mucho de aceptar las diferencias y hoy en día los espacios públicos están plagados de corrección política. En teoría, parece que nos hemos puesto de acuerdo, y que por fin, la realidad comienza a cambiar en un mundo donde la convivencia armónica en la diversidad es posible.

Pero si colocáramos un estetoscopio en las paredes de muchas casas, confirmaríamos nuestras sospechas: lo que se oye en público no siempre tiene que ver con lo que se piensa y se dice en el ámbito privado.

Muchos de aquellos que hablan públicamente sobre los derechos de los pueblos indígenas, llegan a sus casas y dicen que son unos indios relamidos e igualados. Otros se expresan públicamente con bastante soltura sobre los homosexuales, pero en su casa no dudan en llamarlos huecos o maricas.

Fuera de casa se habla de afroamericanos y de los derechos de las mujeres; dentro de ella, de negritos y mujeres histéricas. Y así podríamos seguir hasta darnos cuenta que, incluso las mejores intenciones, pueden perder su carácter crítico y hasta fortalecer aquello que buscan eliminar, si las convicciones no cambian de fondo.

Esto de lo políticamente correcto tiene más de una arista: algunos dicen que parte de la observación de la sociedad en términos maniqueos y que nace en ciertas universidades norteamericanas como consecuencia de la decadencia de un espíritu crítico de la identidad colectiva, no importando si ésta es religiosa, social, sexual, nacional o étnica.

Otros dicen que nace a partir de buenas intenciones, casi como una forma mejorada de puritanismo, como una estrategia de defensa de grupos que se reconocen marginados o excluidos.

En ambos casos se está de acuerdo en algo: se ha regado por todo el mundo y se han cometido excesos como el de llegar a prohibir la lectura del Huckleberry Finn porque a Mark Twain se le ocurrió poner en él la palabra “negro”.

Sin embargo, en principio ¿a quién podría parecerle mal que las mujeres, las distintas etnias y razas o que las diferentes religiones y grupos que se sienten marginados busquen un espacio en la sociedad y traten de hacer acompañar ese posicionamiento a través de un lenguaje determinado?.

Lo que sucede es que, constituyéndose en moda dentro de una cultura acrítica y ayudado por los medios masivos de comunicación, lo políticamente correcto está provocando muchos más cambios de forma que de fondo.

Todo esto me vino a la mente ahora que en Guatemala se está llevando a cabo el primer juicio por el delito de discriminación racial. Rigoberta Menchú, en su calidad de ciudadana e indígena, acusa al nieto de Ríos Montt y a otros cuatro eferregistas por agresión en su contra.

“Es un proceso histórico y es un precedente, porque en la historia de los pueblos indígenas no se ha celebrado un juicio por racismo”, dice Rigoberta, quien también señala tener esperanza de que los guatemaltecos aprendan a no ofender la dignidad de nadie, sin importar si es maya o no.

Habrá voces que se eleven desde el más blanco romanticismo en la defensa de la Premio Nobel; otras dirán lo que corresponda a la corrección política aunque sigan creyendo que cada mico se debe mantener en su columpio; habrá quienes expresen abiertamente su racismo y quienes ideologicen el tema.

Otros estaremos esperando que la justicia se sitúe por encima de todo y que sea una misma para hombres y mujeres de Guatemala, indígenas y no indígenas, gobernantes y gobernados, ricos y pobres.

Guatemala ya no se parte entre indígenas y ladinos como bloques irreconciliables, pero la discriminación ha existido en nuestro país como forma de vida y selección, y se ha expresado en la falta de justicia. Incluso ha llegado hasta el perverso extremo de permitir que una mayoría indígena viviera en un estado de apartheid.

Este hecho innegable hace que este juicio de verdad sea histórico, porque simbólicamente restituye algo de la dignidad arrebatada a los pueblos indígenas.

Frente a lo políticamente correcto y lo que es correcto por convicción, hay que abrir los ojos, para que nuestros prejuicios y supersticiones así como los de los demás, no sean los que definan las decisiones importantes para el país.

Fuente: www.prensalibre.com


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