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La música de la democracia
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 17 de marzo de 2005

Ninguna armonía se consigue con el silencio.

Aquí suena la música de la democracia, aunque muchos guatemaltecos ni siquiera tengan oído musical. Y digo democracia, porque, amén de que ésta sea más una ilusión que una realidad, el sistema político que tenemos cumple ciertos requisitos formales que nos permiten llamarla así.

En toda democracia moderna, los representantes elegidos por medio del voto popular son quienes ejercen la autoridad suprema, como una forma de reconocer la soberanía nacional.

Distinto es que hayamos creído que la democracia es sólo sinónimo de voto, y que además, hayamos elegido tan mal a nuestros representantes, error que demasiadas veces ya, nos ha salido muy caro.

Pero volviendo a la música de nuestra democracia, está, por ejemplo, ese tipo de música considerada por mí más como un graznido de cuervos nacidos y criados a la sombra de ciertos intereses políticos y económicos, que es la que hacen los ex PAC.

Están también las canciones de cuna que emiten algunos protagonistas de diversos sectores del país, para tratar de evangelizarnos sobre las bondades de sus planteamientos ideológicos, políticos, económicos, religiosos o morales; esas las escucho con cautela, porque casi siempre buscan adormecernos y luego resulta que cuando escuchamos las canciones al revés terminan siendo lo peor del heavy metal.

Está la música de la resistencia, esa que recoge los sonidos en múltiples e inmensos timbales y tamborones que saltan en medio de grandes sinfonías. Esa nos hace vivir momentos de una tensión indescriptible y dibuja un electrocardiograma de picos muy altos. Como la que estamos escuchando ahora con lo del TLC. Lástima que en más de una ocasión esta música haya terminado convertida en marcha fúnebre.

Este mes de marzo ha sido agitado para Guatemala. Las manifestaciones de descontento contra un TLC aprobado por una mayoría de diputados sin haber sido previamente consultado con la población, se han dado en todo el territorio nacional.

¿No saben los que dijeron que sí a ciegas al TLC, que lo que la población tiene es incertidumbre sobre su futuro? Parece que no hemos aprendido a calmar nuestras incertidumbres sino a través de la violencia y eso dice mucho de quiénes somos como país.

Viniendo el mandato de donde vino, y siendo nuestros gobiernos lo que son y han sido, era de suponer que el TLC se aprobara. Mientras un país no es país sino colonia, así suceden las cosas.

Y por lo tanto, era de esperar que una buena parte de la población desinformada y marginada de todo el proceso, se expresara en contra. Manifestar pacíficamente es el mecanismo que ofrece una democracia cuando una mayoría no está contenta con lo que deciden unos pocos. La violencia que se desborda en momentos como éste es otro tema y la estrategia del Estado para reprimir las manifestaciones, también.

Posiblemente a algunos de oído delicado o a los que no tienen oído musical, como ya decía antes, cualquier manifestación les suene a desobediencia, ignorancia o mala educación. Lo cierto es que ninguna armonía se consigue con el silencio y sí con la convivencia de los múltiples sonidos y voces.

Si bien es cierto que hasta en las tiranías se hace a los hombres y mujeres cantar, no es ésta la música que nuestra democracia quiere escuchar.

Pero en toda democracia, hay que cantarlas claras; esto es, hablar de frente. Si todos sabemos que el TLC marcará un giro de 360° en la historia de nuestro país, lo mínimo que puede hacer el Gobierno es decirle a la ciudadanía qué está pasando, por qué se adoptan tales o cuales medidas, quiénes se beneficiarán con ello y quiénes saldrán perjudicados, etcétera.

Si queremos que la música de nuestra democracia suene armoniosa, tendríamos que comenzar por combinar todos y cada uno de sus sonidos, hacer algo para que muestre una estructura inteligible y tratar de que exprese un talento especial por parte de sus creadores, que somos nosotros.

No se trata de ver quién sube más la voz o se quita más ropa durante el espectáculo, se trata de escuchar y apreciar nuestra diversidad musical. Porque cuando se va la música, se va la democracia. En Guatemala lo sabemos bien. Entonces queda sólo el silencio.

Fuente: www.prensalibre.com


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