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El Mare nostrum
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 31 de marzo de 2005

En nuestro país, altos funcionarios dijeron que la visita había sido muy positiva.

La reciente visita del secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, a nuestro país, me trajo a la memoria el Mare nostrum, expresión frecuentemente empleada por los romanos para definir los límites de su imperio alrededor del Mar Mediterráneo.

Bastó que volteara los ojos hacia arriba y luego hacia un lado, para recordar que muchos países que interesan particularmente a Estados Unidos, también bordean un Mar Caribe que limita al norte con las Grandes Antillas, Cuba, Haití, la República Dominicana y Puerto Rico; al este con las Pequeñas Antillas; al sur con Venezuela, Colombia y Panamá; y al oeste con el resto de países centroamericanos, Belice y la península de Yucatán en México.

Al parecer, aquella América Latina que fuera puesta por Estados Unidos en el congelador después del S-11, vuelve a ser considerada en un contexto de Mare nostrum.

Detrás de los grandes temas de agenda que Rumsfeld trató en tres países de esta región de “bárbaros” que rodea el Mar Caribe y se extiende aún más allá, se leyeron entre líneas otros que tienen que ver con los niños “malos” y los “aliados naturales” de la región, con los recursos naturales que aún están por ser explotados, con la preocupación norteamericana por la fuerte presencia de China en Latinoamérica, con un ALCA que ha encontrado fuerte resistencia en América del Sur y un TLC introducido con calzador en la mayor parte de países centroamericanos.

En el caso de la visita a Guatemala, además de los temas del narcotráfico, el terrorismo y la posibilidad de “solidificar” la asistencia militar, se dice como secreto a grandes voces que hubo una pequeña recomendación del Gobierno estadounidense al guatemalteco: no votar a favor de Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Basta recordar lo decisivo de un voto en esos espacios donde se juega la política de las grandes ligas.

En nuestro país, altos funcionarios dijeron que la visita había sido muy positiva; en Venezuela, el vicepresidente Rangel dijo que la visita de Rumsfeld a la región había sido un total fracaso.

Visiones ambas que abarcan los extremos de una cuerda que se anuda en muchas otras partes. Carlos Aldana, ministro guatemalteco de la Defensa, señaló que la visita debería “interpretarse como un esfuerzo en la visión de seguridad que EE.UU. tiene en la región y en los intereses de ese país en su área de influencia”. Por el contrario, Rangel dijo que la región “dejó de ser ya el patio trasero de Estados Unidos para convertirse en una zona soberana, libre, que no tiene políticas en contra de nadie, pero que tampoco admite que se le siga tratando como una colonia”.

Algunos, por razones de memoria, realidad e historia, nos hemos vuelto escépticos a las muestras de “buena voluntad”. Quizá porque la experiencia nos dice que este país más que armas y ejércitos, sigue necesitando alimentos, justicia, escuelas, trabajos, medicinas y hospitales, entre otras muchas cosas.

Porque sabemos que mientras una mano ofrece dinero para fortalecer el gasto militar, la otra ha asestado un duro golpe a los enfermos de sida, cáncer y otras enfermedades crónicas, sólo para proteger los intereses de las grandes transnacionales farmacéuticas.

Porque contrastamos los discursos sobre los inmigrantes y sus derechos con lo que posiblemente suceda a partir de mañana 1 de abril si nadie lo detiene: más de mil voluntarios reclutados por el Proyecto Minute Man y dirigidos por un veterano de la guerra de Vietnam, patrullarán día y noche los pasos fronterizos del desierto de Arizona para “cazar” a los indocumentados que traten de cruzar la frontera. Somos escépticos porque nos ha tocado vivir en una Guatemala plagada de corrupción, exclusión, impunidad y poderes paralelos que no son producto de la casualidad.

Sin tragedia ni victimización, es un hecho que el Mare nostrum continúa vigente, como lo es también el hecho de un endurecimiento de la política norteamericana, expresado desde el propio Departamento de Estado de EE.UU. hasta su nueva representación en Naciones Unidas.

El tiempo siempre resuelve las preguntas, así que supongo que tarde o temprano sabremos por qué se privilegia la estrategia de la violencia sobre la de la esperanza y la paz, por qué se favorece la imposición y no la cooperación, a quién le es útil sembrar tanto terror y por qué se insiste en invertir más en matar que en cuidar a nuestros semejantes.

Fuente: www.prensalibre.com


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