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Los pobres también se enferman
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 7 de abril de 2005

Las grandes farmacéuticas reducen todo a la famosa propiedad intelectual.

Durante el gobierno del FRG se aprobó el decreto 9-2003, que le cerraba las puertas a los medicamentos genéricos y se las mantenía abiertas en exclusividad a las grandes transnacionales farmacéuticas con sus medicamentos de marca.

El año pasado, después de muchos esfuerzos de diversos sectores y personas como los doctores Aldo Castañeda y José Barnoya, fue derogado ese decreto para el beneficio de millones de familias guatemaltecas que viven debajo del umbral de la pobreza o en extrema pobreza, y cuyos miembros también se enferman, aunque muchos no lo crean.

Poco duró la alegría. Algunos meses después, y en el contexto de un TLC que se negoció sin haber resuelto primero nuestras necesidades básicas, el gobierno de la Gana se retractaba de lo hecho y cedía ante las presiones de la diplomacia estadounidense, que a su vez había ya ofrecido su incondicional apoyo a las grandes transnacionales farmacéuticas.

Hoy, la esperanza de millones de personas que usan medicamentos genéricos porque padecen sida, cáncer, tuberculosis y otras enfermedades crónicas, se desvanece a pasos agigantados.

Las grandes farmacéuticas reducen todo a la famosa propiedad intelectual, a las patentes, a las licencias, a la protección de los datos de prueba y demás cosas parecidas, que están bien cuando hablamos de barbies, jeans, tenis, lipsticks o perfumes, pero no cuando hablamos de medicinas que tienen que ver directamente con la salud de la población.

Acá perfilamos una ética distinta, porque la salud no se negocia y porque las “pobres” trasnacionales tampoco han dejado de ganar en todos los años que han comercializado sus productos en nuestro país. Incluso, se han extendido más de lo debido en el tiempo de uso de algunas de sus patentes.

Lo que sucede es que buscan multiplicar exponencialmente sus millones y para ello se aprovechan siempre de sus socios en la política. Así, los gobiernos terminan siendo, de nuevo, capataces al cuidado de los bienes de las transnacionales.

Sentada hace pocos días en medio de un numeroso grupo de personas que padecen el VIH/sida, la percepción fue aún más dramática: había que ver los rostros de quienes, además de enfrentar la marginación social, deben ahora enfrentar la posibilidad de morir mucho antes de tiempo y en condiciones muy duras.

Y es que lo mismo que paga una sola persona infectada con VIH/sida por los medicamentos de marca durante un año, cura hasta a 50 personas infectadas con el mismo virus si son tratadas con medicamentos genéricos en el mismo lapso.

La decisión de este gobierno de impedir la comercialización de medicamentos genéricos, contradice varias normas del derecho nacional e internacional con las cuales el Estado guatemalteco tiene compromisos definitivos.

Por otro lado, fortalece los monopolios, otorga licencias de muchos años para introducir en el mercado nacional medicamentos de marca que ya están fuera de patente en otras partes del mundo, impide a los medicamentos genéricos competir en el mercado guatemalteco y limita la posibilidad de que el Ministerio de Salud y el IGSS compren medicinas a mejor precio para tratar enfermedades tan costosas.

Pero lo más importante, es que juega perversamente con la vida y la muerte de millones de personas. Seguramente, eso fue lo que motivó a una persona del grupo que visité hace pocos días, a decir que tal disposición del Gobierno podía verse como un “genocidio técnico”.

Estas personas (PVVS), exigen básicamente que el Gobierno cumpla con las normas nacionales e internacionales relativas a su identidad e integridad de personas, y piden que se atienda de manera integral a todos aquellos que padecen VIH/sida en el país.

No sé, cualquier fariseo puede llorar sobre la tumba de un Papa que luchó por los derechos de los más pobres y mostrarse al mismo tiempo indiferente frente a la situación miserable que viven millones de seres humanos enfermos en su propia patria.

Quizá es el momento de recordar que también hay pecados de omisión, que existe la moral por conveniencia y que en temas como el de la salud sigue siendo inmoral que lo político prive sobre lo humano.

Fuente: www.prensalibre.com


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