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Libros: ¿lujo o necesidad?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 23 de abril de 2005

Para mí, los libros son el indispensable territorio de la libertad.

En la casa de una familia que no tiene ni para comer, un libro seguramente será visto como un artículo de lujo. En la casa de una familia que tiene al menos lo básico para vivir, un libro está muy cerca de ser considerado artículo de primera necesidad.

En la casa donde todo sobra, muchas veces los libros son apenas etiquetas que traducen un estatus. Y aunque no podemos generalizar, sucede que quien lo quiere no lo tiene y quien lo tiene no lo aprovecha, como decían las abuelas.

Los seres humanos padecemos muchas hambres, y una de ellas es el hambre de libros, con todo y su sed de conocimiento. Más allá de nuestra falible memoria humana, se levantan los libros y más allá de nuestra tradición oral, perdura la palabra escrita.

Para los eruditos de fachada que repiten teorías y frases célebres, los libros son los indispensables adornos de una biblioteca, cuyo peso les cae encima para someterlos y dominarlos. Para otros, los libros serán simplemente papeles pegados entre sí, que no aportan ningún bien económico inmediato a sus vidas. Para muchos más, son apenas sueños por alcanzar. Para mí, son el indispensable territorio de la libertad.

¿Acaso no pueden leer al mismo Asturias un niño de Cobán y una niña de la capital? ¿Acaso no pueden leer los mismos textos de Cervantes una mujer de Quetzaltenango y un hombre de Petén? Claro que -por demasiado tiempo- los libros y la lectura también han sido considerados y dispuestos por los sectores y gobiernos de muchos países como actividades para las élites, pero en su verdadera esencia leer es una actividad que borra las distancias sociales, culturales y económicas, fomentando una práctica y una visión democráticas.

Cierto es también que la lectura y los libros se han convertido en un jugoso negocio para algunos, por lo que los debates sobre cultura y mercado o sobre el arte como estatus siguen abiertos.

En Guatemala, por ejemplo, el tema de quitar el IVA a los libros ya ha provocado interesantes opiniones a favor y en contra, y en este sentido yo parto de que un libro no puede equiparase a un pantalón, porque un libro construye futuro y no sólo presente. Además, en este país de analfabetas, el libro es artículo de primera necesidad. El pan y el libro comparten una responsabilidad en la formación de los sujetos sociales.

En el contexto actual, se considera al libro como un bien cultural educativo y como un bien económico. En este marco, Brasil trabaja ya un Plan nacional del libro y la lectura que se llama “Fome do livro”, con el fin de revertir los bajos índices de lectura entre la población y de beneficiar al mercado del libro.

Por primera vez en la historia de ese país, un presidente, tres ministros y el presidente del Senado se reunieron para discutir sobre el libro, contando para ello con la activa participación del sector editorial.

Por su parte, en Guatemala se habla ya de una política nacional del libro, que no sólo contemple situar al libro en la agenda nacional, sino que defina nuevos horizontes para la lectura y las bibliotecas del país.

Esta política también busca descentralizar los proyectos de lectura y tratar a fondo los temas de la piratería y los derechos de autor. Con esto último yo tengo mis reservas, porque en un país tan pobre como el nuestro y con los precios de los libros tan altos, sacar fotocopias es el único recurso con que cuentan cientos de estudiantes universitarios y personas que realmente tienen interés en la lectura.

Por eso, habría que abaratar el costo de los libros, por eso tendría que favorecerse el interés de un mayor grupo de personas por la lectura, por eso hay que cambiar las cosas en este país para que la lectura se convierta en un placer, en una herramienta para fortalecer a los sujetos sociales y en un proyecto para sacar adelante a Guatemala.

Si el Estado ha subsidiado por tantos años productos como el café y el azúcar con el objetivo único de fortalecer a uno o dos sectores sociales, ¿por qué no habría de subsidiar los libros que beneficiarían en el corto, mediano y largo plazos a todo un país?.

¿No estamos de acuerdo con los subsidios? Entonces que el mismo rasero sea empleado para todos los grupos del país, aunque insisto en decir que un libro ni por asomo se parece a un pantalón, a una libra de azúcar o a una taza de café.

Fuente: www.prensalibre.com


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