Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

No es un trabajo, es esclavitud
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 7 de mayo de 2005

¿Cómo soñamos un futuro diferente, si hoy nuestra esperanza es esclava?

Situar la explotación sexual comercial de personas menores de 18 años en el ámbito de las violaciones a los derechos laborales, es un contrasentido. Si partimos de que todo trabajo tiene como fin último dignificar al ser humano que lo realiza, ¿de qué manera se dignifica la vida de una niña de 12 años prostituida y secuestrada en un burdel de mala muerte, que no puede comunicarse con sus padres, si es que no fue vendida por ellos?

Las modernas sociedades globalizadas, llenas de Biblias, de eruditos estudios sobre los más diversos temas, de leyes obsoletas e instrumentos jurídicos ratificados por los Estados, ven -sin inmutarse- cómo sus niñas y niños se conviertan en mercancías sin derechos.

Mercado global aparte, hay estudios del Unicef y la OIT que revelan que este “negocio” reporta a las redes de explotación sexual más dividendos que los que se obtienen con el tráfico ilegal de drogas y armas, y además con menos inversión y menores riesgos.

Menos inversión, porque un cuerpo joven puede venderse muchas veces, en comparación con un carro robado o con un arma. Menores riesgos, porque en nuestro país las leyes son más duras con quien se ha robado un carro, que con quien explota sexualmente a un niño o niña.

En Guatemala hay un marco jurídico deficiente para castigar a quienes incurren en este delito (que la ley ni siquiera contempla), y existe -además de las amenazas a jueces y fiscales- una falta de capacitación sobre el tema entre los administradores de justicia. No es novedad que, en muchos casos, una denuncia hecha por las víctimas resulta en una doble violación para ellas, de parte de los encargados de hacer justicia.

Prostituirlos, tomarles fotografías de contenido sexual (con tecnología tan avanzada como el “morphing”), incluirlos en películas pornográficas o utilizarlos en espectáculos sexuales, son todas variables de la explotación sexual comercial de personas menores de edad. Y se cree que los únicos que vienen en su búsqueda son los extranjeros; otro mito alrededor de este tema.

El 90 por ciento de los explotadores en Guatemala son hombres del país, de todos los estratos sociales que, además, prefieren que su objeto de satisfacción sea cada día más joven.

Los niños, niñas y jóvenes que están en esto, no están porque les gusta, como algunos miopes aducen. Este fenómeno es multicausal: se da porque ellos son vulnerables; porque hay proxenetas, intermediarios y clientes inescrupulosos; porque hay pobreza y falta de educación; porque hay abusos sexuales y mucha violencia intrafamiliar que los escupen fuera de sus casas; porque una vez son engañados y encerrados viven constantemente amenazados y debilitados mientras se comete con ellos todo tipo de vejaciones; porque el tema ha sido estigmatizado por una sociedad indiferente y porque el Estado no hace su mejor esfuerzo por revertir esta situación, generando una terrible impunidad.

A una niña o niño que son explotados sexualmente nadie les hace ningún favor, lo que se comete con ellos es un acto delictivo. El pretexto de que así ayudan a sus familias, es falso, porque los únicos beneficiados son los proxenetas y los intermediarios. Los explotados, incluso, terminan endeudados con sus explotadores porque estos, “generosamente”, les prestan dinero para su manutención.

La explotación sexual comercial de personas menores, deja en ellas profundas secuelas físicas, emocionales y mentales, y se está convirtiendo en otra forma de crimen organizado, que ha encontrado verdaderos paraísos sexuales en países sin legislaciones apropiadas, sin sistemas de justicia sólidos, sin sociedades solidarias, ni Estados responsables.

La OIT propone cooperar entre países, intercambiando experiencias, información y propuestas. Luego, habla de mejorar las legislaciones nacionales y fortalecer los sistemas de justicia, y de elaborar y llevar a cabo políticas públicas de acción contra la explotación sexual comercial de menores.

Pero quizás lo más importante que propone, es crear una cultura de rechazo social y de denuncia hacia la explotación, reconociendo a esos menores como personas con derechos que todo Estado debe garantizar. De otra manera ¿cómo soñamos un futuro diferente, si hoy nuestra esperanza es esclava?

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.