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La fila de pobres se alarga
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 28 de mayo de 2005

Traer niños al mundo es sagrado, pero mantenerlos en él viviendo como seres humanos es un imperativo aún mayor.

Más de la mitad de la niñez guatemalteca vive en condiciones de vida infrahumanas y el índice de hijos por mujer en Guatemala sigue siendo de 5.4. A una realidad tan contundente como esa poco le sirven las recetas de una moral de encajes y tafetán que se pronuncia a favor de seguir trayendo al mundo los hijos e hijas que Dios mande, oponiéndose a cualquier iniciativa de salud sexual y reproductiva.

No hablo aquí de esterilizaciones masivas al estilo de la Alemania nazi o las realizadas en Sudáfrica, pero tampoco hablo de las políticas reproductivas definidas desde estados fascistas al estilo del patriarcado italiano de Mussolini o del español Franco, que decían a las madres de la patria cuándo parir y cuántos hijos tener.

Algo así como lo que propicia indirectamente el actual gobierno de Bush, recortando los presupuestos destinados a programas de salud sexual y reproductiva en toda América Latina.

De los dos mil 200 millones de niños y niñas que hay en el mundo, unos mil millones corren el riesgo de no crecer y desarrollarse de manera satisfactoria, porque la pobreza, los conflictos bélicos y la pandemia del VIH/Sida están minando su futuro.

Estas son cifras que proporciona el informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2005, de Unicef. Claro que estos son apenas números que no pueden identificar otras causas de este problema como son la falta de atención, afecto, solidaridad y ternura que todo ser humano necesita para crecer.

La niñez en tal situación está en claro aumento, y no me bastaría el espacio de este artículo para nombrar los estudios que señalan que millones de niños y niñas latinoamericanos se han sumado a aquellos que viven bajo los niveles de pobreza extrema, alargando así la fila del desamparo.

Y todo esto se confirma en la estrategia de sobrevivencia que han adoptado muchas familias: la de poner a trabajar a los menores de edad. Sin falsos melodramas, el cuadro no es muy halagador.

No es cuestión de números, porque hay alimento para todos, dicen los que están en contra de los métodos anticonceptivos, pero ¿por qué entonces el 49 por ciento de la niñez guatemalteca está desnutrida, mostrando uno de los índices más bajos del planeta y constituyéndose en una de nuestras vergüenzas más grandes?

Hay teorías sociológicas que le apuntan de nuevo a repoblar los países porque, según dichas teorías, la pirámide social invertida está impidiendo que países del primer mundo sean más competitivos y que sus sistemas de seguridad social funcionen adecuadamente. Estos teóricos no dicen nada nuevo, porque lo único que quieren es restablecer el viejo orden. Sin embargo, hay que repensar un nuevo orden social, cimentado en mayores niveles de conciencia y menores niveles de voracidad.

Claro que todo esto va de la mano del cambio de las mujeres, porque cuando somos nosotras las que decidimos con nuestras parejas cuántos hijos queremos tener y no dejamos esto en manos de nuestros gobiernos o nuestras iglesias, estamos incidiendo en las nuevas dinámicas sociales.

Por eso es que ahora han vuelto al ataque los gobiernos cavernícolas con el tema de la familia y los roles estereotipados; saben que todos vivimos en familia y venimos de una, pero hablan como si esos valores se sustentaran únicamente en el hecho biológico de la reproducción de la especie.

Traer niños al mundo es sagrado, pero mantenerlos en él viviendo como seres humanos es un imperativo aún mayor. Una vida que no se vive dignamente no es ni por asomo vida, aunque los que habitan en Disneylandia así lo crean.

Mientras siga habiendo personas que se oponen a la anticoncepción, pero limpian los vidrios de su carro cuando un niño pobre los toca, tendremos que ser muy creativos para enfrentar este problema. Más aún, sabiendo que tenemos un presidente que cree que la desnutrición se combate con leche de vaca, mientras nos asegura que, en términos macroeconómicos, cada día estamos mejor.

Fuente: www.prensalibre.com


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