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Guatemala: narcoestado
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 14 de julio de 2005

¿Por dónde se comenzarán a ejercer controles más estrictos para el lavado de dinero en este país?

Aunque el tema que está en boca de toda la ciudadanía guatemalteca es el de las maras, hay dos cuestiones que seguramente le quitan más el sueño a los encargados de la seguridad del país: el crimen organizado y el narcotráfico.

Mientras los hombres y mujeres de este país la pasamos muy entretenidos con uno que otro decomiso de droga o con el éxodo provocado por una mara en determinado territorio, Guatemala queda a merced de diversas mafias que no serían nada sin la complicidad de varios funcionarios públicos de diversos rangos y ocupaciones. Por supuesto, no dudamos que esta complicidad también se extiende a diversos escenarios privados.

Más allá de que la palabrita “narcoestado” esté muy de moda o no, en Guatemala hemos pasado de una guerra civil a una especie de narcoguerra y lo que termina pisoteado siempre son las garantías fundamentales de una ciudadanía que tiene derecho a vivir una vida segura y libre de temor.

Cada vez con mayor frecuencia escuchamos o vemos noticias de asesinatos cuyas características parecen ser idénticas a las de aquellos cometidos en las películas de las mafias italianas del siglo pasado.

Los ajustes de cuentas, las ejecuciones por el dominio de un territorio, el surgimiento de empresas de seguridad ilegales vinculadas a hechos criminales, la indiferencia de algunos agentes de seguridad del Estado y la muerte de otros de ellos o la instrumentalización de algunas maras por el crimen organizado, son apenas algunos de los hechos cotidianos de nuestra realidad de violencia.

Por otra parte, en un narcoestado lo que circula son narcodólares, y Guatemala parece haberse convertido en una inmensa lavandería. Este año seguramente ingresarán unos 3 mil millones de dólares en concepto de remesas enviadas por los emigrantes, otro poco entrará gracias al turismo y también a las exportaciones de café, banano y azúcar, pero el peso fuerte en la balanza lo harán los dólares producto de la narcoactividad y el contrabando.

¿De qué otra manera explicamos que el quetzal sea una moneda tan aparentemente fuerte frente al dólar, si cada día hay más inflación y menores ingresos?. ¿Por dónde se comenzarán a ejercer controles más estrictos para el lavado de dinero en este país?

Guatemala está sitiada. Frente a mafias aparentemente bien organizadas, estructuradas e hiperarmadas, se hacen evidentes la falta de organización, de recursos humanos y materiales, y una crisis de control y autoridad en las instituciones estatales encargadas de velar por la seguridad pública.

Pero más allá de estas cosas que pueden arreglarse en un mediano plazo, están la corrupción y la impunidad enraizadas en toda la sociedad guatemalteca. Y no es sólo la pobreza el factor que determina estas características, sino la prevalencia de una serie de antivalores que comienzan por aquél de conseguir lo que se quiera por los medios que sea, sin importar a quién se pase trayendo en el camino.

Esas mafias de las cuales hablamos hoy, no podrían sostenerse sin esas otras que no necesariamente están a la sombra, y que caminan entre la ciudadanía común: mafias políticas, económicas o de cualquier otra índole, que actúan en total complicidad con los señores del crimen organizado y el narcotráfico.

El hecho de que aparezcan más narcotraficantes capturados o más droga decomisada, claro que puede significar el inicio de la lucha de un gobierno contra estos grupos. Pero no significa mucho si no hay un sistema de justicia que funcione, si no hay una sociedad que haya también participado en el diseño o socialización de una política de seguridad pública, si no hay un Estado responsable de la seguridad ciudadana, y si seguimos siendo los analfabetas, enfermos, desnutridos, corruptos y olvidados que todas las estadísticas dicen que somos.

La violencia empieza en este país cuando millones de niños y niñas mueren de hambre.

Hay que actuar rápido, pero pensando en el largo plazo, porque si no, nos comen el mandado.

¿Quién no sueña con vivir seguro? La seguridad es la puerta de entrada para que todo ser humano crezca y se desarrolle adecuadamente dentro de su sociedad.

Ojalá que el tema no se vuelva, una vez más, un tema de campaña electoral, una estafeta que pasa de mano en mano sin haber recorrido trechos más largos.

Fuente: www.prensalibre.com


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