Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Cuestión de prioridades
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 11 de agosto de 2005

El Estado carece de memoria porque cada gobierno que llega quiere hacerlo todo de nuevo.

El 3 de agosto de este año se aprobó, en el Congreso de la República, la Ley Marco de los Acuerdos de Paz. Indudablemente, es algo muy positivo para Guatemala, porque presupone retomar y darle cumplimiento a la postergada agenda de la paz.

Sin embargo, esta iniciativa no sólo llega casi diez años tarde, sino que su aprobación se produce apenas cinco días después de que la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobara el Tratado de Libre Comercio (TLC) o CAFTA, por sus siglas en inglés.

Siendo ambas disposiciones eminentemente políticas, no se necesita ser muy perspicaz para concluir cuál termina siendo la agenda prioritaria de nación. Cuando se firmaron los acuerdos de paz en diciembre de 1996, recuerdo haber leído y escuchado más de una vez las voces representativas de ciertos sectores guatemaltecos, que entonces se negaron a reconocer los acuerdos de paz como una agenda nacional, diciendo que ellos ya tenían una agenda propia. Diez años después, y con el TLC por delante, esto parece confirmar quiénes, cómo, en qué orden y cuándo se deciden los temas de la agenda nacional.

Consciente de que este país necesita pan y paz al mismo tiempo, creo que nunca es excesivamente tarde para abrirle la puerta a una iniciativa como ésta. Pero sabemos que no todo lo que es ley se cumple en este país (o mejor dicho casi nada) y que el compromiso por la paz rebasa en mucho la estrecha y sesgada visión de la clase política que gobierna a Guatemala.

La Ley Marco contempla la posibilidad de abrir nuevas rutas para la elaboración, ejecución, seguimiento y evaluación de las acciones del Estado, orientadas al cumplimiento de los acuerdos de paz. También contempla la promoción e impulso de reformas legales, políticas, programas y proyectos alineados con las metas de dichos acuerdos.

Y sobre todo, incluye la creación e integración de un Consejo Nacional de los Acuerdos de Paz y de una Coordinación de Participación y Consulta, con el fin de que la sociedad civil guatemalteca participe, hombro con hombro, con los tres poderes del Estado y los partidos políticos en este relanzamiento del proceso de paz.

Esta última parte es la que esencialmente me preocupa; que se vuelva a convocar a todos, para que vuelva a pasar lo de siempre. Como aquél refrán popular que reza “que todos participen para que todo permanezca”. Los hechos son más contundentes que muchos discursos, y es un secreto a voces que en este país sólo se han cumplido aquellas metas de los acuerdos de paz que están en total correspondencia con la visión de los gobiernos de turno. Así, ¿qué estado de Derecho vamos a construir?

El diálogo sigue siendo una herramienta reconocida por diversos sectores sociales para sacar a este país adelante, pero ha sido tan manipulado, que ha perdido credibilidad. Gracias a esos pseudodiálogos políticamente correctos, nos hemos pasado meses y años desgastando la democracia.

Los gobiernos se escudan diciendo que la sociedad civil no ha pasado de la protesta a la propuesta, y esta reacciona mostrando más de un centenar de propuestas fallidas que han sido engavetadas y diciendo que el Gobierno no hace nada.

Y es que aquí lo que está en juego no son sólo las voluntades políticas, sino el modelo de desarrollo que tenemos o queremos tener como nación. Amén de la falta de visión conjunta, hay una falta de ritmo en esto del diálogo entre Estado y sociedad.

El Estado carece de memoria porque cada gobierno que llega quiere hacerlo todo de nuevo, mientras que diversos actores y sectores de la sociedad guatemalteca parecen haber acumulado experiencia en dialogar y proponer con seriedad por casi dos décadas.

La paz no es cuestión de prioridades, es LA prioridad de una sociedad traumatizada y desconfiada como la nuestra, y no tendría por qué someterse a los vaivenes de la política y del mercado. Superar el espejismo de la paz en estos tiempos donde no tenemos ni siquiera tiempo para pensar en ella, supone establecer y respetar las prioridades establecidas por todos en una agenda común de nación.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.