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No fue la primera, pero es única
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 28 de agosto de 2005

El Silencio de Neto marca un antes y un después en lo que podríamos llamar la historia del cine nacional.

En el año de 1994, la película El Silencio de Neto, marcó un hito definitivo en la historia del cine nacional. No fue la primera, pero es única. Más de 10 años después, reconocerla en sus diversas posibilidades y facetas, tiene dos propósitos fundamentales: hacer una justa devolución a sus creadores y artistas, y retratar -desde las propias limitaciones- lo que esta película significó y continúa significando para muchos de nosotros.

Hace dos días, en el marco del Festival del Centro Histórico, se presentó el libro conteniendo el guión de la película y otros artículos relacionados con ella, y también el DVD. Todos fuimos convocados a la Bodeguita del Centro y allí estuvo el director, Luis Argueta, recreando un proceso inolvidable para muchos.

El gran ausente de la noche fue el guionista y diseñador de producción, Justo Chang, quien fue justamente reconocido a lo largo de la actividad. Hablar de esta película es hablar del silencio como protagonista indiscutible; silencio considerado no como vacío, sino como puente de la memoria. Ya lo decía Bresson cuando afirmaba que el cine sonoro ha aportado el silencio.

Si el cine mudo nos sugería voces, ruidos y sonidos que trenzábamos a nuestro antojo con las imágenes de la pantalla, el cine sonoro significa la paradoja que incorpora voces, ruidos y sonidos para que sus ausencias profundicen en eso que llamamos silencio.

En el caso de este largometraje, la exigencia de la paradoja es aún mayor, porque el nombre de la película conlleva el silencio de un personaje que no sólo es individuo, sino símbolo de un colectivo humano enmudecido en una determinada época de nuestra historia.

Volver a 1954, significó -en primera instancia- recuperar la voz del silencio; por ello, tiene una implicación profunda en la vida nacional, en tanto reconstrucción de memoria individual y múltiple.

Esta película viene a darle al cine guatemalteco un empujón definitivo. Desde las primeras películas realizadas gracias a la iniciativa de Alfredo Palarea, Adolfo Herbruger y Alberto de la Riva en 1915 (El agente secreto y El hijo del patrón) hasta las películas experimentales y documentales realizadas por Sergio Valdez, Justo Chang y Otto Gaytán en la década de los 80, no se había producido un esfuerzo que trascendiera tan ampliamente las fronteras nacionales.

Hubo en el medio una serie de películas importantes para la cinematografía guatemalteca, como las de Fleischmann y las de Lanuza, pero las primeras no lograron levantar una industria cinematográfica en el país, y las segundas incluyeron únicamente a técnicos y artistas mexicanos.

Ese es otro de los aciertos de El Silencio de Neto: la combinación de técnicos extranjeros y nacionales para su producción, y la conformación de un elenco totalmente integrado por artistas nacionales, a excepción de la cubana Eva Tamargo, protagonista femenina de la obra.

Frente al éxito internacional de la película, surgieron los más diversos comentarios. Unos dijeron haber encontrado sólo el retrato de la nostalgia de una burguesía que celebraba “garden parties” al margen de la realidad guatemalteca.

Otros expresaron la certeza de haber presenciado un filme único, contundente y capaz de revitalizar un hecho histórico de enorme magnitud, desde el ámbito pequeño de lo doméstico.

A la intención de resucitar la memoria que impregna esta película, se sobrepone una segunda nostalgia que tiene que ver con la presencia de mi hijo mayor en El Silencio de Neto. Cuando aparece el más pequeño del elenco representando a Mario, siento que ese hijo mío fue uno de los constructores del puente de memoria entre generaciones.

Esta película tomó posición frente a las circunstancias de la pequeña historia de mi hijo, y ésta, a su vez se inscribió dentro de la Gran Historia (1954-1994) que le tocaba vivir. Ahora ese hijo está lejos, pero perdura la imagen de un pequeño corriendo por los patios y corredores de las casas antigüeñas, con los brazos abiertos, como dispuesto a abrazar el futuro.

Fuente: www.prensalibre.com - 270805


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