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¿Problemas en la Selección?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 8 de septiembre de 2005

La mentalidad del macho está aún en la cabeza y los genitales de muchos hombres guatemaltecos.

En toda cultura del espectáculo, los héroes más queridos por la juventud terminan siendo los futbolistas y los cantantes. Mientras dura su fama, están expuestos en vitrina frente a un público que los venera y los coloca en el altar de los inmortales.

Incluso, si estos semidioses incurren en faltas graves en contra de otras personas, todo el aparato de un Estado, presionado también por las elites que lucran con esa popularidad, puede ponerse de su lado impunemente.

Simples mortales, representan todo lo que hay en una sociedad: lo mejor, lo “normal” o lo peor.

Ahí tenemos la historia de un O.J. Simpson, ex jugador de fútbol estadounidense, recientemente condenado por una jueza federal a pagar 25,000 dólares por piratear la señal de un sistema de televisión satelital, pero que nunca fue condenado por la justicia de su país por el asesinato de su esposa, a pesar de que muchos lo siguen considerando el homicida. Hechos como éste, reflejan la “dobladura” moral de una sociedad.

Pero todo este tema comenzó porque nosotros también tenemos ahora una figura de la Selección Nacional de Fútbol que enfrenta una demanda legal por haber violado a una niña de 11 años, dejándola embarazada.

¿Qué hará la justicia guatemalteca frente a este caso? ¿Qué harán las autoridades deportivas y los directivos de la Selección con el jugador Sanabria? La nota publicada el domingo 4 de septiembre en elPeriódico, dice que “al parecer, los directivos de la Selección utilizaron sus influencias para que saliera del país (hacia Trinidad y Tobago), pese a las serias acusaciones que habría en su contra”. Esto es aún peor.

No sólo se trata de un hombre que viola a una niña y no asume de frente la responsabilidad de esa violación, sino de un jugador de la Selección Nacional que es visto como un ícono por muchos jóvenes del país y de unos directivos que, por un lado intentan dar una imagen diferente de este deporte y por el otro, acomodan su fardo moral a las circunstancias.

Es de esperar que salgan hombres y mujeres machistas a defender lo indefendible, diciendo cosas como que no es para tanto, que la niña lo provocó o que eso pasa todos los días en nuestro país y no se hace tanta bulla.

Pues hay que hacerla, porque la violación ni es natural, ni es buena para nadie. Ninguna mujer violada, así sea casada, soltera, pobre, rica, joven, vieja o prostituta, dirá que la violación es una experiencia placentera. Y ningún hombre que se considere emocional y mentalmente sano viola a una mujer.

Además, ya sabemos que aquí las mujeres violadas, son doblemente violadas: una por el abusador y otra por el sistema.

Las que se callan, se ponen el trauma encima para toda la vida; las que lo dicen, se exponen a vergonzosos exámenes físicos, a preguntas groseras que les hacen revivir la violación y a veces hasta a amenazas de muerte para ellas y sus familias por haber denunciado el hecho; resulta que de ser víctimas pasan a ser las culpables.

Ha pasado mucho tiempo desde que el “derecho de pernada” le permitía al patrón de la finca o a sus subalternos directos acostarse con las hijas más jóvenes de los trabajadores, con el consentimiento de sus padres y sin el consentimiento de ellas.

Pero la mentalidad del macho está aún en la cabeza y los genitales de muchos hombres guatemaltecos que sostienen y reproducen esta práctica como parte “natural” de las relaciones entre ellos y las mujeres.

Nunca he sido partidaria de falsos moralismos, pero siempre he estado en contra de la violencia en general, de la violencia doméstica en particular y de las violaciones.

¿Cómo se le aplaude a alguien porque patea bien una pelota, si no sabe ni por dónde comienza el respeto hacia otra persona?. Sé bien que por este caso que se hace público, hay otros cientos de casos que se “arreglan” en silencio, porque hay hombres que pueden comprar los favores de la justicia, porque hay jóvenes que son “hijos de papi” y nadie los toca, o porque tienen mucho poder en sus comunidades y nadie se atreve a decirles nada.

Pero eso no nos excusa para dar un paso en la dirección correcta y decirle a la juventud que se pueden cometer errores, pero que se puede dar la cara por ellos y asumirlos como debe ser.

Fuente: www.prensalibre.com


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