Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Unos en la pena y otros...
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 9 de octubre de 2005

Me inclino ante la solidaridad del pueblo guatemalteco.

Lo que durante años no existe para muchos guatemaltecos, queda pornográficamente expuesto cuando se producen tragedias de la magnitud de la que estamos enfrentando por el huracán Stan.

Lo pobre, lo olvidado, lo abandonado, lo mal hecho, todo queda plasmado en esos retratos en blanco y negro que no dejan escapar detalle. A Guatemala le tocó de nuevo verse al espejo, y como decimos aquí, la tormenta “la agarró desprevenida” y desnuda en sus grandes miserias.

Claro que también aflora la solidaridad, y las buenas conciencias se han lanzado con lo que pueden a ayudar a las víctimas. Alimentos, medicinas, ropa, agua, jornadas de trabajo voluntario, todo llega entre bombos y platillos o en completo silencio, según place al donante.

El Gobierno no se da abasto para atender la emergencia y tanto la comunidad nacional como la internacional se vuelcan con ayuda humanitaria “desinteresada”. Sin embargo, es esta última palabrita la que me provoca cierto escozor, porque abundan los ejemplos que muestran que casi nada de lo que es político es desinteresado.

Los países que nos ofrecen “ayuda” aprovecharán, unos más otros menos, para pedir favores a cambio. Por ejemplo, cuando escuché hace dos días por la radio que Japón estaba dispuesto a “ayudar” en esta nueva crisis que enfrenta Guatemala, no pude dejar de pensar en las recientes pláticas que representantes del Gobierno japonés tuvieron con representantes de nuestro gobierno.

“Ayudas” como ésta, que el Japón quiere dar para aliviar un poco las necesidades de los damnificados, no son regaladas y podrían -por ejemplo- comprometer a Guatemala a adherirse a la Convención Internacional para la Reglamentación de la Caza de las Ballenas y su Protocolo, espacio donde nada tiene que hacer un país como el nuestro.

¿Por qué lo digo? Hace apenas algunas semanas, luego de la visita del presidente y de un diputado al Japón, nuestro mandatario le solicitó al Congreso guatemalteco que aprobara una ley que ratifica la adhesión de Guatemala a dicha Convención Internacional.

La intención final sería que, a cambio de estas “ayudas para el desarrollo”, nuestro país diera el voto definitivo en esa Comisión para la apertura comercial de la caza de ballenas, prohibida desde hace casi 20 años en todo el mundo por la Comisión Ballenera Internacional. Nuestro voto sería, entonces, el decisivo para que el Japón cazara ballenas a diestra y siniestra. No cabe duda, unos en la pena y otros... en la política.

Una cosa es la cooperación internacional que se negocia con dignidad, muy necesaria, casi indispensable en ciertos casos, y otra es la mendicidad vergonzosa de una diplomacia que no sabe sostenerse sobre la inteligencia y los principios.

Claro que algunos cavernícolas dirán que poco importan las ballenas frente a un trechito carretero, frente a unas cuantas computadoras o ayudas humanitarias. Todo cabe en la rancia ignorancia de quienes aún no comprenden que el Mitch, el tsunami, el Katrina, el Stan y muchos otros desastres naturales cada día son más frecuentes y más fuertes porque estamos depredando, contaminando, acabando y rompiendo los ecosistemas que por siglos funcionaron como reloj.

¿Siempre ha habido desastres naturales? Cierto, pero investigue y compare con cuánta frecuencia se daban antes de que el ser humano comenzara a intervenir tan abusivamente en el medio ambiente y con cuánta se dan ahora.

La solidaridad de hoy es indispensable, pero la de todos los días, aquella que va más allá de dar un par de suéteres y nos permite reconocer en nuestros semejantes a otros seres humanos, es obligatoria.

Somos un país de enormes carencias y en momentos como éste necesitamos de todo el apoyo posible, pero nuestro gobierno tiene que abrir bien los ojos, porque en una crisis así se pueden cometer errores de enorme trascendencia para el presente y futuro del país y de la humanidad.

Claro que nos necesitamos los unos a los otros para salir adelante, pero antes que ser socios en empresas de muerte, mejor ser socios de la vida.

Fuente: www.prensalibre.com - 081005


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.