Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Volver a la “normalidad”
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 13 de octubre de 2005

La miseria de tantos no es normal.

Antes de Stan, hace apenas unos pocos días, la normalidad en Guatemala significaba que dos tercios de la población guatemalteca vivía en el área rural; que miles de familias guatemaltecas, principalmente indígenas, carecían de tierra, empleo y vivienda; que millones de personas habitaban en lugares inseguros destinados para los olvidados.

Antes de Stan, la normalidad hablaba de la mitad de nuestra niñez menor de 5 años sufriendo de desnutrición crónica (la mayor tasa en América Latina), y por lo tanto, de deficiencias intelectuales y físicas. ¿A esa normalidad queremos volver?

Un paso adelante y otro atrás, dicen los entendidos, pero pronto volveremos a la normalidad. Y cuando las aguas otra vez lleguen a su nivel, muchas de las almas caritativas que hoy se han solidarizado con la tragedia, volverán a imitar a los tres monos sabios y aquí no pasó nada.

Me opongo a esa visión anormal de normalidad, sostenida por ciertas élites con poder económico, social o político durante demasiado tiempo.

Lo normal realmente sería que en un país todos tuvieran suficiente alimento, una buena educación, servicios de salud, seguridad, un medio ambiente sano, acceso a oportunidades de desarrollo, condiciones de vivir en paz, un trabajo digno, una vivienda donde albergar a su familia cómodamente, acceso a la justicia y tiempo para la recreación. La normalidad sería que todos los seres humanos vivieran como tales.

Pero volvamos a la normalidad guatemalteca de antes del Stan, y pongamos uno de tantos ejemplos del absurdo humano. Dentro del presupuesto nacional para el 2006, se proyectó un aumento de Q84 millones para un Ejército guatemalteco que tiene menos tropa (15 mil 500 efectivos) y que este año recibió la nada despreciable cantidad de Q768 millones. Eso, aparte de los Q258 millones que también recibiría para la modernización de sus filas, lo que haría un total de Q1 mil 110 millones para el próximo año.

Difícil cambiar a una nación si los diputados que la representan aprueban seguir gastando más en el ejército que en la educación y salud de su niñez.

Ahora contraste la suma anterior con lo destinado por el Gobierno para el Plan de Emergencia que busca ayudar por seis meses a los 134 mil damnificados del Stan: Q59 millones para ayuda alimentaria, Q31.4 millones para proyectos de higiene y sanidad y Q11.6 millones destinados a la salud. Claro que acá falta calcular infraestructura y otros rubros, pero en lo que se refiere al gasto social de emergencia, esos son los primeros datos.

Por cierto, justo en estos días, los ministros de la Defensa de Centroamérica discuten con su homólogo estadounidense en Key Biscayne dos temas que para el Pentágono se han convertido en prioritarios para el Istmo: crear una fuerza de paz multinacional (¡!) y una brigada de rescate para que ayude en caso de desastres naturales. Eso, posiblemente llegue realmente a justificar tan abultado presupuesto del Ejército.

Volver a la “normalidad” de antes del Stan, significaría repetir históricas y vergonzosas prácticas entre nosotros, significaría tender más olvido sobre los olvidados y seguir poniendo los muertos por miles.

Yo reniego de esa normalidad que oculta la realidad. Si lo que queremos es actuar de manera diferente para no seguir cavando más hondo el agujero donde hemos situado la bandera de nuestro subdesarrollo, mejor sería repensar el país que queremos ser y actuar en consecuencia. Hay que actuar rápido, pero pensar despacio.

Hemos caminado desde el terremoto de 1976 y desde el huracán Mitch de 1998; ahora se auditan las donaciones, se persigue a quienes roban la ayuda, se castiga a algunos especuladores y se denuncia a quienes se quieren aprovechar de la situación.

Es un paso en el camino correcto, aunque haya personas que no lo crean así. La miseria de tantos no es normal, el hambre de tantos no es normal, el olvido de tantos no es normal y la ceguera de tantos no es normal. Así que, por favor, no volvamos a esa “normalidad”.

Fuente: www.prensalibre.com - 081005


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.