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El IGSS y el 20 de Octubre
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 20 de octubre de 2005

¿Por qué el Estado no le paga su deuda al IGSS?

Sería el primer Código de Trabajo, emitido en 1947, una de las cosas que contribuiría a provocar la hecatombe en este país. A pesar de sus tímidas disposiciones, generó un revuelo tremendo, porque además de objetivar los problemas sociales, cuestionó duramente los intereses patronales de entonces.

Es válido recordar que las tres empresas más grandes y con más obreros agrícolas y urbanos que tenía Guatemala en ese tiempo, fueron la UFCO, la IRCA y la Empresa Eléctrica, todas ellas de capital estadounidense.

Unos meses antes, el 30 de octubre de 1946, también durante el gobierno del doctor Juan José Arévalo Bermejo, el Congreso de la República emitía el decreto número 295, conocido como “La Ley Orgánica del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social”.

Nace así “una institución autónoma, de derecho público, de personería jurídica propia y plena capacidad para adquirir derechos y contraer obligaciones, cuya finalidad es aplicar en beneficio del pueblo de Guatemala, un Régimen Nacional, Unitario y Obligatorio de Seguridad Social, de conformidad con el sistema de protección mínima”. (Cap. 1°, Art. 1°).

Esto significaba que los patronos y los trabajadores de todo el territorio nacional, según la ley, debían de estar inscritos como contribuyentes y no podían evadir esta obligación, porque ello significaría incurrir en la falta de previsión social. La verdad, es que eso no ha funcionado como debería.

El IGSS obtiene sus fondos de cuatro lugares: del Estado, de los patronos, de los trabajadores y de las inversiones que realiza. A todos los trabajadores inscritos en planilla, se nos debita mensualmente una cuota según el salario que recibimos, destinada al pago de IGSS.

Pero (y aquí comienzan los “peros”), el Estado le adeuda al IGSS un poco más de cuatro mil millones de quetzales desde hace casi seis décadas; el sector privado le debe aproximadamente 400 millones de quetzales; otras entidades descentralizadas también le adeudan cifras millonarias: la Municipalidad de Guatemala aproximadamente 75 millones de quetzales, la Empresa Municipal de Agua (EMPAGUA) aproximadamente 30 millones, los Ferrocarriles de Guatemala aproximadamente 13 millones y aún no he nombrado a todas las municipalidades del resto del país. Al 2003, la deuda que se tenía con el IGSS ascendía a Q7,364.3 millones.

Estos “olvidos”, más el asalto que los políticos y algunos empresarios de la industria farmecéutica han hecho al IGSS, podría calificarse como un “genocidio técnico”. ¿O acaso se puede olvidar que según la Contraloría General de Cuentas de la Nación, la estafa al Seguro Social realizada en el gobierno anterior totalizaba más de 255 millones de quetzales?

La población guatemalteca que no cuenta con los recursos suficientes para pagarse un buen hospital o comprar medicinas caras, es la que termina pagando estos pecados de acción y omisión.

¿Por qué el Estado de Guatemala no le paga su deuda al IGSS centralizando en el monstruo vacío que hoy es el Hospital Militar, los cuatro centros hospitalarios con que cuenta el Instituto?

¿Por qué no darle un verdadero uso a ese gigante vacío donde apenas se atiende un parto de vez en cuando, mientras que en los hospitales del IGSS se atienden hasta 60 en un día?

Las consultas se mantendrían en distintos lugares del país, pero la atención hospitalaria se centraría en un solo lugar, con lo cual se abaratarían costos, se haría una reingeniería de procesos y acabaríamos con la vergüenza de sostener ese elefante blanco que está desperdiciado y que cuenta con buenos equipos e instalaciones.

Con el resto de la deuda, habría que continuar según lo planteado por las mismas autoridades del IGSS: que las municipalidades la salden en cuatro años y las empresas privadas en dos.

La privatización del IGSS no es el final del camino y como siempre ponemos los ojos en otros modelos, habría que ver lo que pasó en Estados Unidos luego de que se privatizara el sistema de atención primaria y hospitalaria; a pesar de ser considerado el país más rico del mundo, más de 35 millones de personas están excluidas de su actual sistema de salud, ya que es uno de los más caros del mundo. ¿De qué y cómo se mueren los guatemaltecos y de qué y cómo queremos que se sigan muriendo?.

Fuente: www.prensalibre.com


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