Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

La fortaleza invisible
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 29 de octubre de 2005

Fuimos saliendo en fila de la más grande a la más pequeña...

El 23 de octubre de este año se publicó, en este mismo periódico, un conmovedor reportaje sobre los héroes que surgieron de la tormenta y que, “entre el lodo, bajo el agua, en el aire, en la carretera, (...) sacaron fuerzas de flaqueza”.

Indudablemente, estos hombres fueron y siguen siendo importantes y valiosos para levantar a Guatemala en momentos como el que vivimos y para reconstruir el tejido social en los tiempos que vendrán.

Cientos de seres humanos que vivieron de cerca la tragedia, están vivos gracias a ellos.

Sin embargo, en ese mismo reportaje, las mujeres no aparecieron por ningún lado.

No aparecieron aquellas que murieron soterradas en sus casas por salir de último tratando de salvar a su familia (y según parece más de la mitad de los muertos por Stan son mujeres).

No se habló de esa mujer indígena que al ser desenterrada llevaba en su espalda una niña de 3 años y en los brazos un bebé de meses.

No aparecieron las mujeres que, como Leticia y Doña Chica, atendieron de sol a sol a las personas que acudieron a la Clínica de Salud de Santiago Atitlán desde comunidades cercanas y lejanas.

“Esa madrugada” —dice Doña Chica, enfermera indígena viuda de la guerra— “nos despertaron los bomberos voluntarios para avisarnos que llegaba gente herida y que debíamos abrir la clínica porque era el único lugar de atención. (...) Personas heridas, enfermas, mujeres parturientas, gente que necesitaba ser operada, gente amputada, etcétera.

Agraciadamente las pudimos atender con el apoyo de toda la comunidad y nuestra experiencia”. (En Relato personal de un diluvio universal focalizado, de María Suárez.

Tampoco apareció doña Concepción Chopén, cuyo testimonio habla de su valor y del de su hija: “Cuando me di cuenta, ya tenía el agua hasta el tobillo.

Fue un estruendo tan fuerte que me sacudió la cama. (...) Empecé a tientas, porque lo primero que se fue, fue la luz eléctrica, a ver cómo y por dónde sacar a mis hijos.

Ya tenía el agua hasta las rodillas cuando logré encender un costal para que el fuego me alumbrara.

Cosa extraña, por primera vez esa noche había yo metido dentro de la casa una escalera que usamos para bajar frutos y arreglar el techo, (...) una gran cantidad de lodo nos llegaba a la cintura, cuando empecé a levantar a cada uno de mis hijos, todos menos la grande, bien pequeños.

Fuimos saliendo en fila de la más grande a la más pequeña. Éramos tantos y había tanta correntada que en un determinado momento creí que tendría que escoger cuáles hijos llevarme y cuáles dejarle a la corriente. No tuve criterio.

O todos o ninguno, me dijo mi hija cuando vio lo que me pasaba por la mente. Al salir veíamos pasar mesas, sillas, cadáveres, televisores, piedras inmensas, como si fueran nada.

Cuando salimos sentí que las fuerzas se nos agotaban y fue allí cuando empecé a cantar para que mis hijos tuvieran fuerzas para seguir contra la corriente.” (También en el relato de María Suárez.)

Hay que hablar de la fortaleza de tantas mujeres que, aún frente a las condiciones más adversas, cantan para que sus hijos sigan vivos.

Las que trabajan de 14 a 18 horas diarias en condiciones normales, y en estas circunstancias, aún más.

Quizá esa invisibilidad se debe a que lo que para unos es heroísmo para otras es el cotidiano.

Pero no podemos dejar de mencionar a las mujeres de estas comunidades, porque lo que se nombra existe.

Ellas son las que, antes, durante y después de la tragedia reconfiguran el tejido social comunitario, son las que comen de último, hablan de último, salen de último, pero se levantan y mueren de primero.

Hago mías las palabras de Patricia Galea: “Es función nuestra visibilizar las estrategias que históricamente y de manera organizada han impulsado las mujeres mayas desde una lógica diferente, la del cuidado, en estas situaciones.

En la guerra ellas desarrollaron liderazgos que ahora las colocan en una posición de ventaja para saber cómo distribuir la ayuda y reconfigurar el tejido social. Si no se les toma en cuenta, todo el mundo pierde”.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.