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Urge el TPS
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 12 de noviembre de 2005

Todos somos o venimos de inmigrantes que en algún momento decidieron abandonar sus países para buscar mejores oportunidades de vida

A Guatemala le urge que Estados Unidos y México aprueben el Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés) para los trabajadores inmigrantes guatemaltecos que están varados en México y para los que ya están en Estados Unidos.

Acostumbrados como estamos a extender la mano hacia el Norte, esta vez no pedimos dinero, sino apoyo humanitario en un momento de crisis, porque el Stan apenas comienza.

No estamos pidiendo más de lo que solicitaron los hondureños y salvadoreños después del Mitch; el TPS sería apenas una medida temporal que permitiría que no deportaran a los inmigrantes que ya están en esos países, porque ahora ni hay capacidad en Guatemala de recibirlos de regreso, ni podríamos recuperarnos sin las remesas que ellos envían. Sólo este año se calcula un ingreso por remesas de US$3 mil millones al país.

Inaceptable sería la iniciativa que Bush viene proponiendo hace ya algún tiempo para los trabajadores temporales que llegan a ese país.

Esa propuesta no tiene nada de propuesta: los inmigrantes estarían obligados a volver periódicamente a su país de origen, lo cual no sólo implicaría gastos muy fuertes para ellos, sino también la inseguridad de saber si volverían a ser contratados o no.

Además, establece que no podrían obtener licencias para conducir, lo cual impediría su libre circulación por ese país y la consecución de mejores trabajos. Y, finalmente, no les ofrecería ningún tipo de seguro. A cambio, tendrían que pagar impuestos como todo el mundo. ¿Dónde queda el ser humano dentro de una iniciativa como ésta?

No es posible que los camiones con mercancía que cruzan las fronteras posean hasta un seguro que protege los productos, mientras los seres humanos que transitan por los mismos lugares sigan siendo tratados peor que animales.

En un contexto de fronteras cerradas, el TPS podría parecer un contrasentido, pero el lado positivo es que hasta podría ayudar a regular y ordenar los procesos migratorios hacia el norte.

Tres gobiernos de la región pusieron el tema sobre la mesa en la reciente Cumbre de mandatarios celebrada en Mar del Plata.

Poco pudieron negociar sobre el asunto, en ese espacio donde otros discursos ocuparon la marquesina principal del teatro político, pero por lo menos el tema quedó en el tapete.

Será ahora la capacidad negociadora de nuestros cancilleres lo que lo haga avanzar o retroceder, entre otras cosas.

Ya veremos luego hasta dónde se inclina el dedo de los mandatarios de Estados Unidos y México.

Por cierto, inmediatamente después del paso del Stan, el Gobierno mexicano ofreció el TPS para los inmigrantes guatemaltecos.

La Prensa dio una amplia cobertura a la noticia en un momento en que los ojos del mundo se posaban sobre esta región, y acá nos alegramos de una disposición tan apropiada a nivel político, pero sobre todo a nivel humano.

Sin embargo, pasan los días y nada se ve claro, porque el trato a los inmigrantes sigue siendo el mismo en ese país y sus fronteras, y los funcionarios de ese Gobierno no han dado más declaraciones al respecto.

Diversas organizaciones de inmigrantes en Estados Unidos y varios grupos de la sociedad centroamericana nos unimos a la petición de nuestros gobiernos, porque creemos que es la oportunidad de rehacer la plana del desarrollo en nuestros países.

Si hemos aceptado un Tratado de Libre Comercio (TLC) que de libre e igualitario no tiene mucho, ¿por qué no habríamos de pedir para nosotros un TPS?

Todos somos o venimos de inmigrantes que en algún momento decidieron abandonar sus países para buscar mejores oportunidades de vida. Todas las familias cuentan entre sus miembros a personas que, hoy o ayer, se aventuraron, aun a riesgo de la propia vida, a emigrar.

Y no estaría de más decir que el siglo 21 es un siglo de nómadas que no dejarán de ir tras sus sueños, no importa cuáles sean estos.

Estados Unidos es un país levantado sobre los hombros de los inmigrantes de entonces y de ahora, y México siempre abrió sus puertas a la ciudadanía del mundo. Ojalá no lo olviden cuando volteen la vista hacia abajo.

Fuente: www.prensalibre.com


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