Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 2 - 2005

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Una ley que apesta a azufre
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 24 de noviembre de 2005

El coco que de niños nos asustaba, sigue haciéndolo.

La semana pasada fue aprobada en el Congreso de la República el decreto 87-2005 “Ley de Acceso Universal y Equitativo de Servicios de Planificación Familiar y su Integración en el Programa Nacional de Salud Sexual Reproductiva”.

Al principio patalée y pensé que esta ley podría sustituir la histórica Ley de Desarrollo Social, ampliamente consensuada y aprobada en 2001 por diversos sectores de la sociedad guatemalteca (incluida la Iglesia Católica).

Sin embargo, cuando leí la versión del decreto 87-2005 que fue presentada en el Congreso, encontré que el artículo 24 dice claramente que “se deroga toda aquella disposición de igual o inferior jerarquía que se oponga a la presente ley”.

Allí estaba la clave: no hay ningún tipo de oposición entre ambas leyes. Es más, son complementarias. Claro que tiene deficiencias de procedimiento como el no haber sido consensuada, pero quizás el ponente no quería enfrentarse a una moral barroca y expiatoria, donde los prejuicios y las supersticiones prevalecen sobre la razón.

Por supuesto, y como era de esperarse, saltaron aquellos que ven demonios coronados por todas partes y anunciaron a soto voce la palabra “aborto”. De nuevo el mismo caballito de batalla es usado por la Iglesia católica y por ciertos grupos ultraconservadores que le hacen el coro.

Esto me recuerda que, varios años atrás, el arzobispo Penados del Barrio se justificó ante la prensa nacional luego de que su Iglesia hubiera dicho que había una conspiración de Naciones Unidas para legalizar el aborto en el mundo. En un recorte de prensa queda para la historia lo que él dijo: que a veces la Iglesia tenía que “ser dura y mentir”.

¿Cómo dejamos en manos de los señores de la Iglesia las decisiones sobre nuestra sexualidad, nuestra reproducción y nuestro cuerpo? ¿Qué saben de la moral sexual y reproductiva estos especialistas en morales ajenas? ¿Qué saben estos hombres supuestamente célibes y castos sobre los cuerpos de las mujeres? ¿Cómo es posible que la misma sociedad que condena a las madres solteras y desprecia a los mendigos sea la que se oponga a los métodos anticonceptivos no naturales?. No cabe duda; el coco que de niños nos asustaba, sigue haciéndolo.

En el artículo “Mujer, si puedes tú con Dios hablar” de Francisco Pérez de Antón, se le habla así a la mujer: “Te engañarías, no obstante, si creyeras que el rechazo del Vaticano a tus derechos sexuales es un problema de índole moral, como la Curia dice.

Tampoco es un problema teológico(...). La verdad es que se trata de un asunto político que Roma considera de vida o muerte. Y no por lo del aborto, sino porque, de la política poblacional que sigan los países católicos pobres, depende que el catolicismo pierda o no la cabeza”.

Continúa: “¿Y sabes una cosa? Que la única que puede evitarlo eres tú, mujer de América Latina. Tu vientre es la esperanza de Roma. Sin él, el poder del Papa y de su corte se vería gravemente mermado.

Una mujer embarazada, analfabeta, sumisa y multípara es todo lo que el Vaticano necesita para no perder el primero lugar en el ranking de todas las creencias. Reconocer tus derechos, en suma, equivaldría a perder su dominio sobre ti. El catolicismo es el único credo practicado mayoritariamente por mujeres y gobernado minoritariamente por hombres”.

Cuando la palabra aborto suena, todo el mundo se acuerda de las vidas que están en los vientres de millones de mujeres. Luego se calman las aguas y pocos hacen algo por las familias de las mujeres que mueren dando a luz o por los millones de niños y niñas que corren el riesgo de no crecer y desarrollarse en el mundo satisfactoriamente gracias a la pobreza, la violencia o el VIH/SIDA.

El decreto 87-2005 complementa la Ley de Desarrollo Social y la amplía en cuanto a los métodos y mecanismos de planificación familiar; ambas están en Guatemala para recordarnos que podemos decidir libre y responsablemente sobre nuestra vida sexual y reproductiva, sin más coacciones que nuestra propia realidad y nuestra clara conciencia del mundo que habitamos.

Todo lo demás, es pura paranoia.

Fuente: www.prensalibre.com


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.