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País de concesiones y mendigos
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 26 de noviembre de 2005

Parece que nuestros líderes políticos no saben de historia

En 1859, el presidente Rafael Carrera terminó otorgándole a Inglaterra el territorio beliceño a cambio de una carretera que el Gobierno británico nunca construyó.

Ciento veintidós años después, los ingleses se libraron de este territorio ya escaso en maderas preciosas, concediéndole la independencia a Belice. Guatemala perdía definitivamente 23 mil kilómetros cuadrados de territorio.

En el siglo 19, Justo Rufino Barrios firmó un tratado de límites que favoreció grandemente a México y perjudicó en igual medida a Guatemala.

Esto dejó al país sin 82 mil kilómetros de territorio que correspondían a la región del Soconusco. Las buenas intenciones de Barrios de unir a Centroamérica, se vieron entonces opacadas por este lamentable error.

Más cerca, en 1942, durante el gobierno del dictador Jorge Ubico, y bajo la protección de la Oficina de Custodia de las Propiedades Extranjeras de Estados Unidos, la Central American Plantation Corporation llegó a un acuerdo con Ubico, en el que Guatemala le cedía a Honduras un 12.86 por ciento de la Sierra del Merendón.

Según un análisis del Colectivo de Organizaciones Sociales (COS), “El gobierno de Arzú concesiona los bienes de Fegua a la empresa Ferrovías en 1997, por 50 años y con derecho a 5 prórrogas de 10 años cada una.

El contrato adquirió la modalidad de ‘usufructo oneroso, que implica que Ferrovías tiene derecho a usar todas las propiedades de Fegua, despreocupándose de devolverlas intactas. Para el año 2004 el Estado ha recibido Q3.2 millones.

Pero Fegua le adeudaba a Ferrovías Q16 millones de un fideicomiso (contrato 402 de 1997). A pesar que el contrato indica que se debe promover el servicio de pasajeros, Ferrovías ahora dice que esto ‘no es rentable’. (...)Nunca se cumplieron los objetivos del negocio, la maquinaria se ha convertido en chatarra y si el Estado revisa el contrato, puede ser demandado por la empresa Ferrovías”.

En el caso de la autopista Palín-Escuintla, también concesionada en 1997, el COS señala que el Estado construye la carretera y se endeuda con US$50 millones, mientras que la empresa Marnhos, sin invertir en el proyecto, ha cobrado ya más de Q300 millones. En promedio Marnhos recibe mensualmente Q 15.9 millones y el Estado Q159 mil. ¿En función de qué se actualiza la tarifa cada seis meses?

Parece que nuestros líderes políticos no saben de historia, porque el FRG y ahora también el gobierno de la Gana siguen abriéndole las puertas a una empresa de minería de oro a cielo abierto que dejará poblaciones enteras sin agua y con los suelos totalmente contaminados de cianuro, además de que el Estado recibirá apenas un insignificante un por ciento de las ganancias.

Y más aún, con una rapidez impresionante que no han demostrado en la aprobación de otras leyes importantes, los diputados de todas las bancadas “opositoras” aprobaron los proyectos de la Transversal del Norte y el Anillo Metropolitano, que supuestamente los tenían enfrentados y que —aún sin ser del todo malos— no están ni consensuados, ni nos cuentan a cuántos años se beneficiarán quiénes, ni nos definen el impacto que los mismos tendrán sobre las poblaciones asentadas por donde estos pasan, ni qué le pasará a Guatemala con ellos, ni con qué recursos contamos para apuntalarlos, ni cuánto más nos endeudaremos.

Según el COS, “el costo por kilómetro sería de hasta 1.7 millones de dólares, cuando el costo real (actualmente según Caminos) es de 1.7 millones de quetzales.

El Estado deberá incluir este pago dentro de su Presupuesto Anual de Egresos. El monto final puede ascender hasta 600 millones de dólares, o 4800 millones de quetzales”.

Por otra parte, el Congreso con seguridad aprobará el lunes un presupuesto 2006 que apenas le otorga un 19 por ciento a la inversión social (a pesar del Stan), y que obliga al Organismo Judicial a seguirse manejando con los mismos fondos, entre otras muchas deficiencias.

Por otra parte, se evidencia la baja recaudación fiscal gracias a la impunidad en este tema y el endeudamiento público del país que supera los Q45 mil millones.

A este paso, Guatemala terminará siendo una gran carretera bordeada de pobreza, un país eternamente limosnero.

Fuente: www.prensalibre.com


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