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Cuidado con las imitaciones
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 10 de diciembre de 2005

La economía chilena no habría sido mucho sin el cobre.

Muchos creyeron que Chile era el modelo a imitar. Los ingredientes de la receta que algunos consideraron perfecta, se resumen en tres: Pinochet “limpiando” al país de los comunistas e imponiendo un “sólido” orden moral y político; los Chicago Boys con su “ladrillo” bajo el brazo, dictando las reglas de una economía de mercado que supuestamente se derramaría hacia toda la población; y una derecha poderosísima manejando los hilos de la política y dejando el control de más del 80 por ciento del producto interno bruto en las manos de sólo 16 grupos económicos.

Pero el tiempo permite ver las cosas con mayor claridad. La ultraderecha chilena, con tal de preservar el orden político y económico que ha levantado, ha sacrificado a su corifeo principal y le ha dado la espalda.

Por supuesto, si lo han dejado solo, no ha sido por los más de tres mil desaparecidos durante su dictadura ni por los casos de derechos humanos que lo han tenido de juicio en juicio desde finales de los años 90, sino por los escándalos de corrupción que demuestran que Pinochet tiene una cantidad exorbitante de dólares en bancos extranjeros, producto de sus diez y siete años de dictadura. El ex dictador deja de ser un símbolo.

Por otro lado, los economistas han de saber que cuando Pinochet asumió el poder, se abrieron las puertas a la importación, pero se cerraron a la producción industrial chilena. Esa economía de “puertas afuera”, quebró definitivamente al sector industrial del país y convirtió a Chile en una economía basada principalmente en la explotación de cinco recursos naturales, entre ellos el mineral.

Ahora muchos critican a Chávez por nacionalizar el petróleo, pero Pinochet reservó para el Estado la propiedad de los recursos naturales durante todo su gobierno y lo convirtió en el mayor productor mundial de cobre. Hasta hoy, el usufructo cuprífero lo maneja la empresa estatal Codelco, y ningún presidente ha mencionado siquiera venderla.

Ojo, presidente Berger, porque si al oído le han susurrado algo de conceder los recursos minerales de Guatemala a compañías de otros países, le convendría ser cuidadoso y ver cómo los recursos naturales de un país se convierten no sólo en una de sus principales fuentes de ingresos, sino en uno de los bastiones para negociar muchas cosas desde el ámbito político.

Si les regala nuestros recursos naturales a los mineros de otros países, no sólo perderemos nuestros recursos, sino nuestra escasa fuerza política.

La economía chilena no habría sido mucho sin el cobre. Pablo Ramos señala que “de cada 100 dólares exportados, 40 son producto de un recurso natural existente en el territorio por cuestiones ajenas al “modelo” que se pretende elogiar, y que genera muy poco valor agregado a la economía. Después de treinta años de estas políticas tan alabadas, Chile exporta lo mismo que antes –aunque en volúmenes mucho mayores, claro está-. ¿Qué pasa con los otros cuatro productos (pesquero, vitivinícola, forestal y frutícola)?”.

Chile ha introducido mejor tecnología para aumentar la productividad en los cinco rubros arriba mencionados y ya compite –por ejemplo- con países como Noruega en la producción de salmones, pero los salarios que se pagan en uno y otro país marcan una gran diferencia. Chile, después de treinta años, sigue exportando básicamente los mismos productos de bajo valor agregado y depende de las demandas de países como China o de otros factores externos para sostener su economía. ¿Y cómo están hoy los chilenos en general?

“Los sectores asalariados”, dice Ramos, “pasaron los últimos seis años sin ajustes en sus salarios, y padeciendo severas reestructuraciones de personal, con despidos masivos en los años 2000 y 2001.

El sector moderno de la economía sólo da trabajo al 15 por ciento de la fuerza laboral chilena. No existe “derrame” sobre las pequeñas y medianas empresas (Pymes) del restante 85 por ciento. O, en otros términos, de cada 100 chilenos, 85 se quedan afuera del “modelo” que hay que copiar”. Dos décadas de crecimiento económico que no lograron recrear una clase media y agrandaron la brecha entre quienes tienen mucho y quienes tienen poco.

El economista Ricardo French Davis asegura que si se toma el salario promedio de toda la gestión Pinochet, es menor que el salario promedio de la década del 70. ¿Ese es el modelo que algunos insisten aún en imitar?

Fuente: www.prensalibre.com


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