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Tomar en serio a la niñez
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 15 de diciembre de 2005

Nuestra niñez transita entre los caminos de Disneylandia y las inhóspitas veredas de los lugares más miserables de Guatemala.

Más de la mitad de los nacimientos que se dan en el mundo en desarrollo no se inscriben en un registro y esto hace que más de 50 millones de niños y niñas no tengan categoría de ciudadanos y que sean aún más vulnerables ante las mafias que se dedican al tráfico, explotación o el comercio sexual infantil, entre otras.

Ya sabemos que lo que no se nombra no existe ni en las estadísticas y que lo que no existe tampoco puede ser sujeto de derechos. Dicho de una manera simple, los niños y niñas que carecen de identidad oficial no cuentan, y por lo tanto, no se len toma en cuenta. Este es apenas uno de los datos relevantes del informe Estado Mundial de la Infancia 2006, producido por UNICEF.

Detrás de una abrumadora realidad que nos dice que hay millones de niños y niñas mendigando en las calles, que más de 1 millón vive en centros de detención, que miles participan en conflictos armados, que 171 millones trabajan en condiciones peligrosas, 150 millones son discapacitados y que más de 10 millones son prostituidos o sufren de explotación sexual, hay que reconocer la influencia definitiva de Estados incapaces de cuidar y desarrollar a su niñez, porque es una problemática que no se toma demasiado en serio.

Más allá de todo, está la concepción generalizada de que los niños y niñas son seres “menores” a los que hay que tratar casi como discapacitados, e incluso algunos llegan a ser considerados propiedad por sus mismos padres. Es cierto que son vulnerables y están en periodo de formación, pero eso refuerza más el argumento de que hay que tomarlos en serio, escucharlos, saber que sus juegos no son simples pasatiempos, que también tienen grandes problemas y sueños y que tienen una visión autónoma y muy honesta del mundo.

Está tan extendido eso de no tomar en serio a la niñez, que en muchos lugares a los niños y niñas los atienden bien sólo si van acompañados de algún adulto; en muchas casas sólo los escuchan de verdad cuando lloran, patalean o hablan como bebés; y en general, se ven excluidos de infinidad de conversaciones y espacios porque se supone que ellos son medio tontitos y no saben lo que dicen.

¿Y cómo no van a crecer como si tuvieran alguna discapacidad si muchos sólo conocen desde pequeños un mundo de fantasía con todo y su Mickey Mouse, su Bella Durmiente y su Superman y otros, por el contrario, conocen una realidad que los ahoga y que los tiene viviendo al margen de toda posibilidad que pueda considerarse humana?

Así, nuestra niñez transita entre los caminos de Disneylandia y las alejadas e inhóspitas veredas de los lugares más miserables de Guatemala. En cualquier caso, el silencio sigue siendo un hilo conductor para todos, y hasta en el aula sobresalen aquellos que no dicen nada, que no emiten su opinión sino sólo repiten como loros la lección, que no protestan y casi ni se mueven de su lugar. Nuestra sociedad les pone verdadera atención a los niños, niñas y jóvenes en dos circunstancias: cuando son víctimas (violados, golpeados, desnutridos o asesinados) o victimarios (mareros o delincuentes juveniles).

Todas las anteriores son reflexiones motivadas por la lectura del informe Guatemala: los rostros de la niñez y la adolescencia en los medios impresos, presentado el día de ayer por La Nana (Agencia de Noticias a favor de la Niñez y la Adolescencia).

Un informe muy bien trabajado, tanto en su metodología, como en su forma y contenido, que aborda el tema desde la perspectiva de la comunicación social y que no se queda sólo en ofrecer el producto de un monitoreo en 7 medios de comunicación escritos, sino que presenta una propuesta a través de un Manual de Periodismo y Niñez.

¿Cómo se habla y qué se habla de los niños y las niñas en los medios de comunicación impresos? ¿El rostro de la niñez en la prensa es el mismo que tiene ésta en el resto de la sociedad? ¿Comenzamos a tomar en serio a nuestra niñez y juventud para que nuestro presente y nuestro futuro cambien en serio?

Fuente: www.prensalibre.com


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