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Más candados en las fronteras
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 17 de diciembre de 2005

El 2005 no ha sido el mejor año para los migrantes..

En teoría, el tema migratorio está en las agendas prioritarias de gobiernos, organizaciones de derechos humanos, instituciones académicas, grupos de inmigrantes en Estados Unidos y medios de comunicación de todo el mundo.

Nunca como hoy se había hablado tanto de la migración, de las remesas que aportan los emigrantes a sus países de origen, de los derechos humanos inherentes a su condición o del perverso modelo de desarrollo que los ha obligado a buscar mejores oportunidades de vida. Pero entre más se abren las posibilidades de nombrar el problema y reconocerlo, más se cierran las fronteras de los países de llegada.

En el siglo XXI proliferan los tratados de libre comercio que permiten a mercancías y productos circular libremente y con toda la seguridad necesaria entre los países; se abren espacios para que los capitales transiten sin problemas, rompiendo las barreras que el mundo globalizado hace desaparecer.

Pero los seres humanos tienen cada día más problemas para desplazarse entre unos países y otros; da la impresión de que el modelo globalizador le ha abierto la puerta de la casa a las mercancías y le ha cerrado la cerca del patio a las personas que migran.

El 2005 no ha sido precisamente el mejor año para los migrantes de todo el mundo, y estallidos como el que se produjera recientemente en Francia sólo confirman la situación de marginalidad que viven ellos y sus familias en los países de llegada.

Cuando los gobiernos tienen discursos “progres” pero definen políticas de exclusión para los hombres y mujeres que llegan de fuera a realizar los trabajos que los locales no quieren hacer, el estallido sólo se convierte en una cuestión de tiempo. No se puede obligar a los inmigrantes a cumplir con las obligaciones ciudadanas del país receptor, si al mismo tiempo se les condena a vivir un estatus de appartheid.

Hay diversos grupos que, en Guatemala y fuera de ella, siguen apostándole a un TPS (Estatus de Protección Temporal) para los inmigrantes guatemaltecos. Después del paso del huracán Stan por el país, lo menos que se podría esperar es que Estados Unidos y México repensaran temporalmente sus políticas migratorias, y contemplaran (en el caso de Estados Unidos) la posibilidad de no deportar a los cerca de 25 mil guatemaltecos que se encuentran en situación de deportación y que vendrían a aumentar la hambruna y la inseguridad del país en momentos en los que apenas comenzamos a sentir los verdaderos estragos del desastre ocurrido.

Otras de las cosas que contemplaría el TPS sería la posibilidad de ofrecer un permiso temporal para trabajar a los inmigrantes, la habilitación de un registro para la seguridad social, la capacidad para adquirir bienes y la capacitación al o la migrante y a sus familias.

Seguir deportando a los migrantes no sólo traería más bocas a un país con hambre, sino que afectaría el envío de remesas, que ahora se constituye en un primerísimo rubro de ingresos para el país.

Sin embargo, el gobierno del presidente Bush comienza a dar señales de lo que parece ser una respuesta a peticiones como la anterior. En un contexto de seguridad y terrorismo, donde los estados policiales se han extendido hasta las fronteras, la ya muy sonada Ley Sensenbrenner parece ir anidando.

Esa ley de seguridad fronteriza será votada la próxima semana en el Congreso estadounidense y de encontrar los suficientes adeptos, se pueden ya predecir masivas deportaciones, más violaciones a los derechos humanos de los migrantes, y problemas económicos y políticos entre Guatemala y Estados Unidos.

Pero sobre todo, es una ley que criminalizaría a los migrantes; si ahora les colocan el cartel de delincuentes sólo porque son “hispanics”, después de una norma como esa, el estigma se legitimaría.

Entre otras cosas, la ley de seguridad fronteriza busca fortalecer las fronteras con 700 mil nuevos agentes, negar la ciudadanía a hijos de indocumentados nacidos en Estados Unidos y sancionar a quienes contraten a personas indocumentadas. Cerrar las fronteras no impedirá la migración, y por el contrario, provocará más muertes; poner candados sólo aumenta el coraje de quien está del otro lado de la puerta.

Fuente: www.prensalibre.com


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