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Vitrina navideña
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 22 de diciembre de 2005

Los “shoppings” se han convertido en el paseo dominical de familias enteras

Muy eventualmente en- tro a un centro comercial y aún más eventualmente compro algo en esos lugares. Pero hace unas dos semanas fui con mis hijos porque querían que los acompañara a ver su regalo de Navidad y ante eso uno pocas veces se niega. No había aún tanta gente, pero sí nos cruzamos con varias madres paseando con sus hijos en edad escolar y con varios jóvenes deambulando y haciendo nada. Esos espacios que representan para muchos el espejismo del progreso y el desarrollo, son grandes vitrinas de seudorrealidad.

Los “shoppings” se han convertido en el paseo dominical de familias enteras que se reúnen en torno a mercancías de todo tipo y en el lugar más seguro para los adolescentes y jóvenes que corren el riesgo de morir de un balazo perdido o no tan perdido en las calles, buses o parques del país. En vez de reuniones en las esquinas de los barrios citadinos, la juventud se reúne en el tercer piso del “shopping” tal, enfrente de la tienda cual. Y en lugar de que las familias tengan actividades al aire libre, cada vez más gente llega a pasar su tiempo libre (valga la redundancia) dentro de estas grandes galeras, en donde otros les fabrican una diversión basada en el sólo mirar y desear.

En estos espacios neofeudales a los cuales asisten personas “libres” de toda la sociedad guatemalteca, el espíritu navideño se vive al máximo. Incluso en uno de los “shoppings” me cuentan que es posible ver caer nieve todas las noches, regalando así el espejismo de una blanca y nevada Navidad al estilo europeo o estadounidense, en un país eminentemente tropical. Pero los centros comerciales también tienen sus ventajas y además, ¿por qué no regalarle el espectáculo de la fantasía a una población cansada de vivir una realidad tan difícil? Algunos se preguntarán ¿por qué tenemos que arruinar nuestra navidad pensando en los que nada tienen? Por cierto, esto de la conciencia se convierte, para algunos, en algo muy molesto en estas épocas. Pero no tienen nada de qué preocuparse, porque existe un remedio infalible: un “neo discurso” que calma cualquier conciencia porque según el mismo cada quien tiene lo que se merece; porque quien no tiene es porque no trabaja; porque todos nacemos igualmente pobres, y porque —además— no tenemos por qué sentirnos responsables por nadie. Gracias a Dios, para estos algunos, existen calmantes tan efectivos para males tan molestos como el de la conciencia, porque nadie vino a este mundo a sufrir.

Pero volviendo al tema, las únicas vitrinas no son las de los centros comerciales. Están también las vitrinas que Guatemala ha expuesto recientemente ante el mundo. En estas se exhiben los zapatos de tacón de punta que alguna señora envió a los damnificados del Stan, el ataúd blanco y pequeño para el próximo cuerpo desnutrido, los toneles de una transnacional farmacéutica conteniendo droga líquida, la ropa de la difunta esposa del diputado que la mató a golpes, el condón con hoyos que Berger le regaló a toda la gente pobre de este país, las esposas para enchachar a políticos y empresarios ladrones y corruptos, las armas que terminaron con la vida de los campesinos en un desalojo de tierras, los pasaportes de los policías metidos en el narconegocio y atrapados en Estados Unidos, la gorra del soldado guatemalteco que murió en la guerra de Irak, los zapatos tenis deshechos de algún migrante deportado recientemente, la pluma con la que se firmó el TLC, entre otras muchas cosas.

Fuera de vitrinas y música de perreo, ¡Feliz Navidad! Si algo bueno se le puede sacar a esta época, es la posibilidad de vivirla. Quienes tenemos la dicha de tener unas pequeñas vacaciones, de escribirnos o juntarnos con amigos y amigas del corazón para tomarnos un buen café y platicar, de compartir con los hijos sin tener que pensar en salir corriendo para el trabajo, ya tuvimos nuestro regalo. Esta época nos permite también confirmarles a aquellos que hemos acompañado durante el 2005, que seguimos presentes en sus vidas, con lo poco o mucho que hemos aportado. ¿Deseos? Una Guatemala distinta, más humana, más solidaria, con más comida y menos armas, con más libros y menos drogas, con más trabajo y menos discursos, con más justicia y menos recetas económicas, con más humor y menos dolor. Con más amor. Eso, creo, lo engloba todo.

Fuente: www.prensalibre.com


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