No es pobreza
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 21 de diciembre de 2006
Un perverso círculo de la desnutrición abarca hasta tres o cuatro generaciones: de bisabuelos desnutridos, abuelos desnutridos, padre y madre desnutridos, niñez desnutrida.
El hecho de que tantos niños y niñas en el mundo padezcan una desnutrición crónica, no es tanto una cuestión de pobreza, sino de miseria humana. Miseria que aquí se entiende como olvido del otro, deshumanización, falta de responsabilidad humana, ausencia de solidaridad con el resto de personas que habitan no sólo el mismo país que el mío, sino la misma región, el mismo continente, el mismo planeta.
Si no, ¿cómo explicamos el siguiente dato que nos proporciona el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef)?: “De los 146 millones de niños menores de 5 años con bajo peso en el mundo en desarrollo, 106 millones -73 por ciento- viven en sólo 10 países”.
¿Y por qué si Guatemala expresa en cifras estadísticas menor pobreza que Nicaragua y Honduras, por ejemplo, tiene el más alto nivel de desnutrición en Centroamérica? Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), “49 por ciento de los niños sufre de desnutrición crónica en Guatemala, lo cual demuestra que ocupa el peor puesto en materia de inseguridad alimentaria en la región”.
Contamos ya en Guatemala con la legislación y la institucionalidad apropiadas para enfrentar dicha problemática; hay acuerdos políticos importantes en este sentido, y alimentos no escasean. Entonces, ¿qué es lo que nos falta?
Esto se amarra con la existencia, en nuestros países en vías de desarrollo, del sur o pobres, como quiera llamarlos, de un perverso círculo de la desnutrición que abarca hasta tres o cuatro generaciones: de bisabuelos desnutridos, abuelos desnutridos, padre y madre desnutridos, niñez desnutrida. ¿Por dónde cerraremos el círculo?
Con el asistencialismo al que estamos acostumbrados y las lágrimas que sacan un par de viajes a Camotán, Jocotán o San Pablo La Laguna, no se hace mucho, aunque las intenciones sean las mejores. Hay que acompañar a las personas en el camino y apoyarlas de muchas formas, que no son precisamente mandándoles un par pantalones o una bolsa con comida.
El Gobierno guatemalteco, por ejemplo, asigna recursos para el vaso de leche en el nivel escolar, pero ¿qué pasa con los niños y niñas en edad preescolar? Esa es justamente la etapa donde la desnutrición comienza a hacer estragos.
Hay que ir al municipio. Según Unicef, en su documento “Progreso para la infancia”, citado también arriba, “los niños de las zonas rurales tienen dos veces más probabilidades de sufrir de bajo peso que los de las zonas urbanas”. Desarrollar una estrategia municipal para paliar este y otros problemas, plantea posibilidades incalculables, porque en el nivel municipal se tratan los problemas in situ, no a control remoto.
Aunque se hable en este país de descentralización, realmente es una descentralización más formal que real, porque en la práctica las autoridades locales adquieren unos fondos para administrar que no corresponden al tamaño de la responsabilidad que enfrentan. Muchos quizás ni se habrán dado cuenta.
Hay que cambiar las pautas culturales machistas, verticalistas, autoritarios y egoístas que prevalecen en Guatemala al día de hoy. Las mujeres que en el futuro quizás serán madres deben educarse más y tener acceso a mejores oportunidades indudablemente, pero los hombres que en un futuro quizás sean padres, también deben estar más sensibles al papel que les toca cumplir en la alimentación y cuidado de sus hijos e hijas.
Hay que luchar por una distribución más justa de los alimentos y los recursos, un acceso pleno de toda la población a los servicios esenciales, equiparar los salarios al precio de una canasta básica más completa y generar empleo, entre otras muchas cosas.
Definitivamente, hay que tratar de erradicar la pobreza de todas las maneras posibles, pero hay que esforzarse más por extirpar la miseria que nos tiene donde estamos. Los más de dos millones de niños y niñas menores de 5 años que en el país padecen de desnutrición crónica no están pidiéndonos un favor, sino que cumplamos con nuestra obligación y restituyamos la esperanza.
Fuente: www.prensalibre.com |