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Esos empresarios nunca pierden
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 18 de enero de 2007

Mientras los mecanismos y normas de control financiero no se revisen, seguiremos asistiendo a espectáculos tragicómicos como los de los últimos dos meses.

Los empresarios más “listos” siempre se quedan con la piel del animal, aunque para ello tengan que despellejarlo vivo. Unos lo hacen por medio de los bancos; otros, mediante las instituciones de un Estado empresarial que se ha “modernizado” con nuevos gerentes, y otros, desde sus reconocidas empresas.

Pero todos saquean al pueblo de Guatemala, que no es ningún ente abstracto, sino que somos todos nosotros, hombres y mujeres de a pie quienes -a través de los fondos del Estado- terminamos sacando de nuestros bolsillos el dinero que solventa deudas ajenas.

En nuestro país, todo lo privado resulta ser privado hasta que fracasa, y es entonces cuando lo público sale de bateador emergente a inyectarle lo necesario para dejar a los empresarios tranquilos mientras les resuelve sus problemas financieros.

Así, muchos de aquellos que se han quejado -desde sus dogmas neoliberales- del tamaño e ineficiencia del Estado, y lo han satanizado una y otra vez, también terminan mamando siempre de sus jugosas ubres. El Banco de Comercio no es la excepción, y tampoco es la primera entidad financiera que termina sus operaciones en el país de esta manera.

¿Qué más quiere un empresario banquero en Guatemala? Las leyes le permiten levantar un banco, jinetear el dinero de los cuentahabientes en la dirección que quiera durante el tiempo que quiera, asaltar dicho banco con los guantes blancos puestos, y luego puede hasta llorarle a una Junta Monetaria que -al igual que la Superintendencia de Bancos- carece de mecanismos efectivos de supervisión y control, pidiéndole que lo cierre y que con los fondos del Estado resuelva la inevitable crisis.

Y nuestras altas y sabias autoridades financieras hacen caso, no dirimen las responsabilidades de los accionistas y, al final, todo se olvida. El efecto dominó se viene dando desde el año 2001, y da cuenta ya de seis experiencias anteriores con entidades bancarias y financieras que confirman el mismo procedimiento.

Expresé en un artículo anterior que, a raíz del proceso de modernización financiera que se dio hace una década, se estableció la ley del Fondo para la protección del Ahorro (Fopa), que se alimenta de los aportes del Estado y de los bancos privados que, por cierto, no lo sacan de su caja fuerte sino de lo que les cargan a sus clientes.

El Fopa es el que le inyectará dinero de nuevo a este banco privado que dejará a sus accionistas igual o más ricos; a sus cuentahabientes, más inseguros y pobres, y a la población en general, con menos recursos que sirvan para cosas más útiles que sacarles las castañas del fuego a los rateros de alcurnia que terminan viviendo a cuerpo de rey en otros países.

Una de las versiones que se han manejado es que la falta de liquidez del dinero circulante no se debe a la intensa actividad económica, al alto ingreso de remesas o a la falta de billetes nuevos, tal como lo señalaran las autoridades del Banguat recientemente, sino que en realidad se debe a la gran cantidad de depositantes que están retirando sus ahorros de los bancos, a lo que las autoridades del Banguat reaccionaron pidiéndoles a dichas entidades que no les pagaran o que les pagaran pocas cantidades de dinero, porque si los cuentahabientes retiran sus ahorros, el sistema financiero y bancario podría colapsar. ¿Especulación?

Mientras los mecanismos y normas de control financiero no se revisen, ahora que todo apunta a grandes fusiones de entidades bancarias y financieras, seguiremos asistiendo a espectáculos tragicómicos como los de los últimos dos meses.

Este gobierno de empresarios, para los empresarios y por los empresarios, ha puesto en evidencia -una vez más- el grosor del cuero de algunos de ellos y la debilidad de nuestro sistema bancario y financiero.

Fuente: www.prensalibre.com


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