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Inmigrantes en EE.UU.
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 20 de enero de 2007

La deportación significa un nuevo desarraigo.

En su discurso de toma de posesión del 20 de enero del 2001, el actual presidente estadounidense dijo: “Estados Unidos de América nunca ha estado unido por la sangre, el nacimiento o la tierra. Nos unen ideales que nos llevan más allá de nuestros orígenes, que nos elevan por encima de nuestros intereses y nos enseñan lo que significa ser ciudadanos. A cada niño se le deben enseñar estos principios. Cada ciudadano debe sostenerlos. Y cada inmigrante, al adherirse a estos ideales, hace que nuestro país sea más, no menos estadounidense. Hoy contraemos un nuevo compromiso de cumplir las promesas de nuestra nación por medio de la civilidad, el valor, la compasión y el carácter. Lo mejor de Estados Unidos es una conjunción del compromiso con los principios y la preocupación por la civilidad. Una sociedad civil nos exige a cada uno de nosotros la buena voluntad y el respeto, trato justo y capacidad de perdonar”.

El anterior fragmento resultó ser parte de otro discurso que, según nos damos cuenta seis años más tarde, sólo se escribió para engrosar los millones de páginas que conforman el libro de la historia oficial del mundo contemporáneo.

La inmigración sigue siendo ciertamente un tema prioritario en la agenda gubernamental y legislativa de Estados Unidos, pero los inmigrantes que están en ese país en condición irregular, en particular los guatemaltecos y centroamericanos, caminan hoy más que nunca por el filo de la navaja, y el número de deportaciones se ha incrementado desmesuradamente.

De los 20 millones de trabajadores inmigrantes de distintas nacionalidades que hay en Estados Unidos (no hablo de los inmigrantes en general, que son muchos más), 12 no tienen documentos que respalden su estancia en ese país.

Como ya se ha dicho tantas veces, eso significa que los migrantes se arriesgan a sortear los cada día más endurecidos controles migratorios, llegan a trabajar y a pagar los impuestos que les quitan por los honorarios que perciben, haciendo los trabajos que nadie quiere, sosteniendo familias lejanas o cercanas, mandando remesas que engruesan la economía de nuestros países pobres y los bolsillos de las empresas intermediarias que se encargan de enviar el dinero de los migrantes por una “módica” suma extra de hasta 22 por ciento, viviendo sin ningún privilegio y esperando el día de la deportación. Por supuesto, la deportación significa un nuevo desarraigo para quienes ya compraron un billete de ida por esa vía.

A pesar de todo lo anterior, muchos de esos migrantes dicen estar económicamente mejor allá que acá, lo cual se evidencia en las casas de block que hoy se levantan en tantas poblaciones del país entre uno que otro rancho.

Y es que Macondo no lo inventó Gabriel García Márquez. Lo inventamos en países como Guatemala, donde el absurdo se vive todos los días. Si es cierto que Estados Unidos abusa hasta donde puede y nadie duda de que tiene una voracidad sin límites, también lo es que Guatemala sigue siendo hasta hoy un país de escasísimas oportunidades, donde las oligarquías se disfrazan de falsos anhelos libertarios, los políticos y los cuerpos de seguridad se arrodillan ante cualquier cosa que brille, las poblaciones que velan por sus derechos son frecuentemente reprimidas y se vive toda clase de inseguridades humanas.

El año 2007 apenas marca 20 días del calendario, y ya han sido deportados más de 500 guatemaltecos; el año pasado, la cifra ascendió a 18 mil 305. Son pocos los deportados que han aceptado las ofertas laborales que el Gobierno guatemalteco les presenta, con todo lo que eso implica de desocupación y demás problemas para el país.

Muy recientemente se ha trabajado en una propuesta de política migratoria nacional que podría ser aprobada este año en el Legislativo.

En las últimas dos décadas se disparó la cifra de guatemaltecos inmigrantes en Estados Unidos, y hasta ahora que ese país ha decidido correr sus estados policiales a las fronteras y cerrarlas para los migrantes, siguiendo las líneas de acción de su propia política migratoria, nosotros comenzamos a reaccionar. Pero bueno, aquí se dice que no llega tarde quien llega.

Fuente: www.prensalibre.com


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