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Uniformando a Guate
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 25 de enero de 2007

No se puede seguir sosteniendo el discurso de la libertad humana y ciudadana, si no se apoya en serio la libertad de expresión.

Creo en la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres y, a partir de allí, en el respeto a nuestras diferencias como seres humanos y en la solidaridad que ello implica. Sin embargo, creo también que este país está enfermo de querer ser todo tan igual. Insistentes son aquellos que evangelizan a diario desde sus púlpitos políticos, mediáticos, eclesiásticos y académicos sobre el “deber ser”.

Algo que no sería tan malo si no fuera porque ese “deber ser” se ha convertido más en un puñado de normas y prejuicios adquiridos, que en un ejercicio intelectual riguroso que cuestione los dogmas ideológicos, académicos, políticos o religiosos que impiden el fortalecimiento de democracias reales.

Es a partir de ese momento de estancamiento cuando a los gobernantes, los curas, los pastores, los empresarios, los generales, los maestros, los políticos, los padres y madres de familia ya no les importa saber si esto o lo otro es verdad, sino sólo si están de acuerdo o no con los preceptos del grupo al cual pertenecen.

Puede suceder entonces que llegue un gobierno como el de la Gana (o cualquier otro), seguidor fiel de las corrientes más neocons (o de cualquier otra) que nos llegan allende las fronteras, con su máximo ideal de neutralizar o acabar con lo que es distinto a ellos. Desde su sueño infantil aspiran a que todos tengamos un pensamiento uniforme dentro del cual no quepa ningún tipo de cuestionamiento o rebeldía, menos huelgas, paros o protestas.

Pensamiento que, por cierto, se resume en tres o cuatro variables facilonas que recitan de memoria y conjugan a la fuerza en un modelo “ideal” que nos mantiene adormecidos mientras trabajamos una vida entera por alcanzar el éxito económico individual que supuestamente se rebalsará por la ley de gravedad hacia toda la población, en un contexto social tremendamente injusto.

Y hasta aquellos que habían dado muestras de cierta inteligencia -como el actual vicepresidente- terminan dejándose arrastrar por la inercia de un ejercicio de poder que se traga incluso a los más colmilludos.

Al punto de que este funcionario que tantas veces le ha sacado las castañas del fuego a nuestro simpático presidente, se atrevió a decir hace unas semanas que había dos amenazas serias para la gestión gubernamental de 2007: el narcotráfico y los ecologistas.

Un atrevimiento imperdonable, porque el aceite y el agua no se mezclan; no hay puntos de comparación inteligente en esa afirmación. Quizás lo que quiso decir es que la respuesta del gobierno de la Gana a ambas problemáticas ha sido tan mediocre, que gracias a ello hoy vivimos más inseguros de cara al presente y al futuro.

En otro sentido, pero siguiendo la misma línea de ideas sobre sociedades uniformadas, he extrañado el programa matutino “Buenos días”, de Radio Universidad. Un programa que presentaba una información bastante balanceada acerca de la problemática nacional e internacional, y recogía voces nuevas, frescas, diferentes, que equilibraban la oferta informativa cotidiana.

Es tarea importante la que hacen otros medios de comunicación siguiendo una línea editorial propia, pero semejante entre ellos; sin embargo, es indispensable para el país diverso que somos y que queremos llegar a ser, que existan estos espacios críticos que plantean nuevas rutas de debate y reflexión a partir de enfoques distintos. No se puede seguir sosteniendo el discurso de la libertad humana y ciudadana si no se apoya en serio la libertad de expresión.

Y en este país que algunos insisten en uniformar por la vía de la política, la religión, la economía, la ley o la academia, vemos cómo -a raíz de la crisis bancaria- todos podríamos terminar fortaleciendo al Fopa, por si hay más estafas como las acostumbradas, lo que en verdad ahuyentaría el ahorro y encarecería el crédito, causando la fuga de capitales.

También se habla de liberalizar el encaje bancario, lo cual permitiría cualquier fraude mayor, porque ninguna operación bancaria tendría suficiente respaldo. Disposiciones que nos hacen a todos iguales a la hora de pagar los desmanes de unos pocos, que se van con todo el dinero gritando a los cuatro vientos: “Viva el individuo” (económico, por supuesto).

Fuente: www.prensalibre.com


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