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Juego limpio
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 1 de febrero de 2007

Por el rasero de la ley, o pasamos todos o no pasa ninguno..

Pocos días después del operativo que se realizara hace cuatro meses en Pavón en el marco del Plan de Operaciones Restauración 2006, comentaba yo en este mismo espacio lo sucedido. Por un lado celebraba que se fortaleciera la institucionalidad del Estado gracias a acciones determinadas, como las del entonces director del Sistema Penitenciario, Alejando Giammattei.

Por otro, cuestionaba si las altas esferas del crimen organizado se habrían realmente puesto en alerta con este operativo carcelario, y finalmente expresaba la duda de ¿qué se quería esconder al procurador de los Derechos Humanos, a quien no se le permitió ingresar en la cárcel inmediatamente después de tan “espectacular” operativo?

El tiempo marca una sana distancia, y ahora vemos con pena cómo el entonces director del Sistema Penitenciario se ha metido a jugar en la cancha de la política partidista, de donde casi con seguridad saldrá perdiendo.

Percibimos, además, una preocupación latente en distintos sectores de la población guatemalteca, porque los dineros del narcotráfico y el crimen organizado estén alimentando las campañas políticas de distintos partidos.

Y, por otra parte, se cuestiona cada vez más si realmente hubo un enfrentamiento entre los reos que murieron durante el operativo y las fuerzas combinadas de seguridad que entraron ese día en Pavón, o si desde antes éstos estaban ya en una lista negra.

Lejos estaban esos señores de ser ángeles, y aunque no es mucho más halagador lo que podemos decir de algunos de sus verdugos, no se puede permitir que la ley se cumpla sin hacerle caso a la Ley.

Por ello, comparto lo expresado por Antonio Jiménez Pericas, cuando señala: “La razón matriz del Estado democrático y del proceso penal que de él emerge es la realización de la justicia material. Así resulta que el empeño y realización de la acción penal por parte del Estado trata de buscar la verdad material y por otra parte, que esta búsqueda de la verdad material no puede llevarse a cabo de cualquier modo, sino que se debe atener a ciertas reglas de juego limpio...”.

Si lo implícito, eso que se sabe pero no se nombra, dicta que, como el propio Sistema de Justicia no funciona se debe tomar la ley en manos propias cuando las circunstancias lo ameriten, entonces comencemos a pensar en deshacernos de nuestra Constitución, de la Corte Suprema de Justicia, del Ministerio Público, de la Policía, del Ejército, del Sistema Penitenciario, etc. En ese contexto, mejor no gastar tiempo, tinta, energías y recursos en tratar de fortalecer un sistema que es boicoteado hasta por los que están inmersos en él.

Por el rasero de la ley, o pasamos todos o no pasa ninguno, porque lo que nos tiene tan mal es precisamente ese sistema de privilegios que compra, atemoriza o inmoviliza a los operadores de justicia, mientras los “otros” (tanto si están dentro de la institucionalidad del Estado como si no lo están) determinan sobre la vida o la muerte de tantos, bajo el manto de la más vergonzosa impunidad.

Diversas entrevistas, fotos, análisis y datos recopilados por la Procuraduría de los Derechos Humanos apuntan a una serie de irregularidades relacionadas con la muerte de los reos en Pavón.

Sigo creyendo que es necesario que el Estado retome el control de las cárceles; es un hecho que los vacíos de poder del Estado son inmediatamente copados por otros grupos de poder, en cuenta el del crimen organizado. La cuestión aquí no es el qué sino el cómo.

No se dejó entrar al procurador en el lugar de los hechos, cuando él tenía la potestad legal y legítima de hacerlo; se habla de infiltrados en Pavón antes de este operativo; hay testimonios que apuntan a ejecuciones extrajudiciales; las autopsias no siguieron los pasos y procedimientos correctos para brindar información sustantiva; los lugares de las pruebas ni siquiera se protegieron; se incumplieron ciertos procedimientos básicos de investigación, etcétera.

Alguien tiene siempre que tomar las decisiones, y en este caso hay varios responsables involucrados. Los motivos pueden ser loables, pero si los métodos son los de siempre, perdemos todos: el Estado, el Sistema de Justicia, la ciudadanía, y cada hombre y mujer que han puesto los ojos en un futuro cifrado en reglas de juego limpio.

Fuente: www.prensalibre.com


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