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¿Por qué lo siguen buscando?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 25 de febrero de 2007

La reconciliación que no pasa por la verdad y la justicia no es más que una ilusión.

Lo esperaban en el cumpleaños de su sobrina, un día 13 de febrero de 1982. Él y su esposa eran los encargados de llevar el pastel. Horas más tarde, la esposa aparece y le comenta a la hermana del doctor Emil Bustamante que éste había salido desde las 6 de la mañana de su casa y aún no regresaba.

Comienza entonces el recorrido del terror: buscan en hospitales, estaciones de bomberos, barrancos y cementerios. También se mueven entre los conocidos y familiares allegados al Ejército o a los círculos de poder de aquel entonces, pensando que quizás pudieran ayudarlos y darles alguna información sobre su paradero.

El desaparecido, un intelectual de 32 años, veterinario, sociólogo y catedrático de la Usac, había desaparecido de la noche a la mañana, pasando a engrosar la lista de las 45 mil personas desaparecidas durante el conflicto armado interno que se produjo en el país.

Luego de un mes de intensa búsqueda, la familia comenzó a cansarse, a negar los hechos y a temer por su propia vida. Y con ello, los verdugos consiguieron lo que querían: no sólo le arrebataron a la familia la vida de un ser querido, sino que desaparecieron el cuerpo para martirizarlos, debilitarlos y silenciarlos.

Un testigo relata haber visto a Emil en el cuartel de Matamoros en 1982, torturado y debilitado.

Ese mismo testigo relata también el temor que sentía cuando escuchaba los gritos de otros presos políticos y las pisadas de botas acercándose a su celda. A pesar de ello, dice su hermana Marylena, “yo no creo que todo el Ejército tenga las manos manchadas”.

En Guatemala, un alto porcentaje de familias fue afectado por la guerra de manera directa e indirecta. Y sin idealizar a los de uno u otro bandos, sigo creyendo que nadie debería de morir por sus ideas, además de que todas las personas tienen el derecho a un juicio justo.

Después de 25 años de haber desaparecido, su búsqueda aún continúa. Y la gente le pregunta a Marylena por qué lo sigue buscando. Ella, entre indignada y resignada, responde simplemente: “Porque no lo he encontrado”.

Además, dice, “porque tenemos derecho a la verdad y a la justicia”. Recuperar un cuerpo significa la posibilidad de enterrarlo y de hacer un ritual de despedida que ponga fin a una tensión sostenida por largo tiempo. Para reconciliarnos con la vida, tenemos definitivamente que pasar por enterrar a nuestros muertos.

No hay que abordar este tema desde un romanticismo ramplón que idealice a los muertos sin mucho fundamento de realidad. Sin embargo, tampoco es cuestión de recurrir a banalidades como “a saber en qué andaba metido el patojo” o “en la guerra todo se vale”. Definitivamente, el Estado guatemalteco ha sido un violador de los derechos fundamentales de millones de personas, entre ellos los esenciales de la vida humana y la libertad.

Y como el Estado no es algo abstracto, hay claros responsables de las barbaridades que aquí se cometieron durante ese ensayo perverso que fue la guerra. Ya se ha documentado hasta el cansancio que de las 626 masacres cometidas durante la guerra, 19 fueron cometidas por la guerrilla, y 607, por el Ejército.

¿Queremos olvidar? Claro, quién no quiere olvidar. Pero la reconciliación que no pasa por la verdad y la justicia no es más que una ilusión. Justicia no es venganza, justicia es lo que está pasando ahora en Guatemala con el caso de los tres diputados salvadoreños asesinados en nuestro país. En menos de un día se identificó a algunos de los responsables, y las autoridades del vecino país, así como los familiares de las víctimas, no sólo expresaron satisfacción por ello, sino que además pidieron la identificación de los autores intelectuales del asesinato.

Independientemente de que una investigación paralela del Gobierno salvadoreño haya deducido que uno de los diputados llevaba en el vehículo una suma millonaria de dólares, con todo lo que eso pudiera significar, las investigaciones continúan y la justicia acciona como se espera en un caso así.

“Nadie me va a imponer el silencio”, dice Marylena. Por cierto, el lunes 26 habrá un foro en el auditórium del Centro Universitario Metropolitano de la Usac que tratará sobre la lucha contra el olvido.

Fuente: www.prensalibre.com - 220207


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