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Tarde se acuerda del sur
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 11 de marzo de 2007

En pocos días, la ciudad se paralizará.

Tan entretenido ha estado el presidente estadounidense George W. Bush en hacer crecer aún más la “exitosa” industria armamentista de su país durante sus casi dos mandatos que están por terminar; tan enfrascado ha estado en una guerra inútil por la cual ni siquiera pudo darle al mundo excusas válidas; tan preocupado por hacer del mundo un territorio hostil, que se olvidó de su “patio trasero”.

Y hoy, entre reproches o agradecimientos por tal olvido “involuntario”, se presenta en cinco de nuestros países latinoamericanos con un doble discurso que nadie cree.

Y es tan non grato en su propio país, es tan non grato en el mundo y tan non grato en nuestra región, que en cada lugar le esperan manifestaciones de repudio, no sólo las tradicionales de los movimientos antiimperialistas, sino las de una ciudadanía latinoamericana cansada de una gestión de disfrazado corte neofascista.

Que Bush no les agrade a los de siempre no es de extrañar, pero que sea tan impopular entre muchos de los que han volteado en otras ocasiones sus ojos hacia el Norte, es una realidad que él y su gobierno se han ganado a pulso.

Bush simboliza para Latinoamérica el endurecimiento de la política de fronteras cerradas para los migrantes; simboliza las profundas asimetrías expresadas en las negociaciones y acuerdos de los Tratados de Libre Comercio durante su gestión; simboliza una malograda guerra que puso en evidencia los intereses leoninos de una nación que -con pasos de animal grande- va tras los recursos que le pertenecen a toda la humanidad.

Simboliza el apoyo incondicional a las grandes transnacionales y, por qué no decirlo, la contracara de un terrorismo que no es sino su espejo. El mundo es menos seguro después del S-11, y hay claros responsables por ello en el Medio Oriente, pero la incongruente y desmedida respuesta de Bush a esos actos terroristas ha profundizado la crisis civilizatoria que atravesamos y dista, en mucho, de ser la de un líder de la humanidad.

A Guatemala ni siquiera ha llegado, y nuestros cielos están ya poblados de C-5 Galaxies, F/A-18 Hornets, F-16 Fighting Falcons, C-130 Hercules, Chinooks y UH 60 Black Hawks. Por todos lados hay ojos vigilantes desde hace semanas, ojos que serán muchos más luego de su llegada.

En pocos días, la ciudad se paralizará; algunas carreteras y calles se cerrarán los días domingo, lunes y martes; los principales hoteles estarán tomados por él y sus acompañantes, y los lugares por donde pasará con su comitiva serán espacios prácticamente prohibidos para los que nos creemos libres y soberanos en este país.

Sin embargo, los que siempre protestan por la presencia de manifestantes que ocupan carreteras y calles por distintos motivos, argumentando que paralizan la actividad económica del país e impiden el derecho a la libre locomoción, ahora no han dicho ni pío. Por dos o tres días seremos extraños en nuestro propio territorio gracias a la visita de un solo hombre, y estas personas no se han pronunciado por esta violación a nuestro derecho de libre locomoción y por la paralización de actividades que se producirá en todo el país.

Por otro lado, sería de esperarse un poco más de dignidad por parte de nuestras altas autoridades al proponerle también una agenda propia a Bush. Ya sabemos que éste trae los temas de pobreza y migración como simples comodines; los que le interesan en verdad son los de los recursos energéticos, la seguridad continental y la oposición a las iniciativas de izquierda que han surgido con fuerza en la región.

Por ejemplo, en su paso por Guatemala, Bush podría incluso bajar el dedo y -en un acto puramente político- perdonar a los 171 inmigrantes guatemaltecos que fueron detenidos en la redada que se efectuara hace pocos días en una fábrica de Massachusetts, por falta de documentos.

Sin embargo, importaría aún más que nuestro gobierno demandara la puesta en marcha de una reforma migratoria integral y más humana en Estados Unidos. Aunque, como dijera Manuel Alberto Ramy en un artículo reciente sobre las verdaderas intenciones de Bush para América Latina: “Nadie se acuesta neoliberal e imperialista, y amanece libertador”.

Fuente: www.prensalibre.com - 100307


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