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¿Y Guatemala?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 3 de mayo de 2007

Está visto que, como guatemaltecos, ni al TPS pueden optar.

“El secretario de Seguridad Nacional, Michael Chertoff, anunció hoy la extensión por 18 meses del Estatuto de Protección Temporal (TPS) para cuatro mil nicaragüenses que trabajan en EE.UU. A Honduras y El Salvador también se les extenderá el mismo tiempo de TPS a sus ciudadanos.

Esta decisión del gobierno de George W. Bush afectará a cerca de 78 mil hondureños, cuatro mil nicaragüenses y 230 mil salvadoreños que poseen actualmente este estatus que les permite vivir y trabajar legalmente en Estado Unidos.

El actual TPS para hondureños y nicaragüenses expiraba el próximo 5 de julio, mientras que el de los salvadoreños concluía el 9 de septiembre.”

Ayer a mediodía escuché por la radio la noticia, pero como no estaba segura de haber oído correctamente, la fui a buscar a Internet. Efectivamente, el párrafo que abre este artículo había sido publicado por la agencia EFE en Washington, inmediatamente después de dicho anuncio.

Guatemala quedaba de nuevo afuera de un posible Estatus de Protección Temporal (TPS), y con ello, miles de trabajadores guatemaltecos, con todo y sus familias.

Si 2006 fue el año más duro en términos de deportaciones de compatriotas desde Estados Unidos a nuestro país en toda la historia (18 mil 305 deportados), este año se pronostica aún más desalentador: a la fecha van más de seis mil deportaciones, superando la cifra del año anterior.

¿Por qué a los demás hermanos centroamericanos sí y a nosotros no? ¿Nuestra posición geográfica de entrada al norte es estratégica y políticamente un impedimento para que los migrantes guatemaltecos sean tratados en igualdad de condiciones respecto de los del resto de la región? ¿Es debilidad de negociación política de nuestros representantes?

Más de una vez, múltiples voces y desde distintos escenarios han pedido un TPS como medida temporal que impediría la deportación de los migrantes guatemaltecos que ya están en el norte.

Los grupos de emigrados en ese país, organizaciones que trabajan el tema de derechos humanos de los migrantes aquí y allá, académicos, políticos y otros se han pronunciado al respecto.

La última fue luego del Stan; entonces no teníamos, como país (y aún no tenemos), la capacidad de recibir a tanta gente de regreso, y tampoco podríamos levantar cabeza en un tiempo prudencial, sin el envío de remesas que ayudaría a la reconstrucción.

No nos otorgaron entonces el TPS, a pesar de que a Honduras, Nicaragua y El Salvador se lo habían otorgado luego del Mitch. Y la pregunta, entonces, fue la misma de ahora... ¿Y Guatemala, qué?

Es cierto que el TPS es apenas un placebo que mantiene oculto temporalmente el problema de fondo: la falta de voluntad política del Gobierno estadounidense de otorgar la residencia a millones de migrantes que trabajan hace décadas en ese país y ayudan a levantarlo y a mantener su economía y su sistema de Seguridad Social.

En toda esta situación, hay un detalle que particularmente me inquieta, y es que en 2005 la cantidad de menores deportados fue de 300, mientras que para el año pasado se contabilizaron 883. Si esto sigue proyectándose de esa manera, las cifras de este año tendrán algo que decirnos de cara al presente y al futuro.

Eso va significando para las nuevas generaciones desarraigos, separaciones forzadas de sus padres o de otros miembros de sus familias, cambio total de condiciones de vida, violaciones constantes y tempranas a sus derechos humanos, y la llegada a un país estructuralmente débil. Generaciones maltratadas, futuros menos promisorios como sociedad.

Quizás lo que convendría es que los migrantes guatemaltecos se nacionalizaran primero como cubanos y llegaran por balsa a Estados Unidos; de esa manera conseguirían que los aceptaran inmediatamente en ese país en condición de refugiados y todas las puertas se les abrirían con mucha mayor facilidad. Está visto que, como guatemaltecos, ni al TPS pueden optar.

Fuente: www.prensalibre.com


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