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Más que un problema de locomoción
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 5 de mayo de 2007

Los paros son apenas los costos secundarios de un problema no resuelto en Guatemala.

Si nos queremos quedar en la superficie, discutamos sobre cómo los paros y las marchas de los maestros impiden el derecho a la libre locomoción, afectando a la niñez y juventud guatemalteca que pierde dos semanas de clases y a la economía del país. (Vino Bush y paralizó al país, y nadie dijo nada).

Estos son argumentos que impresionan a una opinión pública que desconoce la historia de la educación guatemalteca, la realidad del Sistema Educativo del país y los enfoques educativos que se proponen desde los diversos sectores. Sin embargo, si queremos ir a la raíz del asunto, esos paros serían apenas los costos secundarios de un problema no resuelto en Guatemala.

La primera contradicción que no puedo soslayar es que no hay gobierno, hombre o mujer en este país que no expresen que la única salvación para Guatemala es la educación de toda su población; sin embargo, y según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “Guatemala es uno de los países que menos invierte en esta importante área”.

El gasto en educación como porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) es de aproximadamente 2.4 por ciento, en comparación al 4.4 por ciento del promedio en América Latina. Seguro ese porcentaje es aún menor si lo comparamos con el resto del mundo, y es más penoso todavía que, por falta de ejecución, la cartera de Educación en Guatemala incluso haya tenido que pasar fondos de su magro presupuesto para la construcción del aeropuerto.

Los maestros, gracias a errores como el anterior, se han crecido como grupo. A pesar de estar lejos de ser los carismáticos personajes que en alguna época representaron la voz de su gremio de manera verdaderamente comprometida, han cobrado fuerza. Y si detrás de todo hay unas legítimas demandas salariales, también es cierto que se saben grupo de presión, y por ello manejan a su antojo a los políticos que quieren capitalizar sus votos.

Sin embargo, estas marchas de maestros también están siendo instrumentalizadas convenientemente en su contra por quienes defienden la privatización de la educación, porque todo lo que huele a Estado es caro, doctrinario y político.

Sin mayores argumentos de fondo, y practicando lo doctrinario que condenan, satanizan la educación pública y dicen que estas marchas son una prueba de ello. Y preguntaría yo a quienes defienden la privatización a ciegas: ¿no es doctrina ideológica también la que define los contenidos educativos de los planes, programas y textos educativos de la educación privada, así como las formas en que este tipo de educación se imparte?, ¿no ha sucedido acaso que en una universidad que pregona la libertad en Guatemala existen maestros que no permiten a sus alumnos hacer un ensayo sobre el Che Guevara o mencionar ideas contrarias a la doctrina que allí se imparte?

No importa si la educación es pública o privada, si se lleva cabo en una escuela o en un colegio; lo que se está dando siempre es un proceso de naturaleza política, porque se preparan niños, niñas y jóvenes para que se inserten como ciudadanos en una sociedad que se relaciona de acuerdo con las relaciones de poder que en ella se ejercen. La experiencia nos ha demostrado que no hay país desarrollado del mundo que no se haya levantado sobre una educación obligatoria, gratuita y laica proporcionada por el Estado.

Que luego se hayan abierto también espacios para la educación privada es más que válido, pero no ha de ser ésta la premisa en un país con las características del nuestro. La educación en Finlandia, considerada la mejor del mundo, es en 95 por ciento estatal, y aquí, donde el 70 por ciento de la educación del nivel medio es privada, los resultados de las pruebas aplicadas por el Mineduc este año revelan que ninguno de los más caros colegios privados se llevó los primeros lugares en lectura o matemática (Prensa Libre del 12/04/07).

Por cuestiones como las anteriores, el debate debe ser más profundo y más inclusivo, porque al fin y al cabo es por Guatemala que la educación ha de mejorar, no sólo para aquellos que piensan como uno.

Fuente: www.prensalibre.com


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