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En un país de vaqueros, la cultura
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 17 de junio de 2007

Muchas gente confunde cultura y arte; no son lo mismo.

En este país de pistoleros, puros machos, manos duras y pandillas criollas legítimas e ilegítimas, la cultura y el arte supuestamente no sirven para nada, no son prioridades, no le dan de comer a nadie, y sólo son espacios elitistas o de bohemios.

Cuando se forman los equipos de gobierno, nadie le tira pelota al Ministerio de Cultura y Deporte. Más bien, algunos presidentes, desde su más rancia ignorancia, lo han querido suprimir por considerarlo de poca importancia para el desarrollo del país.

Por otra parte, esos mismos señores han creído que basta con colocar a una persona de ascendencia indígena al frente de ese ministerio, para cubrir su cuota de corrección política. Seguramente creen que cultura es una categoría que se lee sólo desde la antropología.

Sin embargo, nada les da a los seres humanos más sentido de pertenencia y más significado para su propia vida que la cultura. Todas las manifestaciones, expresiones y creaciones de una persona o de un colectivo son cultura, hacen cultura, nos resignifican como humanidad. Podrán llamarse artesanía, tradición o arte, conferencia, concierto o discurso, todo pasa por la cultura.

Sería suficiente observar la importancia que otorgan los migrantes guatemaltecos que viven hoy en el exterior a las prácticas tradicionales de nuestra cultura y lo que gastan en ellas, para comenzar a ver la dimensión y el peso que la cultura tiene en nuestras vidas.

La meta de la cultura y, particularmente, del arte, es evitar que un país se llene de robots que coman, trabajen y se duerman para volver al día siguiente a hacer lo mismo. Yo le apuesto a la cultura y al arte, porque creo que no es lo mismo alimentar a las huestes que levantar una nación.

Guatemala, para no terminar siendo sólo una gran carretera rodeada de maquilas, necesita encontrar un rumbo distinto. Y éste sólo pasará por una resignificación cultural. Mucha gente confunde cultura y arte; no son lo mismo. Cultura es lo que somos y expresamos como humanos y esto incluye al arte, pero no son sinónimos.

Por otra parte, es cierto que a las actividades culturales y artísticas que se dan en el país acceden muchas veces sólo las élites, pero esta generalización también es falsa, porque ahora hay centros de cultura que han hecho estos espacios más accesibles a toda la población, como el Centro Cultural Metropolitano, situado en el antiguo Palacio de Correos.

Particularmente, quiero relevar en este espacio la iniciativa de la arquitecta Julia Vela y de tantos otros que les dan vida a los festivales de Junio que se presentan en el Teatro Nacional. Estos festivales anuales incluyen un intenso programa de actividades culturales; sólo este año, más de 42 actividades están siendo presentadas durante todo el mes de junio, muchas de ellas en forma gratuita o a precios muy accesibles.

Música, literatura, plástica, danza, cine y teatro nacional e internacional de mucha calidad están mostrándose en la Gran Sala, tras bastidores, en el Teatro al Aire Libre y en el Teatro de Cámara de ese centro cultural. En un país de vaqueros, esto realmente es una celebración y hay que darle el valor que tiene.

Como seres humanos, nos merecemos algo más que trabajar, comer y dormir; nos merecemos algo más que consumir sólo basura televisiva o mediática. También podemos dar un mayor sentido a nuestras vidas, acercándonos a los espacios de la cultura y el arte que nos dan un significado profundo de lo que somos.

Entiendo que el trabajo nos deja agotados al final del día y que muchas veces ya no dan ganas de asistir a un concierto, a una obra de teatro o a una lectura de poesía; ya no queremos pensar, sino sólo pulsar el botón de la televisión y olvidarnos del mundo.

Mientras, en otras latitudes, los niños y niñas van de excursión a los museos, dibujan las grandes obras, escriben poesía en sus escuelas o colegios, escuchan desde pequeños los grandes conciertos. Viven de cerca la cultura y, con ello, descubren y recrean el país que son. Por ello insisto, la cultura es la diferencia entre un país y algo que quiere serlo, pero no lo es.

Fuente: www.prensalibre.com - 160607


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