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Con permiso, señores
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 29 de julio de 2007

La única igualdad real entre hombres y mujeres guatemaltecos es la numérica.

Por primera vez en Guatemala, entre 400 y 500 mujeres de las aproximadamente mil 500 que están presentando sus nombres para distintos puestos de elección popular en la próxima contienda electoral, se reunirán en un encuentro que se realizará el 2 de agosto. Un hecho histórico, no cabe duda.

El fin de este ejercicio colectivo es hacerse visibles como sector, pero principalmente fijar su posición y sus respectivas agendas en un país donde pocas mujeres han podido desarrollarse y participar a tono con las demandas del siglo XXI.

A pesar de que podemos ser muy despiadadas unas con otras por haber asumido durante siglos y con obediencia el mandato del “divide y vencerás”, las mujeres también tenemos muchas posibilidades cuando reconocemos el valor de las otras y las respetamos desde lo que son.

Cuando hay que unirnos, sabemos hacerlo bien y somos persistentes. Si no, que lo digan las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, o las Doñas que en México se han organizado y esperan día a día el paso del tren con migrantes centroamericanos indocumentados para lanzarles comida y hacerles un poco menos difícil el camino.

Hay grandes mujeres que van dejando huella, como en nuestro país Helen Mack, Nineth Montenegro y muchas otras cuyas luchas quedarán en el anonimato, pero también hay colectivos de mujeres que han cambiado la historia de sus comunidades y países de manera definitiva.

Este encuentro de mujeres que optan a cargos de elección popular puede ser el inicio de una nueva cultura política en Guatemala. La plataforma común no será la de las ideologías o las consignas que cada una representa, sino la socialización y discusión de agendas, propuestas, conocimientos, experiencias y capacidades desde su visión compartida de género y su compromiso con Guatemala desde la política partidaria.

“Compartimos en común el ser mujeres y buscar un mejor futuro para nuestra nación”, señaló la candidata a diputada Patty Castro, a lo cual yo agregaría que, además de lo anterior, habría que tener como norte principal a las mujeres de este país, que representan más de la mitad de la población y han sido las olvidadas entre los olvidados.

La única igualdad real entre hombres y mujeres guatemaltecos es la numérica; por lo demás, el acceso a oportunidades de desarrollo aún se diferencia mucho según el género. En el caso de la participación política, habría que recordar que para las elecciones del 2003, salieron electas apenas 14 mujeres, de 158 diputaciones en juego, y sólo ocho mujeres terminaron al frente de las 331 alcaldías del país.

Según el estudio reciente Más mujeres, mejor política (ONU), se calcula que la participación de las mujeres suma, en total, 19 por ciento en los tres organismos del Estado (principalmente en el Judicial), y de ese 19 por ciento, las menos son mujeres indígenas. Ya se ha dicho bastante que Guatemala tiene el menor porcentaje de diputadas en la región; en comparación, las costarricenses suman un 38.6 por ciento.

Para estas elecciones, afortunadamente los porcentajes comienzan a variar; no en la medida que se quisiera, pero hay cambios visibles en los listados de los partidos. Claro que la sola participación de más mujeres no significa necesariamente más y mejor desarrollo para el resto de mujeres guatemaltecas y para la sociedad en general; eso pasa por creer que son posibles nuevas formas de gestión política que se alejen de las formas tradicionales de ejercer el poder. También pasa por conocer a fondo la realidad guatemalteca y por desarrollar una sólida conciencia de género.

Todo cambio requiere su propio tiempo para asentarse y dejar de producir incomodidad en los más conservadores, pero indudablemente este encuentro del 2 de agosto ya es un cambio en sí mismo.

Que ese número de mujeres que optan a distintas candidaturas desde distintas expresiones políticas se reúnan, marca un antes y un después en la historia de la participación política en Guatemala; con ello nos va quedando claro que vivir en democracia no significa únicamente votar.

Fuente: www.prensalibre.com - 280707


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