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Pesos y contrapesos en el Congreso
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 8 de septiembre de 2007

No me gustan las aplanadoras.

Dos cabezas siempre pensarán mejor que una y cuatro ojos verán más que dos. Por eso los líderes trabajan en equipo, al contrario de los dictadores que gobiernan de manera vertical y arbitraria.

A las verdaderas democracias les sirven los líderes; a las dictaduras abiertas o encubiertas, los tiranos. Como suponemos que Guatemala va en camino de fortalecer su incipiente democracia, deseamos en correspondencia procesos más representativos y participativos en el ejercicio del poder.

En teoría, el ámbito parlamentario es el espacio idóneo para ejercer la democracia y equilibrar las pasiones que despierta el poder.

Por eso no apoyo el voto en cascada (o en línea, si usted prefiere llamarlo así). No comparto esa visión presidencialista que manda votar por el mismo símbolo en las papeletas de presidente, alcalde y diputados.

No me gustan las aplanadoras que se dedican a legislar y a fiscalizar a la sombra de un caudillo, porque tenemos ejemplos de sobra para descalificarlas y porque ya comprobamos que no se llega a la democracia por los caminos de la tiranía y del autoritarismo.

Los liderazgos generan alianzas positivas de beneficio común; los caudillismos generan paternalismos, dependencias, burocracias de servidumbre y falsas ilusiones de autonomía. Definitivamente, no es lo mismo gobernar que mandar.

Dicho esto, me voy al tema de los diputados que integrarán el Congreso de la República durante el período 2008-2012. Planillas de diputados como las de Encuentro por Guatemala, encabezadas por Nineth Montenegro, presentan buenas opciones, tanto si queda la UNE como el PP.

Y no sólo me identifico con ellas porque las encabece una mujer, sino porque Nineth ha sido ejemplo de trabajo y compromiso en los espacios parlamentarios. Si alguien se ha ganado a pulso el salario como diputada es Nineth; ha cumplido bien sus funciones de fiscalización, legislación y representación.

Además, el haber negociado con Rigoberta Menchú y su partido Winaq los cargos a elección popular para las próximas elecciones con tan buen tino, también habla de una ética política y personal muy particular de ambas.

Nineth nace en la izquierda y su partido se ubica hoy en la izquierda moderada, lejos del militarismo y de lo panfletario. Y a pesar de representar ella sola un liderazgo femenino fuerte dentro de su partido, el abanico de personas que integran los listados de Encuentro por Guatemala es amplio y diverso. Por eso hay una izquierda que la ha acusado de estar con la derecha, y no voy a entrar hoy en esa discusión.

A mí me interesa su coherencia entre propuesta y trabajo, así como el impacto que éste ha tenido en la vida nacional. No ha sido poco el tiempo que ella ha tenido para darnos una muestra de lo que puede hacerse en el Congreso.

Ella tiene las características de una lideresa, porque se defiende sola y cuando salta al ruedo lo hace para representar a la población que la eligió, no al caudillo de un partido, a un grupo de poder o sólo a una ideología.

Además, ha sabido generar espacios para otros, ha podido debatir con criterio y argumentos cuando ha sido necesario, y mantiene la compostura de quien ya ha adquirido la madurez necesaria para el entrarle al juego democrático.

Lo más importante es que veo nombres, en los listados nacional y metropolitano de Encuentro por Guatemala, que hablan de trayectorias bastante sólidas en los ámbitos sociales, políticos y académicos.

Es refrescante que tengan propuestas programáticas serias en el tema fiscal, por ejemplo, y que la vocación primera sea la social. Como partido, todavía no le deben nada a nadie, y por lo tanto sus facturas por pagar están a cero.

Son gente nueva, no contaminada, y no está en contra de alguien, sino a favor de Guatemala. Sus metas incluyen rescatar el Congreso a través del impulso a la reforma a la Ley Electoral y de Partidos Políticos, redefinir la agenda constitucional, combatir la corrupción y reforzar el presupuesto público.

No me suena nada mal. Si con nuestros votos podemos contribuir a equilibrar las relaciones de poder en los espacios donde se toman las decisiones de país, vale la pena intentarlo.

Fuente: www.prensalibre.com


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