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De fascismos, huevos y campañas negras
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 20 de septiembre de 2007

Como la información es poder, benditos sean los chismes, aunque sean mentiras.

Guatemala ha servido bien la mesa a formas modernas de fascismo y a cualquier forma de totalitarismo que busque enraizarse en nuestro territorio. No tenemos más que sumar violencia, inseguridad, exclusión social, enajenación, ignorancia, abuso de poder, complejo de inferioridad y fragilidad institucional, entre otros factores, para llegar a esa conclusión.

A eso agréguele una educación que hoy es sinónimo de domesticación, y los discursos facilones, carentes de contenido y cargados de consignas o de expresiones vulgares que pronuncian los políticos de los nuevos tiempos.

Se dice del fascismo, que éste “aprovecha los sentimientos de miedo y frustración colectiva para exacerbarlos mediante la violencia, la represión y la propaganda, y los desplaza contra un enemigo común (real o imaginario, interior o exterior), que actúa de chivo expiatorio frente al que volcar toda la agresividad de forma irreflexiva, logrando la unidad y adhesión (voluntaria o por la fuerza) de la población. Es expansionista y militarista...”.

Por eso en nuestra Guatemala pegan tan bien las consignas de “buenos contra malos”; por eso el candidato del PP se pudo dar el lujo de mencionar 75 veces la expresión “mano dura” en un programa televisivo que buscaba orientar a la población sobre las distintas ofertas electorales en la reciente campaña electoral.

Por eso el fenómeno de las maras se ha extendido y éstas han sido instrumentalizadas por un crimen organizado que se ha enquistado en todos los niveles de la sociedad y del Estado. Por eso, de pronto aparece una mujer que ha tenido la oportunidad de llegar a las más altas esferas de la participación pública, con dos huevos en la mano, diciendo que eso es lo que le hace falta a quien gobernará Guatemala. Burdo, muy burdo, muy circense y muy machista.

En una sociedad de corte fascistoide y patriarcal, los chismes pegan y “la ciencia del rumor” es un fértil campo de estudio. Y es que la ecuación es casi matemática: a mayor ignorancia, menor poder. Pero como la información es poder, benditos sean los chismes, aunque sean mentiras.

Por eso, la descalificación es la herramienta más usada por los políticos que no tienen otros recursos, en contra de su más próximo contrincante; no importa si los hechos son ciertos o no, saben que calan profundamente en el imaginario colectivo. Esta es una estrategia de ignorantes que casi siempre recurre a temas de alcoba, a las preferencias sexuales o a supuestas relaciones adúlteras.

Yo les agradezco a los seguidores o a los estrategas de uno u otro partido que me quieran tener informada, pero les rogaría no enviarme ni un correo más de campaña negra por Internet. No me interesan los líos de cama de nadie, y lo que tenga que saber de uno u otro candidato en términos de su participación pública, ya lo tengo conmigo. Como lo he hecho hasta ahora, prometo borrar todos los correos de ese tipo que me lleguen.

La mentalidad fascistoide es prácticamente imposible de erradicar, pero sí puede reducirse a su mínima expresión. Sin embargo, esto no sucederá mientras nos pintemos de cuerpo entero como una sociedad violenta, miserable, autoritaria y excluyente.

Otra definición amplia del fascismo que encontré, señala que es un sistema totalitario, un estado policial, una sociedad militarizada o un movimiento cuyos valores centrales son la nación o la patria, la “raza”, la disciplina, el honor, la iglesia, la autoridad y la violencia. Si no, basta acordarnos del fascismo en sus variables italiana, alemana o española.

Aunque hoy sus funciones y características sean distintas, el neofascismo amenaza con cuajar en sociedades como la nuestra. Y hay que mantener los ojos abiertos, porque detrás de una máscara democrática puede revelarse el modo autoritario de cualquier tiranía

Fuente: www.prensalibre.com


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