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Ley gótica
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 6 de octubre de 2007

Creo en la familia como unidad básica.

En la Guatemala del siglo XXI se discute una Ley de Protección Integral del Matrimonio y la Familia que nos sitúa de vuelta en el siglo XIII, justo cuando arreciaba la Inquisición en el viejo continente y los hijos fuera de matrimonio eran considerados bastardos.

Es una ley tan absurda que deja fuera a casi la mitad de la población guatemalteca que no vive en familias nucleares constituidas por padre, madre e hijos. De ser aprobada, los hijos de las madres y padres solteros no tendrían derecho a las garantías que el Estado de Guatemala está obligado a dar a todos los niños y niñas.

Claro que creo en la familia como la unidad básica de la sociedad, pero no creo que haya una única forma de familia. ¿O acaso usted que creció con su abuela y sus tías no tiene familia?

¿Acaso usted que creció sólo con su madre o con padre no tiene familia? ¿Acaso usted que creció con otra familia que no lleva su mismo apellido, no tiene familia? ¿O usted que es viuda o divorciado no tienen derecho a ser parte de una familia? ¿Si su hijo es producto de una fertilización in vitro, no es entonces miembro de su familia?

No es de extrañar que surja una propuesta como ésta en el Congreso de la República, no sólo porque se discute la ley de adopciones al mismo tiempo, sino porque el conservadurismo es la norma en este país de vocación medieval.

Los políticos que impulsan esta ley y los religiosos que la respaldan cometen un pecado mayor que los que quieren prevenir, porque bien sabemos que las diferencias no son las que dañan, sino el rechazo y la exclusión que promueven iniciativas como ésta, cargadas de prejuicios sociales y no de principios humanos.

Por otra parte, han sido maquiavélicos al defender y vender la idea de dicha ley, porque saben que temas como el aborto y la homosexualidad venden bien por estos lares.

Por eso los usan siempre que quieren pasar una mala iniciativa sin mayores problemas, porque de entrada asustan con el petate del muerto a todos los homofóbicos, ignorantes y fariseos del país.

En nuestra Guatemala no hay una cultura de opinión, ni se discuten con seriedad los temas de interés social, como éste. Por eso, la discusión de esta ley se ha centrado en los matrimonios de parejas del mismo sexo, y no en la realidad y el futuro de millones de familias guatemaltecas que no son nucleares. Si queremos ponernos serios, en la legislación guatemalteca no existe una definición de familia.

Se ha entendido como familia al grupo o conjunto de personas unidas por los vínculos de parentesco, consanguíneos o afines, de acuerdo con los grados reconocidos por la ley o el parentesco civil derivado de la adopción, generalmente originados en el matrimonio o la unión de hecho.

Dentro de nuestra sociedad se reconocen vínculos familiares o de parentesco más allá de los grados y líneas que establecen las normas legales, y no necesariamente se originan de una relación de matrimonio o de unión de hecho declarada legalmente.

Esta iniciativa de ley repite en varios de sus artículos que solo sería reconocida como familia la constituida sobre la base del matrimonio, lo cual estaría violentando de entrada los derechos humanos de millones de niños y niñas (sobre todo indígenas) que no nacen en el seno de familias nucleares.

Esto, a su vez, estaría contrariando el primer artículo de nuestra Constitución, que señala: “El Estado de Guatemala se organiza para proteger a la persona y a la familia”. En la Constitución se habla también de promover la organización de la familia sobre la base legal del matrimonio, no de obligar esta organización (artículo 50).

Por otro lado, esta ley tiene varios resbalones más: fomenta aún más la paternidad irresponsable, contradice más artículos de nuestra Constitución, viola el principio de igualdad contenido en ella, y tira por la borda leyes como la de Desarrollo Social, de trascendencia para el país.

Esta no es una ley a favor de la familia sino contra ella, porque se centra más en la imagen de familia que en la realidad de millones de seres humanos, que lo que esperan con avidez no son más leyes ampulosas, sino verdaderas demostraciones de ternura y solidaridad humana.

Fuente: www.prensalibre.com


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