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Elecciones: ¿a la medida de quién?
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 27 de octubre de 2007

Son muchos los factores que hacen que un candidato llegue a la Presidencia, y no siempre precisamente los que quisiéramos.

Vender a los candidatos a la Presidencia se ha convertido en algo tan cotidiano como vender un jabón. A mejor campaña de posicionamiento de marca, más y mejor se vende el producto. Si se vende bien y la cancioncita nos impacta, incluso a nivel subliminal, no importa qué tan malo o bueno sea, todo el mundo querrá tenerlo hasta en su baño. Sin embargo, el producto tiene su propio mensaje: solo sabremos qué tan bueno o malo es, cuando el tiempo nos haya permitido experimentar, en carne propia, sus bondades y limitaciones.

Por eso surgen las preguntas: ¿la campaña para mercadear a un candidato responde a lo que la población desea o es que la publicidad le dice a la gente cómo pensar sobre ese candidato?

¿Será que incluso los más informados y conscientes son sujetos de caer en la trampa del mercado publicitario? Entonces, ¿cómo explicar el término de opinión pública? Pensando en las posibles respuestas, la imagen del perro que se muerde la cola me viene a la mente.

Son muchos los factores que hacen que un candidato llegue a la Presidencia, y no siempre precisamente los que quisiéramos. Se puede dar el caso de un buen estadista con una muy mala campaña electoral, que nunca llegue a la Presidencia; puede ser también que un candidato con pocas dotes intelectuales llegue a gobernar un país gracias a una muy bien montada campaña electoral.

Claro que también entran en juego las hojas de vida de los candidatos, sus características personales, su entorno familiar, sus programas de gobierno y su posición socioeconómica y política en el contexto nacional, pero todo lo anterior puede pasar a segundo y hasta a tercer planos, gracias a una buena o mala campaña.

Como población guatemalteca, nos merecemos un proceso electoral distinto. Para comenzar, sería más serio que, en vez de someternos a la tortura de escuchar o ver cada pocos minutos los campos pagados de uno u otro candidatos (más de uno que de otro, por cierto), aprovecháramos las campañas electorales para generar, paralelamente, procesos de formación cívica y ciudadana.

La decadencia de nuestro sistema de partidos políticos se expresa en campañas como la actual, donde la violencia política, los señalamientos y la confrontación han prevalecido. Además, los debates -si se puede llamar así a lo que vimos hasta ahora- solo mencionaron algunas propuestas programáticas, y se circunscribieron a hacer promesas que de todas maneras no van a poder cumplir del todo porque, entre otras cosas, el presupuesto del año entrante ya se los dejaron armado y amarrado los de este Congreso.

Suena a utopía, pero cabe la posibilidad de desear que las campañas electorales que se dan en Guatemala no refuercen más lo que no nos gusta de nosotros, sino que saquen a relucir nuestras más fuertes potencialidades.

Está claro que, con esta tradición de autoritarismo, represión y exclusión que nos define, más el hecho de vivir una insostenible situación de inseguridad y violencia, pegan fuerte los eslóganes que se construyen a partir de una lógica de defensa y violencia. Si no cambiamos de discurso, es porque no hemos cambiado la lógica que lo sustenta, y el perro se seguirá mordiendo la cola ad infinítum.

A lo largo de la campaña, escuchamos insultos entre los candidatos y muchas frases estereotipadas y superficiales, pero ninguno habló de las estructuras criminales que orbitan a su alrededor y menos mencionaron cómo piensan entrarle al problema desde sus respectivos gobiernos.

Se han gastado millones de manera poco transparente, en una campaña que a uno de los dos le dará réditos, pero que al pueblo de Guatemala le ha restado la posibilidad de renovar la confianza en sí mismo, en el sistema de partidos políticos y en las instituciones en general. Hoy, los financistas de las campañas tienen la última palabra y yo vuelvo a la pregunta: ¿a la medida de quién se construyen las elecciones?

Fuente: www.prensalibre.com - 251007


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