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Migración y libertad
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 28 de octubre de 2007

Se ha distorsionado el abordaje del fenómeno migratorio.

Hace más de siglo y medio, Simón Bolívar dijo: “Los Estados Unidos parecen destinados a plagar y a atormentar el continente en nombre de la libertad”. Hoy, la política exterior del grande del norte sigue generando polémica y afectando la vida de millones de personas, no sólo en América Latina, sino en el mundo entero.

El problema migratorio es un buen ejemplo de ello; los atentados terroristas le dieron al gobierno estadounidense el pretexto perfecto para poner candado en sus fronteras, en el marco de una política antiinmigrante que ha resucitado viejas pasiones xenófobas.

Pero no toda la responsabilidad recae sobre EE.UU. Nuestra casta política ha jugado tradicionalmente un papel de vergonzosa servidumbre, tanto con relación a EE.UU. y Europa, como con relación al gran capital guatemalteco.

Si perdimos Soconusco y Belice, fue gracias al encandilamiento que los espejitos provocaron en algunos de nuestros gobernantes. Y si hoy estamos a punto de perder aún más territorio y recursos naturales en manos de compañías transnacionales, es porque la clase política lo único que parece haber cambiado es el traje.

Según Chomsky, las políticas globales son muy similares a las internas de los EE.UU., y en realidad no son políticas de libre mercado. Hay mercados libres para los pobres y de protección estatal para quienes poseen el gran capital, porque ese gran capital nunca ha aceptado regirse por la disciplina del mercado.

Quieren protección, y mejor si logran que sus testaferros en la política los ayuden a establecer un mercado laboral desregulado para explotarlo mejor. Hoy, más que nunca, el poder ya no está en los gobiernos nacionales, sino en los dueños del gran capital, quienes conforman mafias nacionales y transnacionales que se han transformado en las organizaciones más totalitarias de la historia.

Al menor descuido de nuestros gobiernos y sociedades, ese poder supranacional dicta programas y políticas por encima de las decisiones de los Estados nacionales y de las poblaciones, y falsea conceptos como el de democracia y libertad. Amarro lo anterior de nuevo al tema migratorio.

A partir de la agenda de seguridad de EE.UU., se ha distorsionado el abordaje del fenómeno migratorio y se les ha puesto el rótulo de delincuentes a todos los migrantes indocumentados.

Guatemala ha reaccionado (por fin), al trazar las líneas de una política migratoria que les sale al paso a las medidas restrictivas que ya han sido y seguirán siendo tomadas desde el norte.

La única libertad que realmente tiene la mayoría de migrantes guatemaltecos es la de decidir si se mueren en su país o en el camino hacia EE.UU.

No podemos excusar nuestra falta de sensibilidad hacia el fenómeno migratorio, diciendo que ellos tomaron la decisión “libremente”. Se van por falta de horizontes. Apenas existen antes, durante y después de la migración para nuestros gobiernos, y es raro que aparezcan en las políticas públicas. Valen, eso sí, por las remesas que envían, ya que son éstas las que sostienen en buena parte al país.

EE.UU. puede decidir a quién recibir o no en su territorio, pero lo que no puede es, con el pretexto del terrorismo, criminalizar la migración sólo para sacarse de encima a aquellos que ya le sirvieron bien y ahora le están estorbando. Si la tendencia actual se mantiene en las deportaciones de guatemaltecos desde ese país, al final de este año tendremos 22 mil connacionales de regreso. Si usted le pregunta a la mayoría de ellos qué va hacer, le contestan: “Mañana pruebo regresar otra vez”.

Y no es precisamente porque los traten bien, es porque aquí los tratamos peor. Además, allá dejaron a sus familias y ganaban en dólares. Aquí, ¿a qué regresan, si ni siquiera hay suficientes plazas de empleo para los jóvenes que salen cada año al mercado de trabajo? Familia y trabajo son ejes fundamentales para el sentido de vida de todo ser humano. ¿Usted no probaría regresar también? Frente a un Estado incapaz de ofrecerle seguridad a su población, ésta será aún más vulnerable a los caprichos del poder.

Fuente: www.prensalibre.com - 271007


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