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Las mujeres del sur
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 20 de diciembre de 2007

El 11 de diciembre del 2005, en Chile, Michelle Bachelet pasaba a la segunda ronda de elecciones, como la potencial ganadora de la Presidencia de ese país. El 15 de enero del 2006, ella se constituyó en la primera mujer en alcanzar la más alta magistratura de su país, y la sexta en América Latina, con un 53.49% de votos a su favor.

Emocionada, y recordando constantemente la figura de su padre, quien había sido víctima de la dictadura de Pinochet, Bachelet se constituía en la primera mujer elegida democráticamente en América del Sur, hecho de trascendencia internacional.

Entonces, incluso sus opositores reconocieron su capacidad, inteligencia y liderazgo. Hoy, a pesar de la rebelión estudiantil de mayo del 2006, de la férrea oposición de la derecha, de los desencuentros con algunas expresiones de izquierda y del problema del transporte, que ha tenido fuertes consecuencias políticas para su gobierno, esta mujer de centro izquierda no piensa detenerse y no se deja presionar. Ha demostrado que sabe gobernar, y prueba de ello es que las últimas cifras de desempleo en Chile son las más bajas en los últimos 10 años.

El 28 de octubre del 2007, otra mujer llegó a la Presidencia de un país sudamericano: Cristina Kirchner, quien obtuvo en la primera ronda de elecciones en Argentina más del 45% de los votos válidos emitidos, superando al segundo lugar por 22.25 puntos.

A pesar de que ella capitalizó mucho del trabajo de su esposo, el ex presidente de esa nación, nadie duda que su pasado como legisladora fuese la plataforma idónea que le permitió llegar a la Presidencia y demostrar sobradamente su capacidad.

Sin titubear y sin leer, durante aproximadamente una hora, la presidenta Kirchner pronunció un discurso memorable, cuyo eje fue la justicia económica, social, histórica y política.

Habló del fortalecimiento de la institucionalidad del Estado para abordar la reconstrucción del país, pero señaló que no hay buen gobierno sin una buena sociedad, y esto pasa por considerar a todos los sectores sociales por igual. “Yo no he venido a ser Presidenta de la República para convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios; que se olviden. Tampoco he venido a ser Presidenta para convertirme en parte de alguna interna sindical o política. Tampoco, tampoco”, señaló.

Me gustó que Cristina Kirchner hablara en defensa de la educación pública, sus vacíos y desafíos. La educación es vista por ella como un eje fundamental de transformación, y reconoce que su esposo y ella son “hijos de la escuela pública y de la universidad pública y gratuita”.

No es casualidad, no somos hijos de personas con mucho dinero, somos hijos de trabajadores, y él es Presidente y yo soy Presidenta; somos eso, producto de la educación pública”.

Sin inmutarse, habló también sobre el Mercosur; se dirigió inteligentemente al presidente de Uruguay por el tema de la papelera que los ha confrontado, habló sobre la reconstrucción del multilateralismo, recordó a las Madres de la Plaza de Mayo y a sus próceres. En fin, su discurso marcó un buen inicio.

Mientras que en Guatemala casi no habrá mujeres en el gobierno de la UNE ni en los gobiernos locales; mientras que en Nicaragua las mujeres han retrocedido siglos gracias al gobierno de Daniel Ortega, que se ha tomado el asunto personalmente, en el sur las cosas son distintas.

Como se dice, nuestro norte está dibujándose cada vez más en el sur, y las mujeres tenemos un gran potencial de cambio. Estoy segura de que no hacemos milagros, que estamos lejos de ser perfectas, que tenemos otra manera de ver la vida, que somos tan humanas como nuestros compañeros hombres, y que tampoco cambiaremos rotundamente la historia de siglos en pocos años, pero no dudo que hay vientos de cambio en nuestra región, y -por ahora- éstos vienen del sur.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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