Buitres sobre la democracia
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 14 de junio de 2008
Nuestra democracia nació enferma, y —a falta de buenos cuidados— las aves de rapiña la han sobrevolado constantemente desde entonces. Atraídas por el olor nauseabundo y la inmovilidad del animal moribundo, cada vez vuelan más bajo y se acercan con la intención de ver quién de ellas dará el primer picotazo. Volando desde cierta altura, representantes de todos los sectores hegemónicos del país parecen sostener la intención de ver morir nuestra incipiente democracia en algún momento.
Por un lado, están aquellos buitres de la clase política que de nuevo han saltado al escenario como protagonistas del desmantelamiento del Estado; por otro, aparece la rapacidad de algunos representantes de la más conservadora clase empresarial que arrodillan a los sucesivos gobiernos, contraen cada vez más al Estado y lo cooptan para su servicio. De más está decir que sobre nuestra democracia también planean los militares que han sido vinculados al crimen organizado, a las estructuras de poder paralelo, a la depredación de nuestro territorio y a los actos de corrupción más desvergonzada. Todos, aves rapaces que no quieren que nuestra democracia se ponga de pie.
El turno le tocó esta vez (otra vez) al Organismo Legislativo. Sus más altos representantes están hundidos hasta “aquí” (vean la mano en el cuello). Si el manejo de la cosa pública funcionara bien, el presidente del Congreso y la Junta Directiva estarían renunciando desde ayer, tanto por acción como por omisión. Si el estado de Derecho existiera realmente en Guatemala, el MP estaría impulsando acciones de persecución penal en el sentido correcto, y la Contraloría de Cuentas no estuviera mendigando hasta ahora los detalles de oscuras transacciones. Pero tenemos la nación que tenemos. Y además, somos una sociedad habituada a las crisis, los despojos y los abusos de poder de los sectores hegemónicos. Por eso, cualquier temblor nos encuentra con los calzones abajo.
Quizás ya es hora de invertir la lógica que se ha venido manejado en nuestro país: no es la población la obligada a trabajar para el Gobierno, es el Gobierno el que debe situar a la ciudadanía en el centro de su gestión, como su clientela principal. Esto implica profesionalizar el servicio público y cuestionar la lógica que por años ha definido el deber ser del proceso administrativo público, provocando corrupción, clientelismo, improvisación, nepotismo, ineficiencia, tortuguismo y una burocracia excesiva. Todo lo anterior no solo representa un costo altísimo para la salud institucional del Estado, sino sobre todo para el desarrollo económico, político y social del país.
Ya es hora de modernizar la administración pública con el fin de favorecer nuevas prácticas gubernamentales que, a su vez, promuevan nuevas formas de cultura política y gobiernos más transparentes, confiables, responsables, eficaces, solidarios y comprometidos con los intereses y demandas ciudadanas. Solo así se podrá hablar de la administración pública, como instrumento al servicio de la democracia.
Los buitres dejarán de acechar a nuestra pequeña democracia enferma cuando le demos aire, buen cuidado y los remedios apropiados para que se levante; solo entonces, cuando la soberanía sea la de un pueblo dignamente representado por su gobierno, buscarán otro animal agonizante.
Fuente: www.prensalibre.com.gt - 120608 |