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Tutmondig
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 19 de junio de 2008

Recién me entero por Internet: los anti-globalizadores han encontrado en el esperanto, idioma creado por el polaco Zamenhof hace 121 años, su lenguaje emblemático. Y ahora que el G8, formado por los ocho países más ricos del mundo, está listo para reunirse el 7 y 8 de julio en una isla de Japón, se valen de dicho idioma para intercambiar mensajes por la red, ante su resistencia para usar el inglés. Tutmondig, en esperanto, significa globalización, y para evitar sustos mayores, incluso las fuerzas de seguridad y los servicios secretos de Japón están aprendiendo dicho idioma.

La reunión del G8 es el ejemplo perfecto de la paradoja de nuestro tiempo. Mientras 852 millones de personas viven en extrema pobreza en todo el mundo, se llevan a cabo actividades preparatorias para otra costosísima reunión del “petite comité" que se congregará en un hotel, donde serán cómodamente debatidos los temas del cambio climático y el alza a los precios del petróleo y de los alimentos. Los representantes de Japón, EE. UU., Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Rusia ya sacaron los colmillos. EE. UU. señaló en las reuniones preparatorias que la reducción de gases contaminantes para el 2020 “francamente no era posible”. Por su parte, el país anfitrión del G8, que había propuesto algunas reducciones en ese sentido, ahora duda de poder cumplir con su palabra. Canadá tampoco se pronunció a favor de un tratado contra el cambio climático.

Los ocho países han sentado ya las bases de una Sociedad Internacional para la Cooperación en la Eficiencia de la Energía e invitaron a China, India y Corea del Sur a unirse a su iniciativa. “Una preocupación real por los elevados precios del petróleo” fue el tema que convocó a los 11 países, responsables de aproximadamente un 65 por ciento de la demanda de energía y de las emisiones de dióxido de carbono del mundo entero. China e India serán responsables de casi la mitad de la demanda de energía entre 2005 y 2030.

Por la globalización tecnológica hay redes comunicantes, espacios alternativos de expresión, acercamiento entre culturas, y una mayor y más rápida difusión de la información y el conocimiento. Sin embargo, las grandes desventajas de la globalización económica son evidentes: el medio ambiente y el bienestar social de poblaciones enteras se subordinan a los imperativos de un sistema impuesto desde un modelo económico cuyo fin es la acumulación por parte de una minoría. Las grandes potencias, constituidas en una especie de gobierno mundial que resquebraja todo intento de democracia, están al servicio de las transnacionales y de los organismos financieros internacionales, no de los pueblos o de las personas. Muchas de las políticas generadoras de la crisis energética, climática y alimentaria que hoy enfrentamos, como el abuso de los combustibles fósiles, la deforestación masiva, la liberalización de los mercados en detrimento de los más pequeños, la expansión de los agrocombustibles, la contaminación ambiental de los países altamente industrializados, son males provocados por ellas. ¿Alguien se atreve aún a negar que hay responsables en esta crisis? ¿Qué propondrá el G8 para paliar el hambre mundial? ¿Será que EE. UU. por fin se decidirá a firmar el protocolo de Kyoto? ¿Qué políticas de ahorro energético veremos surgir? Y más allá, ¿será que veremos asomar en estas negociaciones siquiera un destello de conciencia y solidaridad humana? ¿Será posible que, en un instante de inspiración divina, los 8 le pongan fin a estas reuniones y le apuesten al futuro de la humanidad?

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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