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Esquizofrenia de patricios (II)
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 12 de septiembre de 2009
cescobarsarti@gmail.com

Hablaba, en el artículo del jueves anterior, de la manipulación de los mecanismos de la democracia, cuando así conviene a algunos grupos de patricios. Ahora que se discute la iniciativa de reformar la Constitución, lanzada por Pro Reforma, es importante mencionar y recordar algunas razones por las cuales no la apoyo. La primera, parto de insistir en que la reforma que proponen no es “parcial” como ellos dicen; claro que formalmente solo proponen cambiar algunos artículos del texto constitucional, pero de fondo hay cambios radicales que afectarían sine die toda la intención de levantar en Guatemala un Estado democrático.

Nuestros patricios guatemaltecos proponen entre las reformas una que pretende establecer el sistema bicameral en el Legislativo: un Senado y una Cámara de Diputados. Esto no sería nada extraño en una estructura de ejercicio político, si no fuera porque precisamente dicho Senado tendría una naturaleza omnisciente y omnipresente en el quehacer de un Estado disminuido a su mínima expresión. Una de sus funciones sería la de aprobar leyes de rango constitucional —Códigos, como los llaman ellos—, trascendentales para la definición normativa del país, como por ejemplo la Ley Electoral y de Partidos Políticos.

Esto último no nos sería del todo extraño, si no fuera porque ese Senado de patricios compuesto por 45 senadores, entre los 50 y los 65 años, podrían desempeñarse en el cargo hasta por un lapso de 15 años y ejercer un papel similar al de los dioses del Olimpo. Que su ejercicio político dure mucho tiempo no es el problema, porque varios diputados y senadores de nuestro país y del mundo —el recién fallecido Ted Kennedy, entre ellos— han hecho de la política una carrera de largo aliento. Lo preocupante es que, en esta propuesta, se autoreceten la potestad de poner y quitar presidentes a voluntad en los otros organismos del Estado, así como de mover a representantes de las instituciones que ellos juzguen conveniente.

Este poder desmedido es una de las partes esquizofrénicas del asunto. Ninguna democracia se puede fundar en una estructura tan cerrada donde la elección de los senadores dependa, además, de un porcentaje bajísimo de la población. Es lo que Alan Touraine llama la identificación con un “pensamiento único” que sirve de inspiración a una hegemonía de facto de la ortodoxia liberal, que desconoce la existencia de actores sociales autónomos capaces de influir en la toma de decisiones políticas.

Otra medida propuesta en la “reforma” que parte de esa visión esquizoide es que el papel del Estado sería nulo o subsidiario —¿cómo se han subsidiado el café, el transporte y otros productos?— en el tema de los servicios sociales hacia la población como educación y salud, por ejemplo. Sin percatarse realmente de los niveles de pobreza y exclusión que hay en este país, deudor de infinidad de injusticias en la distribución de los recursos y las oportunidades, ellos proponen dejar los temas vertebrales en manos privadas. Como si no supiéramos lo que pasa cuando el rubro social es considerado mercancía sujeta al vaivén de la oferta y la demanda. Para ello proponen una medida a su medida: que la carga impositiva sea moderada.

La utopía sigue siendo la libertad, desde cualquier espejo ideológico, pero la libertad de todos los hombres y mujeres de un país, no la de unos pocos. Los mecanismos de la democracia han de servir para transitar realmente hacia la democracia y no hacia un Estado uniformado desde un pensamiento único, cuyo fin nada más que cada uno se ocupe de su propio negocito. La iniciativa de Pro Reforma tiene algunas intenciones interesantes como reducir el número de diputados y evitar la corrupción mediante procedimientos más transparentes, pero estoy segura que esas cosas se pueden hacer sin servirle el país en bandeja de plata a un grupo de patricios que nunca o muy pocas veces habrán tomado contacto con la realidad de una familia guatemalteca paupérrima metida en la aldea más lejana de Huehuetenango.

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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