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Cuando la justicia es poesía
Por Carolina Escobar Sarti - Guatemala, 31 de enero de 2013
cescobarsarti@gmail.com

El martes de esta semana, las primeras jacarandas de la ciudad se vistieron de un lila más intenso. La noticia de la apertura de un juicio por genocidio contra Efraín Ríos Montt estaba en las primeras planas de todos los periódicos de Guatemala. Pero más allá, los ojos del mundo entero se habían puesto sobre un país que normalmente sólo logra atrapar miradas propias y ajenas a causa de terremotos, huracanes, hambre o sangre. Esta vez, los indicios de una justicia posible fueron el poema.

La población guatemalteca necesita creer en la justicia, aprender a confiar en ella, o como se dice en lenguaje legalista, precisa tener certeza jurídica. Necesitamos, ya no sólo romper el silencio, sino la impunidad que ha anidado en Guatemala. El juez Miguel Ángel Gálvez tomó una decisión valiente y ejemplar en un país donde se mata por mucho menos. Pero no está solo; detrás hay un trabajo sostenido de organizaciones de mujeres, indígenas, de derechos humanos, campesinas, feministas y otras que ha sido valorado y acompañado por funcionarios probos del Organismo Judicial y el Ministerio Público.

No se vale usar el argumento, de parte de la defensa de Ríos Montt, de que él no sabía todo lo que pasaba durante su gobierno de facto. Claro que lo sabía: ningún comandante general del Ejército, cargo que ostentan todos los presidentes militares o civiles que llegan al poder Ejecutivo en Guatemala, está al margen de las acciones de sus subalternos. E incluso si así fuera, esa sola irresponsabilidad merecería ser tamizada por la justicia en el caso de genocidio y crímenes de lesa humanidad como los que fueron cometidos en Guatemala. Pero sabemos que la estrategia de tierra arrasada no fue de generación espontánea y que el derecho en la guerra (ius in bellum) define una serie de normas de usos internacionales en contextos bélicos. Nadie puede hoy, bajo esa sombrilla, alegar desconocimiento o inocencia.

Por otra parte, si bien es cierto que la guerra duró 36 años, es durante el año y medio que Ríos Montt estuvo en el poder luego de un golpe de Estado, que se cometieron la mayoría de las más de 600 masacres vividas en este país, entonces mayoritariamente indígena. Que haya justicia para quienes hayan cometido crímenes de guerra, claro, pero hay que comenzar por donde estamos obligados a hacerlo.

Eugenio Zaffaroni define el Derecho Penal como la “rama del saber jurídico que, mediante la interpretación de las leyes penales, propone a los jueces un sistema orientador de decisiones que contiene y reduce el poder punitivo, para impulsar el progreso del Estado constitucional de Derecho”. Es decir que la razón del Derecho Penal es definir los límites y el sistema de reglas claras sobre las cuales se ejercerá el poder de punición de un Estado que ha sido engañado por quienes lo han tenido en sus manos. Trece años han pasado desde que se comenzó a pedir justicia en este caso, pero las puertas hoy se abren y la voz de aquel poeta canta: “Ya me cansé de llevar tus lágrimas conmigo/ Ahora quiero caminar contigo, relampagueante.”

Fuente: www.prensalibre.com.gt


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