Revista electrónica de discusión y propuesta social 
Revista · Documentos · Archivo · Blog   Año 1 - 2004

::::albedrío::::

Revista
Editorial
Artículos
Entrevistas
Noticias

linea

Redacción

linea

Enlaces

linea

SiteMap
Contacto


Otros documentos de consulta

De orden internacional
De carácter oficial
Comunicados

 

 

 

Entre la persecución y la farsa
Por Carlos E. Wer - Guatemala, 29 de enero de 2005

Recientemente se publicó en Guatemala la noticia de que debido a "errores" cometidos en el cálculo del PIB, éste había sido intencionalmente sobrestimado y que, por consiguiente "el país era 19% más pobre" (ya que las cifras mostraban entre 16% y 23.8%) con las implicaciones que ello representa. La intención del gobierno del presidente Berger de remover al Presidente del Banguat Lizardo Sosa, hace que "milagrosamente" aparezca el estudio engavetado por la Junta Monetaria desde 1990. Ello, y los problemas que el país ha dado en lo que se refiere al TLCAN, hace que las presiones y la amenaza de que "el riesgo país" sea mayor explique de donde vienen ellas y las razones por las cuales las aplican.

Sin embargo, el director de Estadísticas Económicas del BANGUAT, Guido Rodas explicó: "La Junta Monetaria conoció este estudio en dos sesiones a principios de los 90, pero lo ocultó porque afectaba la imagen del país y al CACIF no le gustaban la cifras del factor de explotación de salarios que arrojaba, porque eran mucho mayores que en E.E.U.U., Europa o Japón".

El mismo técnico explica que dicho estudio fue avalado por los expertos del Banco Mundial, Utz Peter Reich y Hernán Frigollet . La siguiente denuncia desnuda la verdad detrás de las acciones del Banco Mundial.

Desde 1983, el equipo económico de Excecutive Intelligence Review, denunciaba la fraudulenta presentación de las estadísticas que reflejaban los movimientos económicos del país, especialmente aquellos que se referían a la inflación. En este artículo de Richard Freeman en el año 2,000 se retoma la denuncia, misma que vuelve a repetirse en el 2,004. Veinte años de continuadas mentiras en lo que se refiere a dichas estadísticas. Transcribo ambos artículos para que los economistas, los técnicos y los expertos puedan conocer de las "movidas" que promueven quienes manejan, o manipulan la política económica del país, en detrimento de la mayoría de su población.

MIENTEN SOBRE LA INFLACIÓN PARA DESVALIJAR AL PUEBLO

"Las mentiras del gobierno de los Estados Unidos sobre el estado real de la hiperinflación que asfixia al país y al mundo sirven de pretexto para saquear a la población a un ritmo de entre 150.000 y 330.000 millones de dólares al año.

Más de 100 millones de estadounidenses están resguardados contra los efectos dañinos de la inflación con ajustes por aumento del costo de la vida estipulados en sus contratos de trabajo laborales, pensiones, indemnizaciones de desempleo, etc. Cuando hay inflación, dichos ajustes deben aumentar los salarios, pensiones, etc., en un monto que la compense. Pero el gobierno de los Estados Unidos ha falseado la tasa de inflación para que parezca ser menor de lo que es, de modo tal que se han eliminado unos dos tercios de los aumentos de salarios y prestaciones correspondientes al ajuste por aumento del costo de vida. Es algo deliberado, una estafa que priva a la población de los ingresos que deberían compensar la inflación. Esto acelera la desintegración de las condiciones de vida de la población y amenaza su capacidad de sobreviviencia.

A la población de los Estados Unidos se la está sometiendo a una hiperinflación al estilo Weimar, y se le niegan los recursos más básicos para defenderse de la misma. El gobierno asegura que el índice de precios al consumidor (IPC), la medida oficial de la inflación compilada por la Oficina de Estadísticas Laborales (OEL) del Departamento del Trabajo, aumentó 3,4 por ciento en el año que culminó en agosto de 2000. Sin embargo, el curso real de los acontecimientos prueba que esta cifra es un fraude, ya que los titulares de prensa a diario anuncian que los precios del petróleo, la electricidad y otros bienes han aumentado enormemente.

Consideremos solamente algunos de los aumentos de precios de bienes de consumo o de bienes de producción que intervienen en la hechura de bienes de consumo y hacen que aumenten sus precios. En los últimos 12 meses, en nueve condados de California, el precio promedio de una casa aumentó entre 15 y 39%; el costo de insumos industriales como el benceno, el cloro, el ácido sulfúrico y el cloruro de polivinilo se dispararon 81%,55%, 37% y 118%, respectivamente. El precio que pagan las compañías que prestan servicios públicos en California, por materiales y repuestos, aumentó 480 por ciento; el recibo de electricidad o agua en un hogar de San Diego es ahora el doble. Estos aumentos no reflejan una tasa de inflación de 3,4 por ciento, sino una de entre 8 y 15%. Diez por ciento pareciera ser la tasa básica. Consideremos, entonces, la diferencia enorme entre 10 por ciento y el índice oficial de precios al consumidor que da la OEL, de 3,4 por ciento. Esa tasa de 3,4 por ciento excluye dos tercios de la inflación real. El ajuste por aumento del coste de vida, basado en la presunta inflación del 3,4 por ciento, no corresponde a la tasa de inflación real, y constituye, pues, una genuina estafa.

La OEL utiliza trucos fraudulentos para desinflar los precios. Uno de ellos es el llamado factor de ajuste por calidad (FAC), que Lyndon LaRouche y EIR pusieron en evidencia en 1984. Por ejemplo, usando el FAC, la OEL le atribuye al "mejoramiento de la calidad" la mitad o dos tercios del aumento de 500 dólares al año del precio de un automóvil; consecuentemente, no cuenta la mitad o los dos tercios del aumento del precio, porque supuestamente el producto es de "mejor calidad". Muchas veces, el supuesto mejoramiento no mejora nada, y a veces hasta es un empeoramiento de la calidad. La OEL usa el FAC para cientos de productos diferentes, con lo que disminuye la tasa de inflación para cada producto.

En enero de 1999, la OEL instituyó cambios para adulterar aún más el CPI. Uno de los cambios es el de "substitución por parte del consumidor". Se asume que, si los precios aumentan, el consumidor tratará de mantener un nivel constante de gas tos en ciertos renglones de productos. Así, si aumenta el precio de uno, el consumidor lo substituirá con otro más barato. Puede que esto no sea lo que pasa en la realidad. Sin embargo. La OEL ya tiene programado que el consumidor no va a pagar más por ciertos renglones de bienes. Un vocero de la OEL le dijo a EIR el 11 de septiembre, que ésta sola conjetura le quita permanentemente 0,2 por ciento anual al CPI. Con docenas de cambios como éste, y con el uso del FAC, la OEL reduce la inflación a un porcentaje ridículamente pequeño.

Las mentiras acerca de la inflación nacen de una consideración estratégica: se usan para mantener el engaño de que los Estados Unidos están en su 115vo. mes de expansión económica. Para eso, los Estados Unidos deben registrar un aumento de su Producto Interno Bruto (PIB) de hecho, de su PIB real. El PIB real se calcula restándole al PIB en dólares actuales el nivel de inflación. Supongamos que el crecimiento del PIB de los Estados Unidos fuera, en dólares actuales, de 6 por ciento. Como la inflación oficial es de 3,4 por ciento, entonces el crecimiento del PIB real sería de 2,6 por ciento. (En los cálculos del PIB, se utiliza un deflatorio de los precios del PIB en lugar del CPI, pero son muy parecidos).

Ahora, en vez de usar el falso 3,4 por ciento, usemos la tasa real de inflación del 10 por ciento. En ese caso, los Estados Unidos tendrían una tasa de crecimiento del PIB de 4 por ciento negativo (6 por ciento menos 10 por ciento). Esta es una situación bastante diferente. Esto llevaría a un retiro de las inversiones extranjeras en los Estados Unidos, y, dado el hecho de que los Estados Unidos tienen un déficit crediticio actual anualizado de 420.000 millones de dólares en el año 2000, ese retiro por parte de inversionistas extranjeros causa ría una crisis monetaria agudísima, que podría hacer estallar el sistema financiero.

LA SIMULACIÓN CON COMPUTADORAS: EL ARTE DEL AUTOENGAÑO
'Las huellas no hacen gente'

Entre los informes recientes que llegaron a los escritorios de la sección de economía de EIR aparecieron dos cuestiones técnicas entrelazadas, de significación especial. Uno de esos informes fue la tardía confesión oficial de que el gobierno estadounidense ha seguido con lo que es ya un método de hace décadas para falsificar las cifras oficiales de la inflación, el llamado "factor de ajuste por calidad".' El segundo fue sobre una carta de hace diez años, que ahora sale a relucir, en la que ciertos ejecutivos de la Ford describen cómo es que, atenidos a la tradición del "análisis de sistemas" proveniente del reinado que allá en los cincuentas ejerciera en dicha empresa el especialista en contabilidad Robert S. McNamara, habían organizado el encubrimiento -que continúa actualmente, aunque ya desmoronado- de una falla de diseño deliberada y mortal en uno de los vehículos deportivos de mayor venta de la Ford.

El 26 de septiembre, la Oficina de Estadísticas del Trabajo de los Estados Unidos le informó a los órganos de difusión que se dispone a corregir el índice de precios al consumidor para los doce meses que concluyeron en agosto, porque, debido a un "defecto' relativo al "margen por mejoras de calidad", era demasiado bajo.

En su edición del 4 de octubre de 1983, EIR denunció por primera vez la práctica del Consejo de la Reserva Federal de esconder la inflación utilizando el llamado factor de ajuste por calidad. Un artículo de Richard Freeman señalaba que la Reserva Federal, coludida con la OET, venía inventando esos factores fraudulentos para exagerar la magnitud de la producción, en tanto que la OET rebajaba la inflación desde 1967. LaRouche denunció la farsa del factor de ajuste por calidad en un programa de televisión de media hora difundido por la telecadena ABC. El 4 de febrero de 1984. LaRouche declaró en esa ocasión que él y EIR habían determinado que la tasa de inflación en 1983 había sido falseada hasta por un factor de tres y se debería haber dado una cifra tres veces mayor de lo que se hizo.

Ambos casos han de considerarse emblemáticos del modo en que, merced a las normas actuales de la práctica de la contabilidad financiera, ha reinado una combinación de fraude deliberado e incompetencia elemental. Subrayo las normas adoptadas no sólo por las casas financieras y bufetes de abogados de Wall Street, sino también por dependencias oficiales afines del gobierno estadounidense. Juntos, los dos ejemplos -el factor de ajuste por calidad y el que la Ford recurriera a sustituir la ingeniería con la llamada "simulación" con computadoras, como en el caso del vehículo mencionado- nos dicen mucho, si bien no todo, de las causas administrativas de la desintegración que azota actualmente al sistema financiero global dominado por los angloamericanos.

El asunto subyacente que se expresa en las dos prácticas mencionadas y otras afines es el desastre latente doquiera que el consentimiento tácito de la opinión popular haga de las normas de la práctica de contabilidad generalmente aceptadas en nuestros días la autoridad principal para evaluar la competencia de la administración de los asuntos de la economía real, sea en las empresas o en el gobierno.

Lo que realmente amenaza a la economía estadounidense no es ni el factor de ajuste por calidad ni la simulación con computadoras ni otras prácticas corrientes semejantes como tales. El peligro proviene de la opinión popular que ha tolerado esa tendencia de los últimos treinta años en la planeación estadounidense como resultado de la cual se han tolerado locuras en los métodos de contabilidad generalmente aceptados, locuras de las que las dos aberraciones citadas son meros ejemplos.

Las cifras de la contabilidad son, cuando mucho, meras estadísticas, huellas de una realidad que pasa. Las huellas no hacen gente, o economías. Si no ocurre el necesario desarrollo y mantenimiento de la infraestructura económica básica, principalmente por acción del gobierno, los mejores esfuerzos de los empresarios privados no pueden salvar a la economía nacional.

Cuando la banda de banqueros comerciales que dominan nuestros principales bancos así como las empresas corporativas manufactureras y afines, impusieron esas medidas, de arriba abajo, el resultado fue la caída de la productividad económica nacional. Para compensar las ineficiencias y el saqueo que perpetraron los intereses financieros dominantes, las familias del 80 % de menores ingresos fueron obligadas a asumir la carga del resultado, en formas tales como la reducción del ingreso real por su trabajo, y la reducción de la infraestructura económica básica que se le aportaba a las familias y comunidades de la nación. La caída de la productividad no la causaron los operarios o sus familias; la caída fue inducida, casi por completo, por los intereses financieros y socios que gobiernan la economía de arriba abajo.

Fuente: Diario La Hora - www.lahora.com.gt


Copyright © El credito de las contribuciones es única y exclusivamente de los autores. El contenido de las contribuciones no representan necesariamente la opinión de la revista; los autores son responsables directos del mismo.