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El que siembra vientos cosecha tempestades
Por Carlos E. Wer - Guatemala, 22 de diciembre de 2005

Nuestra Guatemala sigue siendo presa de los poderes, que nacidos de la independencia y posteriormente de la Revolución del 71, señalaron los mapas económicos que privan desde entonces. Lo único que ha cambiado es el nombre de los hombres que cada seis o cuatro años se acomodan en la poltrona presidencial. Solamente durante el período de la “primavera democrática”, hubo intento verdadero de iniciar un proceso que rompiera con los lazos de un pasado que mantiene a la mayoría de la población en estados lamentables.

Los años han ido pasando y las ambiciones de poder y riquezas, en lugar de haber disminuido, se han exacerbado. Y el progreso, el desarrollo y la justicia social, que en boca de políticos marrulleros y ladrones ha proliferado en sus promesas electorales, después de más de cincuenta y un años de la intervención estadounidense, no solamente no ha aparecido, sino los índices de desarrollo humano (según el PNUD, no datos de “izquierdistas o comunistas”) demuestran que las condiciones en que vive la mayor parte de nuestro pueblo, son cada vez más deplorables.

Al ya casi terminar el año 2005, y a dos desventurados años de que la GANA, con la que estamos perdiendo todos, asumiera el poder, las ambiciones por sucederle se han desatado y una muy prematura campaña electoral se inicia, sin que la población pueda avizorar en el horizonte la figura de un líder que les permita mantener la esperanza de que “esto va a cambiar”.

La demagogia de personajes que entre otras cosas ofrecen “una tacita de chocolate” a los cientos de miles de desamparados en la ciudad, solamente sirven para apuntalar la figura política de quién, durante su período como presidente se encargó de saquear el país, de permitirlo a sus allegados y familiares y de empujar a millones de trabajadores a perder los beneficios sociales que habían conquistado con la Revolución de Octubre del 44.

Afortunadamente no todo es eterno en esta vida y hoy, mañana o pasado mañana, este pueblo sometido y acobardado levantará su voz. Y su voz será como el trueno. Y echará a todos aquellos delincuentes que se enquistan en las esferas del poder. Y exigirá cuentas a quienes desde el gobierno, desde el Congreso o desde cualquier otra trinchera ha sido responsable de su miseria.

“El que siembra vientos cosecha tempestades” reza el texto bíblico y las tempestades vienen hoy, no como los vientos del Norte que hacen daño, sino como las tempestades nacidas del pensamiento, que aparentemente olvidado, generaran las luchas de los hijos de nuestra Patria Grande por encontrar su propio futuro. La espada de Bolívar el Libertador, con una preclara visión del poder, la fuerza y la capacidad de la América Latina para convertirse en una nación floreciente y próspera. Martí con su lucha antiimperialista y la pléyade de patriotas, San Martín, O ´Higgins, Sucre, y otros más, que demostraron que el poder y la fuerza cuando no está acompañado de la justicia, encontrará tarde o temprano, aquella que restaure la posición.

Desde el punto inicial de la nueva Venezuela, sustentada en el pensamiento de quién un día jurara en el Monte Sacro liberar a su Patria del yugo del imperio español, se revive la lucha antiimperialista y con su fuerza impulsa a sus hermanos en Argentina, en Uruguay, en Brasil y hoy en Bolivia con quienes permiten visualizar una poderosa alianza que se oponga a la de dominio continental globalizadora de los asesinos que gobiernan la patria de Lincoln.

La presencia hoy de Evo Morales el aymará boliviano, garantiza con su lenguaje simple, sencillo y llano que la población originaria se pondrá de pié y que, tomados de la mano de quienes habiendo nacido en la misma tierra, comprenden la imperiosa necesidad de construir esa Patria Grande, con el recurso de todos sus hijos. Esa fuerza reivindicadora levanta la voz contra el abuso, la explotación y la injusticia. Esa voz reclama para sus hijos el goce de los beneficios de sus recursos naturales. Reclama que las inversiones tengan la moralidad del socio, no el abuso del dueño.

Esa voz que se está extendiendo por toda la América del Sur reclama para sus pueblos el derecho a construir su propio futuro. Rechaza el servilismo con el que las clases privilegiadas han vendido nuestro territorio y sus riquezas, por una pingüe ganancia. Bolivia, quién ya recibe el 18% de los beneficios de la explotación de sus riquezas exige ecuanimidad. Nosotros los nacionalistas guatemaltecos, vemos con amargura el 1% que impuso el hombre de la “tacita de chocolate”. Esa voz, magnificará la promesa que hacen los líderes de esa nueva alianza.

Esa voz repetirá la declaración de Evo Morales por todo el continente, incluyendo a los Estados Unidos de América: "voy a gobernar obedeciendo al pueblo de Bolivia".

Hoy, nuestro pueblo tiene el reto. ¿Seremos capaces de sacudirnos de la pesada carga de tanto ladrón enquistado en las entrañas de los organismos del estado? ¿Seremos capaces de diseñar un proyecto que sepa contrarrestar las campañas sucias y el ataque de los partidos tradicionales y sus instrumentos en los medios de comunicación? ¿Seremos capaces de levantar, como un estandarte los pilares en los que sustentara su campaña el indio aymará Evo Morales: Honestidad, dignidad y sobre todo la verdad?

¿Seremos capaces de romper con el tradicional sometimiento con el que nuestros “líderes” han condescendido con el imperio, vendiendo y entregando lo que no les pertenece?... ¡Yo creo y espero que sí! Yo creo que ese viento renovador venido del sur, despertara la conciencia de nuestro pueblo, levantándolo para exigir justicia, para exigir el respeto a su dignidad, a su derecho inalienable de procurarse su propio futuro.

Fuente: www.lahora.com.gt


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