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Por Carlos E. Wer G. - Guatemala, 20 de junio de abril de 2007

La inmensa soledad del océano fue consumiéndose. Y aquello que pareciera infinito, al reducirse, encontró foco en un pequeño punto que, al revés, fue aumentando gradualmente de tamaño. Para el recién llegado que observaba desde el puente, el lugar representaba una nueva etapa a vivir, en las largas jornadas de lucha de quién por primera vez visitaba este país centroamericano.

Como de costumbre, su libreta era constantemente utilizada. Esa costumbre de anotar sus experiencias en ella, se había convertido en obras entre las que destacaba cada impresión que recibía en sus viajes. Su arribo se producía en el entorno de su deambular libertario. Nacido para la grandeza, absorbía de ella cada grano de relación humana absorbida en su camino. Su llegada a Livingston, lo ponía en contacto con la comunidad garifota, ese jirón de la presencia de los rasgos de la cultura negra en nuestra América, misma que era mayoritaria en su natal Cuba. La exuberante vegetación tropical y el colorido que veía en su camino, era rápidamente trasladado a su libreta.

Observador natural, ponía especial atención en los rasgos culturales y humanos de los grupos sociales con los que en su viaje hacia la capital, tenía oportunidad de relacionarse. Así no solamente pasa por el actual Puerto Barrios, sino por Zacapa, San Agustín Acasaguastlán y otros poblados guatemaltecos. A pesar de su extremada juventud, pues apenas contaba con 23 años, su carácter jovial permitía que fácilmente sus interlocutores, entre las muchas relaciones que su inquietud y curiosidad de investigador, confiaran en él. Interesado especialmente en los grupos humanos y su relación con los movimientos que en la América Latina se sucedían, esas relaciones, que luego quedan plasmados en sus recuerdos y escritos permitían a su acuciosidad, interpretar la idiosincrasia de los pobladores. Las relaciones laborales entre trabajadores y empleadores, los extensos campos en los que los grupos campesinos trabajaban y eran explotados. La manifiesta explotación de la población campesina; la pobreza que reflejaba la falta interés de quienes utilizaban su mano de obra, en permitir que esas relaciones fuesen justas.

El entorno natural fue motivo de su interés, dejándolo también reflejado en sus escritos de lo observado en el camino. De la exhuberancia tropical en el primer tramo de su viaje, al relativamente seco y desértico de su ingreso a El Progreso. Por donde pasaba dejaba impresa la huella de su pensamiento que madurado, significaría una de las voces más poderosas en contra de todas las manifestaciones de colonialismo y de imperialismo en el mundo y muy especialmente en nuestra América. La estela de fuerza, de convicción, de lucha que se va conformando con el conocimiento que este Apóstol de América, recibe y percibe de los pueblos que visita, como en este caso nuestra Guatemala hace 130 años, va conformando la estructura de un pensamiento que sigue teniendo una marcada vigencia en la problemática política y social de nuestra Patria Grande. Que sigue siendo junto a otros próceres como El Libertador Simón Bolívar, quien ha inspirado la renovación de la lucha antiimperialista latinoamericana, la antorcha de una nueva sociedad, en la que el ser humano vuelve a ser el centro y la razón del desarrollo.

Y hoy, cuando apenas termina la V Conferencia Científica "José Martí y los desafíos del Siglo XXI para Centro América y el Caribe" coordinada por la incansable Nancy Albear, saludamos la memoria de quién ha 130 años, llegará a costas guatemaltecas.

Fuente: www.lahora.com.gt


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