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Momo
Por Carlos E. Wer G. - Guatemala, 8 de septiembre de 2007

El día "D" está a la vuelta de la esquina. Todo está listo. Preparado. CACIF, el club que reúne a los patrones, invita a los guatemaltecos a que participen en la fiesta. Fiesta en la que quien saldrá ganando será Guatemala, dicen. Ellos se llaman Guatemala. Ellos son Guatemala. Los millones restantes de habitantes de este país se llaman comparsas. No cuentan, solamente participan como el coro que acompaña a los actores principales, los "monos", quienes utilizando gestos y vestimenta que pretende parecerse a los de los "patrones", serán los encargados de darle la apropiada seriedad y solemnidad a la celebración. Ellos, a nombre de los patrones, darán la señal para que el festejo inicie. Y ellos también, en una aparente decisión sin injerencias, deberán elegir, con la aquiescencia de los patrones, al rey de la fiesta.

Los monos, en un desesperado intento por hacerse visibles y merecer la aprobación de quienes han ido manipulando todos los medios posibles para "engalanar la fiesta cívica", dan la señal convenida para que aquellos, quienes visten de distintos y llamativos colores en sus vestimentas, puedan iniciar su actuación. Para regocijo de las comparsas, quienes normalmente no tienen oportunidad de participar en celebraciones que les hagan olvidar sus miserias, esta gigantesca fiesta les permite ser espectadores, y actores, dicen los monos, de ella.

Los saltimbanquis, malabaristas, comediantes, equilibristas, todos pretendientes a obtener el honor de ser escogidos, bailan y saltan desenfrenadamente para hacer más atractiva, real y creíble la fiesta, tratando de atraer sobre sí la atención de quienes desde hace más de quinientos años se han apoderado de todas aquellas manifestaciones, que llamadas "populares", puedan mantenerles en su privilegiada posición. Ellos quieren que la "chusma", pueda tener la oportunidad de darle rienda suelta a sus sentimientos y frustraciones y puedan participar activamente en esta gran fiesta que se repite solamente cada cuatro años.

Los patrones, no escatiman ni esfuerzo ni dinero para lograr que la fiesta sea espléndida. Al fin y al cabo la "inversión" que hagan, será "deducida" del salario de la chusma. Y los dineros que no ha sido posible obtener para proveer de salud, de educación y otras exageradas peticiones de la chusma, serán dilapidados en la fiesta.

El poder ver "en vivo y a todo color" a los actores, excita a una población que sabe que después de este jolgorio, tendrá que retornar a su desesperada lucha por sobrevivir. Como el condenado a pena de muerte que escoge su "última opípara cena", la chusma trata de participar en la mayor parte de las actuaciones y gozan siguiendo a quien malabarista, demuestra sus enormes y sorprendentes habilidades. El travesti les sorprende cada vez que aparece ataviado con un nuevo y diferente disfraz. Cada quien se esmera al "máximo". Desea atraer la atención de los "señores", quienes conservando el tinte que les ha permitido transformar el color de su sangre, se reúnen en un palco privado desde el cual pueden a sus anchas observar, desde su privilegiada posición, a quienes esforzados tratan de satisfacerles. En su desesperado intento de lograrlo, todos aceptan que se sujetarán a la decisión de los monos. Los cacifes gozan. Una vez más será la suya la que prevalezca. Ellos, al final de cuentas, escogerán al que mejor les sirva.

Los monos, con pretensión de autoridad, cumpliendo con los deseos del patrón, declararán a quienes han escogido como finalistas. A estos les será dada la oportunidad de demostrar su capacidad de entrega.

Fuente: www.lahora.com.gt - 070907


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