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Contracorriente
¿No votar o votar nulo en la segunda vuelta?
Por Carlos Figueroa Ibarra - Puebla, México, 24 de septiembre de 2007

Agradezco a los compañeros y compañeras de la Campaña Alternativa del Pueblo el que me hayan enviado por correo electrónico su pronunciamiento ante la segunda ronda electoral a celebrarse en Guatemala en noviembre próximo. Puedo advertir que su posición es la misma que el grupo de revolucionarios que se ha esforzado en el empeño de volver a hacer vivir al Partido Guatemalteco del Trabajo. Ambas expresiones, ignoro si tienen relación entre sí, han expresado que en el proceso electoral recién pasado no existió ninguna candidatura que encarnara los ideales de la izquierda ni tampoco los intereses populares. Esta situación desde su perspectiva, se acentúa en la segunda ronda, cuando las candidaturas a enfrentarse serán las de Álvaro Colom y Otto Pérez Molina. Ambas candidaturas, nos dicen los promotores del voto nulo o la abstención, son expresiones de la derecha, financiados por los intereses más oscuros y obsecuentes ante los intereses del gran capital nacional, transnacional y la embajada de los estados Unidos de América en Guatemala.

La postura de los promotores de la abstención o el voto nulo afirman que casi el 10% de los votos fueron nulos en la primera vuelta. El abstencionismo llegó al 40% de los empadronados. En efecto, ambas cifras son el reflejo de una gran cantidad de gente a la cual las elecciones le son indiferentes o ya les han provocado hartazgo. Las elecciones se han convertido ciertamente en un carnaval donde importa más el estribillo de una canción pegajosa, la imagen en la televisión y la cantidad de dinero que se tiene para participar en el juego electoral. Por esta última razón, las elecciones son una competencia inequitativa donde los grandes ganadores son los dueños de las televisoras y en general medios electrónicos e impresos. Aprisionados por estos muros y por el temor a parecer radicales, las distintas expresiones de la izquierda, o que se reivindican como tales, tienen un estrecho margen de acción o bien buscan aparecer como una izquierda ligera que busca no atemorizar a las clases medias o a un electorado conservador. El resultado de ésta última estrategia, es que se quedan en tierra de nadie. La derecha o las clases medias no los vota porque son racistas o porque simplemente no se equivocan. La derecha nunca se equivoca de enemigo, sabe bien donde están sus intereses y quienes son los que pudieran atentar contra los mismos.

Por esto último les pregunto a los que promovieron y siguen promoviendo el voto nulo y la abstención lo siguiente: independientemente de que Rigoberta también labró su debacle ¿resulta beneficioso para la izquierda su derrota tan estrepitosa? A quien prefieren ustedes ver en el congreso, ¿a diputados vinculados al narcotráfico o a los poderes ocultos o a una mujer de una trayectoria como la de Nineth Montenegro?, en cuanto a las alcaldías, ¿es preferible alguien que puede estar preso o presa de los más siniestros intereses o alguien que por su trayectoria ideológica o por la decencia de su condición humana puede hacernos albergar alguna esperanza?. Finalmente en relación a la presidencia de la república y con motivo de la segunda vuelta electoral, ¿les es indiferente que ocupe la silla presidencial alguien que ha agitado una bandera reaccionaria y represiva como la mano dura?, ¿Es preferible ver en la silla presidencial a un ex militar vinculado a la guerra sucia de la contrainsurgencia, ligado a los poderes ocultos? No estoy dispuesto a meter las manos al fuego por un hombre como Álvaro Colom, ni albergo ninguna esperanza en lo que pudieran ser las bondades de su eventual gobierno.

Pero espero que en la izquierda no nos equivoquemos pensando que Colom y Pérez Molina son lo mismo. Esta ceguera política llevó al subcomandante Marcos del EZLN en México a hacer de Andrés Manuel López Obrador su principal enemigo y a pregonar que era lo mismo que el candidato de la derecha Felipe Calderón. Ciertamente en México, esta ceguera política fue mayor, finalmente López Obrador no es Álvaro Colom. Pero independientemente de esta última comparación, no es lo mismo un candidato que no ha hecho de las soluciones punitivas su bandera punitiva, de alguien que si lo ha hecho. ¿Vamos a ser indiferentes ante la posibilidad de que llegue a la presidencia alguien de quien su trayectoria nos permite pensar que tratará de cumplir sus promesas represivas?

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